¿Y por qué Filomena?

Durante estos últimos días hemos venido padeciendo los rigores invernales de la mano de la borrasca bautizada con el nombre de Filomena. Copiosas nevadas han cuajado en nuestros campos y perturbado la cansina rutina de nuestras ciudades. Hermosísimas estampas e instantáneas han inmortalizado las escenas vividas, disfrutadas y sufridas. Caídas, árboles derribados, calles convertidas en improvisadas pistas de esquí o de patinaje, batallas de bolas, muñecos de nieve, coches abandonados a su suerte en carreteras abarrotadas de vehículos inmovilizados, máquinas quitanieves trabajando a destajo, sal dispersada a tutiplén por los ateridos operarios, temperaturas siberianas, cálidas y humeantes chimeneas diseminadas por doquier, y un sin fin de fotografías y recuerdos se atesorarán en nuestra memoria y en nuestro recuerdo de manera indefectible.

Fría belleza, dulzura gélida, y peligrosa hermosura se han conjugado para describir las estampas que recuerdan lejanos tiempos olvidados – cuando había inviernos de verdad – a los más mayores, y no menos sorprendente y emocionante ha sido el regocijo para los pequeños y los más jóvenes, asombrados y alucinados con el impactante espectáculo que se abría ante sus ojos.

Para muchos la lírica, lo romántico y lo bucólico del momento, añorado y deseado tantas veces, ha representado la ilusión, el bullicio y la alegría de otros. Otros, obligados por sus quehaceres ordinarios, se han sentido azotados y maltratados por un temporal in misericorde para el desempeño de sus faenas y desplazamientos necesarios y habituales. La naturaleza, frecuentemente agredida, abofeteada y despreciada por el hombre, se ha hecho presente con el rigor propio que señalan las fechas del calendario. Estamos en invierno, o ¿Quizás lo habíamos olvidado? Es propio del turno estacional, o debería serlo, y contrario a su antagonista de las vacaciones estivales, más longevo y agobiante de lo que cabría esperar. Sus compañeros naturales, la primavera y el otoño, se avejentan y marchitan antes de tiempo, inclinándose ante la prepotencia del verano y el orgullo del invierno.

Golpes, caídas, retrasos, colapsos, e incomodidades son la factura que debemos abonar a nuestra madre naturaleza, mancillada y maltratada, afeada y deslustrada, desdorada y manchada, por la depredación del ser humano. ¿No lo entendemos? ¿No la entendemos? Creo sencillamente que no. El regalo que recibimos, desinteresado y altruista, es de un valor incalculable: caudal para nuestros ríos, reservas para nuestros embalses, saneamiento de nuestra atmósfera, fortalecimiento de nuestra vegetación, tonificación de nuestra tierra sedienta tantas veces, esponjando el suelo agradecido por el agua donada. De verdad, merece la pena lo sufrido, también lo disfrutado.

Muchas veces me pregunto el por qué del nombre con el que se bautiza a un fenómeno atmosférico, en numerosos casos se me escapan las posibles y lógicas denominaciones. Reconozco el ingenio y la creatividad de sus autores, se escapa a toda lógica que sea fruto del azar y de la improvisación. Siempre tiene sentido, siempre hay un por qué de las cosas. El comportamiento humano es intencional, consciente o inconscientemente, más en el intrincado mundo de la ciencia.

Así pues ¿Quién fue Filomena? ¿Qué significa? Se trata de una palabra de origen griego que traducida al castellano de hoy quiere decir: “la que ama cantar” o “la muy amada”. Según la mitología griega – tan complicada y enredada- la cita como una muchacha joven que fue violentada y forzada por su cuñado abusador. Éste, con el pérfido deseo de ocultar su infamia y culpa, decidió cortarla la lengua para que no rebelara su ignominioso comportamiento. Siglos más tarde, durante el mandato del emperador Lucio Septimio Severo (193/211 d.c.), durante pleno Alto Imperio Romano, fue martirizada y asesinada impíamente una niña, de apenas trece años, por su condición cristiana. Esto ocurría alrededor del año 202 de nuestra era. Era época de persecuciones y catacumbas, sangre y fe en Dios. La muerte se estimó que se produjo por decapitación y por herida de flechas, es decir, asaeteada. De ello sabemos a consecuencia de las excavaciones llevadas a cabo, en 1802, en Roma, en la catacumba de Santa Priscila, bajo el pontificado de Pío VII.

Su cuerpo sería trasladado, en 1805, a la Parroquia de la Virgen de la Gracia, en la pequeña ciudad de Mugnano, cercana a Nápoles. El 30 de noviembre de 1837 fue declarada santa. Regía los destinos de la Iglesia Católica Gregorio VI. Su festividad se celebra el 11 de agosto. En España hay más de 8200 mujeres que han inscrito este nombre en el registro civil –quizás todas ellas bautizadas-.

Venerada también por las Iglesias Ortodoxas orientales, en su humilde sepultura, se comprobó la presencia de signos de los tradicionales ritos funerarios de los primeros cristianos. Una vasija con la sangre del mártir, la hoja de palma y tres saetas. Sus atributos iconográficos son: ancla (esperanza); lirio (honor y lealtad); flechas (representa a cada uno de los 39 latigazos que recibió Jesús); y la palma (señala la costumbre cristiana de indicar martirio).

Es patrona de innumerables causas: del Rosario Viviente Universal, de los jóvenes; los niños; los bebés; de las causas desesperadas; de los enfermos; de las causas olvidadas; de las causas perdidas, etcétera. De igual modo, por las discusiones sobre su vida, historicidad y culto, ha dado lugar a la llamada “cuestión filoménica”. Deseo que mi breve disertación les haya permitido conocer la historia de Filomena, cuyo nombre ha sido dado a la borrasca que nos ha visitado.

José María Nieto Vigil

Profesor. Doctor en Filosofía y Letras. Licenciado en Historia Antigua e Historia Medieval. Diplomado en Magisterio y Teología Fundamental. Estudios Superiores de Egiptología. Conferenciante y colaborador de medios de comunicación. Ex Presidente Provincial de Palencia de FSIE (Federación de Sindicatos Independientes de Enseñanza). Presidente fundador de Vox Palencia.

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