LA TERCERA ESPAÑA

La constitución nació el 9 de diciembre de 1931 y murió el 18 de julio de 1936. En estos cuatro años y medio, vivió España 3 fases distintas de vida pública: a la izquierda -9 de diciembre de 31 a 3 de diciembre de 33- a la derecha -3 de diciembre de 33 a 16 de febrero de 36- y a la izquierda otra vez -16 de febrero de 1036 a 18 de julio de 1936-. Durante el primer período, la izquierda en el poder tuvo que hacer frente a un alzamiento armado de derecha -agosto del 32- durante el segundo, la derecha en el poder tuvo que hacer frente a un alzamiento de izquierda -octubre del 34-. Durante el tercer periodo, la izquierda en el poder tuvo que hacer frente a un alzamiento armado de derecha. La República sucumbió a estas sacudidas. Lo demás es retórica”. (Salvador de Madariaga)

En España, fruto del devenir histórico, surge una multiplicidad de Españas ideológicas y, así, en los años 30, se divide en “de derechas” y “de izquierdas”, pero que lo sufre la tercera España, la de los “perritos sin alma” que sólo quieren vivir en paz, tener su familia, su vida y el puchero tranquilos, mientras que, unos y otros, sólo han conseguido que muriesen.

Esa situación parecía la habíamos superado y, por una vez en nuestra historia, la tercera España se hacía con el poder, obtenía una democracia, con el mayor tiempo de paz de nuestra historia, un régimen del perdón y la superación del pasado, una transición modélica del régimen franquista al democrático que se consigue por el trabajo de los franquistas y del PCE liderando la izquierda, para afrontar el presente sin crispación, sin ansias de liquidar al adverso.

El PSOE, obtuvo el gobierno, consolidó el proceso democrático, modernizó España y … la fastidió: llegó la corrupción, los asesinatos de los GAL, la ingobernabilidad final, que se perdonó tras un cambio de gobierno a derecha, que nos posicionó en los más altos niveles internacionales, generó el milagro español y demostró que se puede crecer bajando impuestos, pero no regeneró la política.

Consecuencia de un, aún no definitivamente explicado, atentado, la manipulación mediática del mismo y la llegada de ZP al poder, el PSOE comienza a recomponer las dos Españas, a destrozar el trabajo realizado y volver a poner en cuestión el esfuerzo titánico de ambos lados del río por mantener la paz. Y, así, paulatinamente, han ido generando toda una serie de discursos feministas, homosexuales, revisionistas, que se imponen sin permitir siquiera su puesta en cuestión, como si de una verdad absoluta se tratase, de forma que, aquel que no muestra su pacífica aquiescencia, es aniquilado civilmente con la muesca en su cabeza de machista, homófobo, fascista, para finalizar con la gabela de antidemócrata.

Poner en cuestión una ley de violencia de género que establece la culpabilidad del hombre sin respetar la presunción de inocencia y genera chiringuitos bien “aliñados” con importantes sumas de dinero y que ha supuesto el gasto de millones de euros, pero que su resultado es que siguen muriendo el mismo número de mujeres que antes, demostrando su inanidad, es correr el riesgo de ser demonizado como machista, cuando lo que se hace es discutir el modo de resolver un problema, el gasto que la solución supone, la falta de respeto a los principios democráticos que esta supone y, sobre todo, la libertad de poder discrepar del planteamiento de otros, no puede suponer, en ningún caso, la demonización del disidente, sino una forma distinta de ver un problema, del ejercicio libre de la democracia.

Poner en cuestión la legislación LGTBI como única forma de afrontar la diferencia, es dar una visibilidad absurda a una caricatura que no representa más que al colectivo que se junta en torno a determinados sectores que, para otros homosexuales, les visibiliza como pantomimas de una realidad, que les hace daño. Obligar a los niños a asumir prematuramente la sexualidad o las diferentes formas de practicarla o, simplemente, considerar que el colectivo LGTBI no necesita del histrionismo caricaturizado para ser considerados iguales, que lo importante no es el sexo que practiques, sino la persona que llevas dentro, el alma que presentas a los demás y que, en la medida en que nos empeñemos en la fachada y no en el sentimiento, poco haremos por la igualdad de los homosexuales, discapacitados, mujeres, hombres, blancos, negros… de los seres humanos. Pero, si afirmo estar contra la legislación LGTBI, seré tildado de homófobo no por serlo, sino como modo de asesinato civil … ¡vaya demócratas!.

Comprobar cómo un gobierno es un inútil en la gestión de la peor crisis sanitaria padecida, con el peor resultado del mundo, con cientos de miles de muertos, con el hundimiento más grande de nuestra economía, con una gestión que no desarrolla “planes b” de actuación, que aún no se han implementado medidas generales de lucha contra la pandemia (por pedirlas la oposición), con un gobierno que tenía un Simón que daba los resultados de las víctimas riéndose o una ministra de Trabajo que sin saber lo que era un ERTE salía en la televisión muerta de risa mientras daba los datos del hundimiento económico, vestida de Hermes y con la frase de “no dejaremos a nadie atrás” para, cuando así lo criticaba, ser criminalizado, minimizado, insultado y perseguido con el marchamo de “fascista”.

Me sentí como un judío, por pensar diferente, al que cosían en la chaqueta la estrella amarilla por decir que era un gobierno miserable que nos dejaba morir sin desarrollar medidas legales, sociales, económicas y sanitarias desde el primer día y que se aprovecha de Estados de Alarma (declarados ahora inconstitucionales) para someternos.

Si esta es la democracia entendida por la postmodernidad, se parece demasiado a la barbarie que hizo llegar la guerra civil y la que intentamos superar con la transición. No enterremos su espíritu.

Enrique de Santiago Herrero

Abogado. Máster en Ciencia Política. Diploma de estudios avanzados en Derecho Civil Patrimonial. Derecho penal de la empresa. Colaborador y articulista en diversos medios de comunicación escrita, radio y televisión.

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