Un gobierno propagandista nos reescribe la Historia

La clara y evidente situación dicotómica de polarización extrema que vive la sociedad de la España contemporánea, se debe a la pasión visceral del bando propiciador y perdedor de la guerra civil. Una corriente de falsedades, que ha irrigado a través del tiempo hasta la actualidad.

Se dice que los nacionales se sublevaron contra un gobierno legítimo. Una gran falsedad, pues fue un gobierno que nació de la ambigüedad y la desconfianza, ya que nunca se publicaron los reales y verdaderos resultados de los comicios de febrero de 1936. Se mantuvo gracias a la destrucción de la legalidad republicana, amparada por la cruel y despótica violencia aplicada por ácratas anarquistas y revolucionarios.

Se nos ha repetido de forma arbitraria y proselitista, que los nacionales se sublevaron contra la democracia. Otra falsedad. El frente popular, actual ejecutivo de aquella época, estaba compuesto por estalinistas, ácratas, marxistas bolchevizados del PSOE y nacionalistas catalanes, que habían emprendido la guerra civil en 1934, los republicanos de izquierda que habían intentado golpes de estado al perder las elecciones, y los nacionalistas vascos, de un racismo no muy alejado del nazi. A pesar de que la derecha, incluso el mismo Franco habían defendido la legalidad republicana en 1934, después de la destrucción de la misma por el frente popular sólo vieron factible y como única solución un régimen autoritario de orden.

Que Franco luchó contra el comunismo es una realidad que ha arrastrado hasta hoy la empírica, pues no sólo era comunista el PCE, sino el PSOE y los ácratas anarquistas, los cuales estaban subyugados por Stalin y se habían convertido en meros y simples satélites dando vueltas alrededor de la órbita de este.

La represión que la izquierda achaca a los nacionales de forma sesgada, falsaria y del todo arbitraria, no fue más cruel que la de los zurdos, aunque con menos saña y sadismo. La izquierda causó muchísimas víctimas entre las mismas izquierdas, además de llevar inherente el saqueo y el botín en sus razzias como fue la inmensa destrucción del patrimonio artístico e histórico español, y del robo sistemático a particulares, a la Iglesia, a museos, etc. No se salvaron ni las alhajas de los montes de piedad.

La ayuda del ejército extranjero fue importante en los dos bandos con la salvedad o diferencia que el bando republicano de izquierdas dependía absolutamente de Stalin, el cual, dominaba al frente popular y se apropió del oro de los Españoles, también ayudaron al frente popular aunque en menor medida que la URSS, Francia y Méjico. Hecho este que es omitido con asiduidad por los historiadores zurdos, vulgares y simples lysenkos.

Por el contrario, los nacionales mantuvieron su independencia frente a italianos y alemanes, además recordar el pequeño detalle de que en esa época ni Hitler ni Mussolini habían cometido aún los genocidios que sí había realizado ya Stalin. Los nacionales recibieron también una sustancial ayuda de USA en suministros de petróleo. El gasto total de los nacionales en ayuda extranjera subió a unos 550 millones de dólares, la del Frente Popular se acercó a los 1000 millones.

Las democracias NO traicionaron a la supuesta democrática República española con su política de no intervención. Porque el Frente Popular no era demócrata, y había acabado con la legalidad de la República. Exceptuando Francia, que como España era una simple franquicia de la URSS en Europa. Y su concepto de democracia era un tanto singular o distinto del de los verdaderos demócratas.

Muy al contrario de lo que dice la memoria democrática o propaganda, la gran mayoría de los intelectuales permaneció en el país o volvió pronto, y hubo dos exilios: el primero, de los intelectuales amenazados por el Frente Popular. El segundo, menos importante, de los amenazados por Franco o que no se sentían a gusto en un régimen autoritario (entre ellos personajes directamente implicados en el terror de izquierdas como el poeta Rafael Alberti). La propaganda ha hecho creer a muchos que el único intelectual asesinado fue García Lorca, pero la izquierda asesinó a más escritores y pensadores, entre ellos, Maeztu el más destacado.

Recordar las opiniones de los promotores y conocidos como padres espirituales de la II República.  Ortega, Marañón y Pérez de Ayala. El primero, Ortega se desprendió rápidamente de la misma y denunció a los intelectuales extranjeros por su total desconocimiento de la realidad al posicionarse a favor de las izquierdas. A Marañón le pudo la tristeza, impotencia y la amargura y aseveró con rotunda firmeza, que la República había sido un trágico fracaso. Con una revolución delictiva postulada en el hurto, la locura y la estupidez. Profetizando unas largas y aciagas consecuencias para la sociedad española, haciendo un gesto de honradez y honestidad, dio justa legitimidad al pronunciamiento de los nacionales de julio de 1936, como un acto instintivo y de lógica supervivencia. Pérez de Ayala dijo textualmente: «nunca pude concebir que hubieran sido capaces de tanto crimen, cobardía y bajeza». Al mismo tiempo, ambos los tres, certificaban en sabía profecía la quiebra política de la intelectualidad regeneracionista a la que, de un modo u otro, pertenecían los tres.

El propio Azaña llegó a sentirse prisionero de los republicanos y los describió de esta forma, «Políticos de taberna y amigachos de codicia y botín, sin ninguna idea o alternativa para la sociedad que pretenden gobernar». Como se puede ver a través de estas líneas, unas opiniones en clara antagonía con las arbitrarias y profusas opiniones marxistas y estalinistas de la escuela de Tuñón de Lara. En mi opinión, vulgar propaganda y grandes falsedades e invenciones, cuyo rédito para los lysenkos parece no tener límite.

De la composición del gobierno legítimo y democrático ya descrito en el párrafo número 3, un claro paradigma de demócratas donde los haya, además de la gran similitud y analogía con el Ejecutivo actual, se presume la errónea y arbitraria interpretación de nuestro pasado, por estos simples propagandistas. La cual, nos pasa factura en el presente y condiciona irremediablemente nuestro futuro. Condenando a nuestros hijos a un ostracismo apátrida o etnia carente de identidad y a una singular y especial hipoteca esclavista y moral (histórica, económica, social, cultural…).

Santos Trinidad

Cristiano católico, creyente no practicante. De derecha, amante de la libertad, basada en una igualdad sustentada en la justicia.

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