Tanto monta, monta tanto… Nebot, como Fallarás o Ébole.

La corrección política ha traspasado los límites de la libertad convirtiéndola en vulgar libertinaje, cambiando significados, conceptos y definiciones e imponiendo un lenguaje inclusivo que eligen de forma arbitraria, de facto, y aplican a modo de patente de corso.

Intentaré demostrar lo que digo con tres claros ejemplos de la actualidad, tres periodistas, los cuales no se cansan de imponer una ideología, una visión de la vida típica de la hipocresía de las conciencias rojas haciendo una visceral apología del odio hacia su disidencia, simplemente por eso, por pensar diferente.

Sus plumas están cargadas de una retórica descarada y confesional, postuladas en el totalitarismo del pensamiento único. Sus tácticas son la de repetir cansinamente, es decir, una y mil veces, sus mentiras para convertirlas en verdades. Como la de revolcarse en el estiércol ajeno para camuflar o desviar el hedor de su propia fetidez. O esa ya famosa táctica de la adúltera en muchas de mis reflexiones, la táctica de la adúltera que consiste en hacer que creas lo que te dice en lugar de lo que ves.

En mi humilde opinión no son más que una vulgar turba de ignorantes sociales y tontos machadianos, los primeros son todos aquellos a los que les sirve cualquier argumentación para justificar sus absurdos y surrealistas soflamas o supuestas ideas. Los segundos son todos aquellos que desprecian todo aquello que desconocen o ignoran.

Como digo, una vulgar turba, con un único objetivo en sus razias, el vender hasta a su propia madre por un plato de lentejas, con el resurgir de ese instinto de supervivencia hacia esa real incapacidad con tintes vagos y parasitarios para comerse ese plato de lentejas que son incapaces de ganarse con el esfuerzo y valor de su trabajo.

Mi primera protagonista es una podemita pata negra, una mente daltónica que no ve más allá del color rojo. Marta Nebot, en uno de sus últimos artículos, sino el último,  donde revierte las virtudes y características de la ideología que profesa hacia su disidencia. En el caso concreto que nos ocupa a la decencia y honradez, en estado puro, representada a día de hoy por Vox, postulada en el descalificativo y falsedades, tildándoles de areneros y embusteros en una campaña demonizadora, despótica y visceral.

¿Qué me dice de la supuesta igualdad, de la nueva casta y del juramento a la corona por parte de su idolatrado Mesías, ese conde de Galapagar y su condesa, analfabeta integral, elevada a los cielos por su estética, no por su valía profesional?.

Mi segunda protagonista, Cristina Fallarás, que además de poseer todas las virtudes de la anterior, es narcisista y además ciega. Su retórica no es la de una buena profesional, sino más bien, la verborrea vomitiva o cargada de excrecencias ideológicas, expresadas en público, cuando debieran expulsarse en privado, en ese lugar donde se descargan todas las necesidades fisiológicas, que es la taza del WC.

Me explico, su último tuit, de forma literal: «Podéis llamarme lo que os salga del nabo. Os lo repito: Me gusta mi edad, me gusta mi cuerpo, me gusta mi aspecto, me gusta mi inteligencia y me gusta mi rabia. Un saludo».

Sin palabras, no puedo decir, sino que tiene muy mal gusto y un problema oftalmológico.

El último, pero no por eso más moderado es el falso y camaleónico Jordi Évole, quien en el programa de Pablo Motos dejó caer una perlita dirigida a Abascal, donde haciendo una descarada y confesional apología de la violencia más visceral, dijo lo siguiente: «A Abascal le vendría bien una hostia».

Un personaje que legítima el terrorismo, es decir, la extorsión, el secuestro y el asesinato, un personaje que aprovecha su fama para difamar y descalificar, pues las hostias que puede haber entre este tirillas fantasmal y su rival pugilístico no son más de dos. La que le propine su rival  y la que se de contra el suelo en la evidente y segura caída.

Ahora siendo objetivos ¿Quiénes son los falaces? ¿Quiénes son los extremistas, radicales y anti democráticos? ¿Quiénes  merecen una y mil hostias en proporción a sus mil mentiras, eso si, siendo justos e igualitarios?. Y suma y sigue…

En mi humilde y modesta opinión esta gente, estos vagos y gandules incapaces, que viven de la falta de respeto hacia los demás, definiéndola como libertad de expresión, no tienen ni rasgo, ni rastro, ni autoridad moral para denunciar o criticar nada, ni a nadie.

Santos Trinidad

Cristiano católico, creyente no practicante. De derecha, amante de la libertad, basada en una igualdad sustentada en la justicia.

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