Y tú, qué me ofertas

Que Salamanca se hunde es una frase que llevo escuchando desde que era pequeño, pero lo cierto es que he vivido los cambios desde muy cerca, los que he combatido e impulsado, he comprobado cómo unos se desarrollaban y otros eran eliminados casi antes de nacer.  Salamanca ha ido creciendo poco, cambiando mucho, desarrollándose muy poco, haciéndose grande, más bien vieja; pero, quizás ahora como nunca, la veo con un tono vital muy bajo, con movimientos moribundos y estertores de quien agotó su tiempo vital y se enfrenta al final.

No veo que ningún partido, ni nuevo ni viejo, nos presente con claridad, sencillez, fuerza y ganas, un proyecto real de ciudad que poner en marcha. Todo queda en apoyar la creación de empleo, la ciudad verde y accesible, dotar de nuevos modos de hacer ciudad… etc, pero ninguno te presenta un esquema de qué, cómo, de qué forma y cuándo se verá la nueva Salamanca, un modelo real, con sistemas de actuación clara y concreta que haga de Salamanca una nueva ciudad en la que su esencia centenaria se mantenga, aunando pasado y futuro.

No quiero auditorías de infarto, cambios de rumbo, creaciones de empresas, filfas de ese tipo que encubren que no saben qué hacer, que no tienen ni idea de dónde ir y, lo peor, que les da lo mismo, pues como me dijo el ya fenecido civilmente “no me jorobes que yo ya pillé cacho y sueldo público”, en lo que, evidentemente, deja claro cuál es el proyecto de ciudad, servirse y no servir, cambiarse y no cambiar, hacerse grande que no hacer grande la ciudad a la que usará, por más que alguno no lo vea, en su propio beneficio y lucro.

Estamos, nuevamente, ante la posibilidad de cambiar el liderazgo de la ciudad y, una vez más, nos bombardearán con las siglas, con los líderes nacionales, con los enfrentamientos sempiternos y que tanto juego les dan y, frente a esto, podemos tomarnos la sopa que nos sirven sin chistar y jugar a su juego o, simplemente, revisar las personas, los proyectos, los curriculums, sus pasados, sus presentes, su coherencia y honradez o su maleabilidad política para, sobre esos datos y con los proyectos que nos deben de presentar, pues si no lo presentan no existe, comenzar un proceso de meditación sosegada que nos permita decidir qué es lo que queremos.

Iluso de mí, pensar que esto se hará así, pues nos volverán a vender la burra coja, seguiremos pensando en “hay que echar a Sánchez” o “cuidado con el fascismo” o incluso “regeneremos, que llevan demasiados años en el poder”, pero no nos dirán qué harán, no nos presentarán un compromiso firme, claro, sólido y asequible de ciudad, para comprobar si es la que queremos o no.

Siguen haciendo política de media hora, de regate corto, de engaño rápido, en la que sólo lucran ellos y… ¡jope, cómo lucran! Para, una vez engañados, volver a tratarnos como lo que nos consideran, “perritos sin alma” que no precisan más que para ser engañados cada 4 años.

Ahora estamos en una elección local, en la que ciertamente es importante ser de derechas o izquierdas, pero no tiene que ver con las Nacionales, ni debieran de tener efecto. Aquí es más importante la persona, más importante el proyecto, más importante la ciudad y los que vivimos en ella, con independencia de blancos o negros.

Unos, PP,  se presentarán como continuidad y regeneración, que sólo ven, por ahora, ellos; otros, PSOE, como el cambio de progreso, que sólo progresa para ellos; otros, Cs, no existen y se fueron al naranjal; otros, Vox, aún no han dicho nada, se visten de verde, pero no sabemos ni cuál es su plan ciudadano, pero al que no se conoce, al que no se mueve… no se le vota.

A ver qué nos presentan desde ahora estos que pretenden cambiar una ciudad que se muere, que se apaga, que se acaba y que no sabemos a dónde o cómo seguirá caminando, si sigue.

 

Enrique de Santiago Herrero

Abogado. Máster en Ciencia Política. Diploma de estudios avanzados en Derecho Civil Patrimonial. Derecho penal de la empresa. Colaborador y articulista en diversos medios de comunicación escrita, radio y televisión.

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