Todo tiene su conexión

En un país históricamente machista y construido por un matriarcado férreo que transmitía las tradiciones y mantenía el modelo social, la ideología feminista que, inicialmente, sólo buscaba la igualdad entre los sexos, se fue transformando en un caballo de troya por medio del cual no sólo se busca la supremacía femenina, que puede considerarse un mal adecuado a las circunstancias previas, sino que también se introduce un cambio sustancial en la transmisión de la tradición que no sólo afecta al efecto femenino, sino que  pretende una transformación social hacia una falta de valores, de pilares básicos de orden moral, imponer un onanismo y egocentrismo que elimina toda estructura social tradicional para sustituirla por una sociedad sometida al dogma del nuevo.

No es un problema de disputas o sometimientos de un sexo al otro, sino de la transformación de la dictadura del proletariado y la lucha de clases por la dictadura de una nueva sociedad y la lucha de sexos como instrumento de destrucción del modelo judeocristiano basado en la democracia y el Estado de Derecho en el que se acomoda el feminismo clásico de igualdad jurídica y formal entre los sexos para ser superado por el neofeminismo que somete, ignora y considera un ser inferior y cruel al hombre por el sólo hecho de ser varón.

Con ese falso esquema construido sobre una premisa correcta y desarrollado con esa imagen de bondad de la que carece en su núcleo, se induce a una gran mayoría a asumir el discurso denominado feminista que no engrandece, ni equipara a la mujer con el hombre, sino que simplemente los enfrenta en beneficio de un discurso político falaz, irreal y claramente totalitario. Prueba y demostración de ello es la denominada “ley del sí es sí” que enfrenta a los sexos, destruye al varón, beneficia al violador de forma que se equipare a este con el hombre en general y perjudica de forma clamorosa a la mujer a la que afirma defender, es evidente que no ampara a la víctima sino que sirve de fundamento para la construcción del enfrentamiento sexual y político que se desea y que no se explicita.

En una sociedad sometida al criterio de la imagen, de los 130 caracteres y poco acostumbrada a la construcción sosegada y meditada de los discernimientos que se conforman mediante la evaluación de la realidad crítica, para ingerir, sin ni siquiera producir un mínimo proceso de digestión, la imagen emitida por esta o aquella terminal mediática que se acepta como verdad absoluta sin filtro alguno, es fácil someter al “feminismo” al conjunto social para aplicar una destrucción intersexual a la que le importa un comino el sexo, pues su intención es el sometimiento social que consigue de este modo.

Las terminales que intentan sostener el modelo social que ampara la construcción del Estado democrático de derecho y la sociedad construida sobre la base de la familia como modelo que permite el crecimiento de la sociedad desde fundamentos biológicos y de pervivencia regenerativa, son eliminadas por la nueva política autodenominada “feminista”, por más que perjudica a la mujer, “progresista”, por más que retrotrae a la sociedad a posiciones ideológicas de siglos pasados y “democrática”, por más que propugna una democracia popular a la imagen y semejanza de las democracias socialistas de las repúblicas Chinas, Venezolanas, etc.

Esas realidades no son aceptadas, ni deseadas por la mayoría de la sociedad, motivo por el que se presentan bajo las denominaciones indicadas sólo y exclusivamente como edulcorante de una realidad que no se desea mostrar.

Se critica a Pedro que cambia de opinión cuando negaba la amnistía y ahora la defiende, o cuando negaba su apoyo al terrorismo con el que ahora pacta pero, ciertamente, Pedro no hace más que utilizar el modelo que desde las técnicas publicitarias y de marketing se utilizan para vender como bonancible lo que es indeseado, feminista lo que daña a la mujer, progresista lo que nos hace retroceder y democrático lo que es únicamente una autocracia, pero presentados con el suficiente contenido de dulzor que nos impide comprobar el auténtico sabor hasta que no lo sufrimos de forma sistémica, como sucede en Argentina que no se han Milenizado hasta que la mierda nos les cubría totalmente.

 

Enrique de Santiago Herrero

Abogado. Máster en Ciencia Política. Diploma de estudios avanzados en Derecho Civil Patrimonial. Derecho penal de la empresa. Colaborador y articulista en diversos medios de comunicación escrita, radio y televisión.

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