Un médico malagueño, describe los «pecados» de Fernando Simón

"Un país que ocupa el primer puesto mundial en profesionales sanitarios contagiados por coronavirus, no puede permitirse el espectáculo de ir colgando medallitas a los gestores de la crisis".

No lo puedo remediar: Fernando Simón me cae muy bien. Quisiera que me cayese mal, pues escribiría de él con más soltura. Pero me cae muy bien Simón. Tiene pinta de buena persona, de cachazudo, de gran encajador de golpes, de hombre respetuoso con tirios y troyanos, de obstinado y trabajador, de médico meticuloso. Y encima ha soportado una presión que a mí –honestamente lo digo– me habría llevado al suicidio. Y además, para más inri, vivió en su propia piel la enfermedad del COVID y mantuvo el tipo incluso estando en aislamiento. Un maño de pura raza. Un compatriota de los buenos, de los que se necesitan para reconstruir España.

No quiero que mis palabras parezcan burla o ironía. Lo digo sinceramente: con sus errores y aciertos, Fernando Simón es un hombre fajado y formidable.

Dicho esto, añadiré que Simón no es un santo. Tiene sus pecadillos: los pecadillos que da el arrimarse al poder. Y sus pecadillos -muchos veniales y algunos mortales- son suficientemente recientes como para no elevarlo todavía a los altares.

Lo que afirmo viene a cuento porque el Comité de Beatificaciones y Canonizaciones de Podemos, reunido en la piscina de Galapagar, ha decidido proponer a Simón para la Medalla de Oro de Zaragoza, su ciudad natal. Una medalla que, al parecer, le otorgarían a Simón en el mes de octubre, en las Fiestas del Pilar, más o menos a la par que la recogida del Premio Princesa de Asturias a la Concordia por los profesionales sanitarios. Una contraprogramación perfecta, piensa Podemos.

El Comité de Beatificaciones y Canonizaciones de Galapagar, con el impulso fundamental de Pablo Iglesias y Pablo Echenique, anda presionando al Ayuntamiento zaragozano para que a Simón le impongan la Medalla de Oro de Zaragoza o, en su defecto, el título de hijo predilecto de la ciudad. La campaña promocional ha comenzado. De hecho, las camisetas con el rostro de Simón que ruedan por España ya se sabe quién las mueve. El caso, en resumidas cuentas, es tapar con honores las investigaciones a los altos cargos de Sanidad, como si las medallas sirvieran de escudo para las investigaciones judiciales.

Pero un país que no ha sabido contar uno por uno y con exactitud a sus muertos por coronavirus, no puede permitirse el espectáculo de ir colgando medallitas a los gestores de la crisis.

Un país que ocupa el primer puesto mundial en profesionales sanitarios contagiados por coronavirus, no puede permitirse el espectáculo de ir colgando medallitas a los gestores de la crisis.

Un país que ocupa el segundo puesto de Europa en tasas de mortalidad por coronavirus, no puede permitirse el espectáculo de ir colgando medallitas a los gestores de la crisis.

Sólo por esas tres razones que digo, se le debería caer la cara de vergüenza a quien pretenda convertir a Fernando Simón en la nueva Agustina de Aragón, pues si Agustina se quedaba a gusto cañoneando franceses, los disgustos de Simón no han sido plato de gusto.

Hablaba yo antes de los pecados mortales y veniales de Simón. Los veniales, los dejaré pasar. Centrémonos en los mortales.

1-Mortal de necesidad fue la apología inicial de la inconveniencia de las mascarillas. Que quitárselas y ponérselas era más contagioso que ir sin ellas, que si sólo estaban indicadas para los sanitarios, etcétera, etcétera, etcétera. Yo, como leal seguidor de Simón en aquellos primeros días, me convencí de ello. Me convenció Simón, quiero decir. Y lo defendí en mi Centro de Salud ante mis compañeros. Ellos lo saben. Y no sólo eso. Hice coro a Simón en mi muro de facebook en el dichoso tema de las mascarillas. Esto escribí yo el pasado 26 de febrero:

<<¿Hay suficientes mascarillas en las farmacias, lector? No. Ni falta que te hacen. Salvo que tengas que salir de tu casa para operar de apendicitis a tu vecino, no precisas mascarilla. Cagoentó. Lávate bien las manos y evita las aglomeraciones>>.

Pero mi confianza en Simón se vino abajo cuando en una rueda de prensa, en respuesta a un periodista, dijo sin ruborizarse: <<tampoco es necesario insistir en el uso de medios materiales que no disponemos>>. Se refería a las mascarillas. Y ahí comprendí (y comprendimos muchos) que no es que las mascarillas no sirvieran para la población general: sí servían, pero eran incapaces de abastecernos de ellas.

2-Mortal de necesidad fue la insistencia escrita del Ministerio de Sanidad durante el primer tercio de marzo de que “sólo hiciésemos los test a los enfermos que habían viajado a Italia o a China, o a sus contactos enfermos”. Ya era un clamor para todos los médicos de España (y más para los de Atención Primaria) que nos estaban entrando por la puerta muchísimos pacientes sintomáticos que nada tenían que ver con China o con Italia. Pero el Ministerio persistía: según ellos, no había casos autóctonos, sólo importados.

Me recuerdo a mí mismo en esos días discutiendo a voces por teléfono con la epidemióloga del Distrito Sanitario Málaga. A voces, lector. A voces. Como si la pobre compañera tuviese culpa de algo. Pero el caso es que era imposible hacer un test sin el requisito de la China, y que mandábamos a los pacientes de cuarentena a sus casas sin el test, porque la epidemióloga se ceñía a las órdenes de Simón y no los autorizaba. Y una aclaración para los troles que me leen: los test los tenía la epidemióloga en su despacho. Si los llego a tener yo en mi consulta, me tiene que llevar esposado la Guardia Civil por desobediencia a Simón. Lo juro.

3-Y mortal de necesidad fue la mentirosa afirmación de Simón ante España de que a todos los profesionales sanitarios con síntomas sospechosos nos estaban haciendo el test del coronavirus. Ahí comprendí que España había perdido un médico y había ganado un gran político. Y ese día, echando chispas como el resto de mis compañeros, escribí un artículo llamando mentiroso a Simón y mentando a las grandes alamedas, esas donde habríamos de vernos lo antes posible vestidos de negro y con bolsas de basura. Y ese artículo rodó por toda España.

Así que calma, Simón. Así que calma, Echenique. Así que calma, Podemos. Es pronto aún para medallas en un país que no ha elaborado convenientemente el duelo. Demasiado pronto en una pandemia sin digerir, sin aclarar, sin juzgar y sin acabar.

Cagoentó.

Firmado:

Juan Manuel Jimenez Muñoz.
Médico y escritor malagueño.

Nota: Hemos «tomado prestada» esta publicación desde el muro de Facebook de su autor.

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