Y fueron felices y comieron perdices

"Cuando nuestro monarca nos habló aquella noche abiertamente de la Agenda 2030 inauguró una nueva fase del proceso de globalización acordado en Davos, su normalización en los medios de comunicación y en los programas de todos los grupos políticos, excepto en el de VOX".

Recuerdo aquella Navidad en la que descubrí que los Reyes eran los padres. Qué bajón. La Navidad había perdido toda la magia para mi. Empecé a atar cabos: sonrisas cómplices entre mis padres cuando salía el juguete que ellos habían elegido por unanimidad, a menudo nada que ver con mi carta. Soy de la época en la que yo pedía y ellos disponían, pero qué ilusión. Siempre estaba el juguete estrella, que solía ser heteropatriarcal, y luego cuentos, puzles, juegos de mesa, de construcción y material para el colegio. Mis padres nunca tuvieron un Garzón en su vida para guiarles en la elección de  juguetes, lo hacían ellos así, a lo loco, con aquel «libertinaje» que les permitía comprarme muñecas, cocinitas, coches de bebé y complementos de color rosa. Así he salido yo, culturista. Comunistas cuquis, he de deciros que los juguetes no influyen ni en las futuras profesiones ni en las aficiones de los niños. 
 
Mi Rey preferido era Melchor, y no era racismo, es que me gustaba su barba blanca. Por aquel entonces Baltasar se pintaba la cara con betún, los hombres de entonces tenían la piel mas curtida. De ser hoy, tras una sesión de Baltasar con aquellos tintes se habrían concertado una sesión de láser y exfoliación para después ser tratados con una crema antirrojeces antiinflamatoria, que sin duda sería de la farmaceútica Pfizer. No existía el sentimiento casi delictivo de la «apropiación cultural». El Baltasar de mi época estará agradecido a la calidad de su tinte que ocultó perfectamente sus facciones, por lo que no está encarcelado ni cancelado en la actualidad y no ha tenido que pedir perdón a lo Trudeau tras ser reconocido en alguna foto. Claro, que por aquel entonces no existía Instagram ni Twitter donde fotos antiguas te podrían arruinar la vida ahora con el progreso de la nueva normalidad.
 
Pues bien, he vuelto a experimentar otra vez esa misma decepción. Con una edad madura volví a creer en los Reyes, pero no en los Reyes Magos de Oriente, sino en los de España (si es que no escarmiento). Bueno, «la Reina consorte o el consorte de la Reina no podrán asumir funciones constitucionales», por tanto no cuenta. Si he de ser sincera, Dña. Letizia me gustaba más dando la noticias siguiendo el guion de RTVE que el marcado por Davos.  
 
CONSTUTUCIÓN DE 1978
TÍTULO II DE LA CORONA
Art 56
1. El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones, asume la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica, y ejerce las funciones que le atribuyen expresamente la Constitución y las leyes.
 
Artículo 61
1. El Rey, al ser proclamado ante las Cortes Generales, prestará juramento de desempeñar fielmente sus funciones, guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes y respetar los derechos de los ciudadanos y de las Comunidades Autónomas.
 
Creí que el Rey tenía capacidad para hacer guardar la Constitución que este Gobierno y sus socios enemigos de España se salta cada día. También creí que el Rey tenía la obligación y podría mantener la unidad de España, para eso es el Jefe de todos los Ejércitos, pero me dijeron que todo era simbólico.
 
Felipe VI, más que felicitarnos la Navidad de la forma entrañable que merecíamos y después de lo que el pueblo español lleva sufriendo desde aquel fatídico 20 de marzo, la noche del 24 de diciembre se dirigió a España desde un cuchitril de diseño con una foto de niños con mascarilla y sin rastro de la de Campechano (que no volvió a casa por Navidad), con un discurso frío y distante, todo un alegato de la Agenda 2030, una Agenda que arrebata a las naciones su soberanía nacional. Nuestra Constitución dice: «La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de este.» No tengo conocimiento de que esta Agenda la haya refrendado el pueblo español en ningún momento, la firmó Rajoy sin someterla a referéndum. 
 
Repitió todos los mantras con los que Pedro Sánchez y su Gobierno socialcomunista nos miente cada día. Abrió su mensaje con los éxitos conseguidos por el Gobierno de la ruina. Nos volvió a hablar una vez más de la necesidad de aportar nuestro esfuerzo, sacrificio, afrontar retos y desafíos, como el Cambio Climático (ahora denominado Emergencia Climática), que supone el instrumento más útil de la historia para el Gran Reseteo, tumbar industrias y sectores molestos e implantarnos su NOM (Nuevo Orden Mundial). Nos habló de desigualdades, de las que las minorías poderosas nos hacen responsables, y nos asfixian  a impuestos para solucionarlas. «Son problemas globales que requieren de soluciones globales». Nosotros pagaremos con nuestros impuestos todas las emergencias que los globalistas se inventen para salvar el mundo con perspectiva de género hasta no tener nada y ser felices. 
 
Y ya para volver a esa nueva normalidad, la «vacunación». Le faltó decir a nuestro Rey, convertido en burócrata de Bruselas, que no comiéramos carne, aunque por dentro pensara «¡donde esté un buen chuletón…». Del cordero no dicen nada por no ofender. Si en la nueva normalidad, y con la perversión que se está cometiendo con el lenguaje, dicen que el cordero es una hortaliza, el cordero será una hortaliza que no emite metano.
 
Cuando nuestro monarca nos habló aquella noche abiertamente de la Agenda 2030 inauguró una nueva fase del proceso de globalización acordado en Davos, su normalización en los medios de comunicación y en los programas de todos los grupos políticos, excepto en el de VOX. La formación de Santiago Abascal fue la única que evitó comentar el discurso del Rey. Su Agenda España pretende recuperarla como Estado soberano, impulsar todo aquello que hace fuerte nuestro país y evitar que sea dependiente, es decir, todo lo contrario de lo que tienen programado las élites globalistas para nuestro futuro, cada vez menos lejano. 
 
No sé como terminará el cuento, si con la nueva normalidad «Y fueron felices (sin nada) y comieron lombrices» o con el de «Y fueron felices y comieron perdices» (si Garzón no lo impide).

Norma Vega

No soy informadora, soy analista. Estamos en la era de la desinformación, de la performance política, así que al leer una noticia me pregunto: quién la emite, a quién beneficia y a quién perjudica, como si de un presunto delito se tratara, al fin y al cabo, una información falsa debería serlo.

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