… Y llegó a casa sola, borracha y contagiada

Cuando se antepone de una manera absurda el celebrar una manifestación, ante el aviso de una pandemia, no llegas a casa sola y borracha, llegas contagiada.

Irene Montero, esa cajera que de haber continuado en su puesto de trabajo, recibiría a diario aplausos sinceros y agradecidos por su labor, y que además estoy plenamente convencida de que nunca debió de abandonar este empleo porque creo sinceramente, que es para el único que está debidamente preparada.

Esto hubiera sido lo mejor para todos, que nunca hubiera abandonado su trabajo, porque esta mujer es una lacra con la que nos toca vivir en estos momentos tan duros y tan tristes; no es capaz de dar una solución, por mínima que sea, ni de contribuir con alguna brillante idea para movilizar a sus mujeres para que se dediquen a confeccionar mascarillas, delantales o cualquier cosa que pueda paliar las necesidades urgentes de nuestros sanitarios.

Esta ministra, a la que gracias a su pareja le crearon un ministerio a medida para que pudiera jugar a hacer política y entretenerse, solo nos ha traído un feminismo rancio e intolerante, creando un enfrentamiento y un odio desmedido contra los hombres.

Ella en su día grande, el 8M, quería estrenar sus gritos de guerra: «el machismo mata más que el coronavirus», «quiero llegar a casa sola y borracha», y llegó no sé si sola, ni borracha, pero sí infectada y contribuyendo a expandir al maldito bicho.

Ella -doña Irene Montero-, creadora de las palabras portavoces y portavozas, miembros y miembras, está figura de la política tan empeñada en que todo acabara en «a» para que fuera más femenino, y que hasta contagió a su presidente a hablar en este lenguaje tan inclusivo como ridículo y que ella hace de esta estupidez su única cruzada.

Pero ahora con el peor de los resultados a nivel mundial en muertos, a ninguno de todos estos se les ocurre hablar de contagiados y contagiadas, de enfermos y enfermas, de muertos y muertas.

Ahora esto ya no importa y recién salida del coronavirus, cuando le preguntan por qué se empeñó en no suspender la maldita manifestación, ella con esa verborrea que le caracteriza saca las uñas y dice que en esas fechas hubo muchísimos actos multitudinarios, y que nada tienen que ver con su contagio, que eso sólo es una falacia de la derecha machista.

Pues yo te digo, querida ministra de igual dá, tú y tus amigas Begochu de Sánchez y Carmen Calvo salisteis juntas -que no revueltas-, en la manifestación del 8M y volvisteis a casa infectadas, y para colmo de nuestros males, tu jefe y tu pareja se saltaron a la torera varias veces la cuarentena a pesar de tener a sus señoras infectadas.

Consejos vendo que para mí no tengo.

Espero que mi querida España despierte de esta pesadilla y cuando resurja más fuerte y más sabia, que nunca sepa cobraros todo el daño que nos estáis haciendo, por embusteros, por mediocres y porque este traje os ha venido tan grande que se os cae por todos lados.

Lo más triste de todo es que ahora no jugáis con mentiras, ni con Delcys, ni con secesionistas, ni con nuestro dinero, ahora estáis jugando con vidas humanas y hay demasiados muertos.

Mª José Gómez Busó

Jubilada, apasionada del patchwork, lenguaraz y rematadamente sincera.

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