Y tú, qué haces por cambiar?

Hasta hace poco, cuando subía el recibo de la luz, clamábamos por los más necesitados que no podrían calentar sus viviendas, no podrían cocinar en sus casas, sufrirían la austeridad energética y se convertirían en paupérrimos energéticos. Hoy, se nos inflige la más importante subida de la luz y la contestación es que tenemos el gobierno que solucionará el problema, que se encarga de los más pobres.

Hasta hace poco, cuando subía el gasóleo, era un drama que perjudicaba a los sectores más necesitados de la sociedad; pero, ahora, además de subir el gasóleo, se inicia una lucha contra el vehículo diésel, pues todo el mundo sabe que el pobre puede cambiar de vehículo cuando quiera, que puede gastar más dinero en un eléctrico o uno híbrido, mientras que es el rico el que pagará más por sus grandes vehículos nuevos de gasóleo.

Cuando los de la ceja mediática, o los pobrecitos que dirigen programas para ”rojos y maricones” como Jorgeja, claman por una rebaja del IVA cultural o contra la austeridad, algunos se ponen a su lado; pero hoy, el gobierno no baja el IVA ni de la cultura, ni de los alimentos, ni de la gasolina, ni de nada, pero lo hace para darnos buenos servicios públicos que consisten en 23 ministerios que únicamente generan crispación, sin sentido, pero magníficos emolumentos para grandes staff de amigos, esposas o esposos y resto de especialmente privilegiados por su cerebro y sobradamente preparados… es lo que tiene ser amigo, familiar o pareja de la nueva casta política dirigente.

Hasta hace poco, la austeridad económica era una canallada contra el que menos puede; ahora, lo que hacemos es incrementar los impuestos directos e indirectos, los que se aplican de forma fundamentalmente al menos agraciado, pero eso no es miserable, eso es hacernos miserables a todos para que unos pocos canallas se enriquezcan; pero, a eso, lo llaman solidaridad y apoyar al más pobre. Con ello nos hacen a todos más pobres, más sometidos, más necesitados, pero ellos pasan de vivir en un piso de alquiler a un casoplón de gran lujo.

Cuando, frente a esa forma de hacer política, se pide transparencia, dignidad, austeridad política y reestructurar el Estado para hacerlo más eficiente y al servicio del ciudadano, se defiende una España fuerte frente a terceros exteriores y divisores interiores, se quieren generar controles al poder político para obtener una democracia más real y cuando se piden políticos coherentes, elegidos en listas más o menos abiertas y por períodos temporales dedicados a la política, por lo que habrán de tener un trabajo, forma de vida y proyecto personal ya desarrollado al que volver… etc., cuando pides esto, algún inteligente te llama fascista.

Pues cuando a una sociedad, grande o pequeña, se le ofrece una forma nueva de hacer las cosas, se demuestra que se pueden hacer de otro modo y, pese a todo, prefiere comer basura a comer caviar, es evidente que la basura ha tenido tiempo de inocular el peor de los virus, el de la ceguera intelectual, el del onanismo mental, el de la incultura visceral y el de la más importante vagancia, que precisa del soma para mantener el cuerpo vivo y la mente muerta.

Frente a esa droga, la única alternativa es demostrar, una y otra vez, que la solución no es la basura, sino el esfuerzo, el trabajo, la honradez, la coherencia y no dejar de luchar, fortalecer a los que te rodean para que salgan de la droga. Es difícil, pero sí se puede. Es el trabajo de la sociedad civil, de las fundaciones, asociaciones, personas individuales que exigen a los partidos esa nueva política que precisamos, en un actuar como la gota que golpea la piedra, que la orada por su persistencia. Si hay organizaciones que no son capaces de hacer eso, de exigir a los propios y extraños ese cambio, deben de revisar su fin, su sentido y cuál es su verdadera hoja de ruta, pues algo están haciendo mal.

Enrique de Santiago Herrero

Abogado. Máster en Ciencia Política. Diploma de estudios avanzados en Derecho Civil Patrimonial. Derecho penal de la empresa. Colaborador y articulista en diversos medios de comunicación escrita, radio y televisión.

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