Violencia, agresividad, de menores

Se producen cada día más noticias que afectan a los menores de 14 años en circunstancias violentas, en situaciones sexualmente inapropiadas para adultos y para menores, en la pérdida de respeto y valor del ser humano y del prójimo al que no reconocen como igual o digno de respeto, para utilizarlo cual objeto en interés y uso propio.
         Enmarcado en esa visión, nos encontramos con un incremento desmedido de las violaciones, de las acciones grupales y, sobre todo, de acciones producidas por menores de edad en edades más tempranas cada vez, que se aúnan con un aumento también en los adultos de este tipo de acción de desprecio a la dignidad del prójimo y de la consideración de este como un objeto utilizable en disfrute personal o de sometimiento a la voluntad propia que, a la vez, se ve reforzada por el impacto social, mediático y comunicativo que dichas noticias producen con un efecto multiplicador indeseado e impropio.
         Este tipo de acción se produce por una hipersexualización de la vida pública y social, así como por una pérdida clara de los valores y principios que inspiran el respeto al ser humano, a su dignidad y a la consideración del mismo como un ser trascendente en condiciones de igualdad y sensibilidad social, para adentrarlo en el hedonismo y el materialismo social carente de valores y principios sobre los que sustentar las relaciones interpersonales, más allá del propio y exclusivo interés personal.
         Cuando, en la sociedad, la educación se traslada al ámbito formativo y se renuncia por parte de los padres a ejercer la responsabilidad que supone un hijo, de ofrecerle unos valores, principios y criterios educativos para, sencillamente, llevarlo a un centro educativo en el que se le ofrezca una formación, te encuentras con que esos menores buscan esa educación en internet, en otros mayores, en las amistades peligrosas o no, pero se convierten en semillas que comienzan su crecimiento sin la dirección que supone un tutor y, de este modo, se enroscan en cualquier palo, en cualquier pared o en cualquier instrumento por el cursar de forma sinuosa.
De este modo, un muchacho podrá ser mejor o peor estudiante, podrá tener un momento o tiempo de rebeldía y crispación, pero si ha sido educado en unos valores concretos superará la crisis, se tutorizará en torno a ellos y su formación se recuperará, temprana o tardíamente, pero el ser humano no se perderá.
La violencia, con la adjetivación que se quiera aplicar, es fruto de la falta de educación, de la carencia de valores, de la renuncia a los principios y a tiempos de crispación y ofuscación intelectual en los que se hace uso de la fuerza, del desprecio al ser humano, de la manipulación cruenta, por lo que la labor preventivo motivacional del aspecto sancionador de la sociedad no es suficiente para evitarlo, máxime cuando cursa en menores de edad, y pone en evidencia que la solución o prevención debe de seguir los caminos de la educación, del respeto y de la recuperación de los valores y principios innatos al ser humano, ya sean de carácter religioso o simplemente sociales, pero sólidamente transmitidos desde muy pronto y con el sólido pegamento de la coherencia y  el ejemplo.
Hoy, desde nuestros dirigentes políticos que desprecian las formas, los protocolos, las sendas educativas del respeto a las personas, a los lugares y a las representaciones sociales, pasando por unos padres que abandonan su obligación primaria de transmitir a los hijos ese respeto a los demás y a los modelos sociales, para finalizar por un modelo educativo que renuncia a transmitir aquellos valores esenciales que sirven para un desarrollo social adecuado y apropiado al respeto a los demás, a los derechos ajenos, a la libertad responsable, a comprender que cada derecho lleva anejo e inseparable una obligación, que cada etapa educativa y formativa tiene un contenido que no debe de ser ni adelantado ni retrasado, que la dirección educativa corresponde a los padres y que toda educación, antes que en la libertad, se debe de fundar en el respeto al ser humano, como esencia del ejercicio de la misma.
Por mucho que luchemos contra el machismo, contra la violencia, contra las acciones o actividades delictivas de los menores, con aplicaciones punitivas o sancionadoras, no conseguiremos absolutamente nada o incluso incrementaremos los mismos de forma más virulenta y violenta, la solución pasa por la educación y la defensa de los principios con una transmisión temprana.
No nos empeñemos en generar disputas, en criminalizar al hombre, en incrementar los modelos de crispación y polarización en los que se desarrollan los modelos de violencia para evitar la violencia y seamos capaces de comprender que sólo desde la educación podremos combatir con seriedad este tipo de situaciones.
Si el menor esta sexualizado, violento y/o desprecia al prójimo, sólo es debido a que no hemos sido capaces de dirigir su crecimiento por sendas adecuadas.

Enrique de Santiago Herrero

Abogado. Máster en Ciencia Política. Diploma de estudios avanzados en Derecho Civil Patrimonial. Derecho penal de la empresa. Colaborador y articulista en diversos medios de comunicación escrita, radio y televisión.

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