Superioridad moral o verdadera amistad

Hoy, un día gris y aciago en lo climático, pero de un excitante y ansiado calor emocional para mi persona, por su carácter estival y veraniego, un día que si bien no invita a pasear, sí nos sugiere hacer grandes reflexiones sobre las circunstancias contemporáneas de nuestra vida, haciendo un ejercicio revisionista, de regeneración y restauración crítica de la misma, abarcando una época pretérita, que incluya nuestros tiempos de infancia, pubertad y juventud. Me tomo la licencia de patente de corso, para sin ánimo de ofender, ni humillar, crear un escrito de respuesta en defensa de mi ideología y libertad de expresión.

Este escrito nace como respuesta a la crítica, espero constructiva, de uno de esos amigos de las épocas referidas, con la intención no de humillar o descalificar, poniendo en duda las verdaderas intenciones de sus palabras, sino de poner un poco de luz a esas oscuras lagunas que parece tener, tras haber madurado tanto física como mentalmente demasiado pronto y en lógica consecuencia, haber sido víctima de un precoz estancamiento en dicha época, para él su edad de oro, la cual creo recuerda, ansía y anhela con obsesiva nostalgia.

Su primera duda surge de tener un concepto diferente del mío, de lo que es la verdadera igualdad, pues cree que la justicia en general y más concretamente, la española, es dicotómica entre ricos y pobres. Personalmente pienso, una postura, la suya, errada al completo, más propia del banal marxismo y la lucha de clases que del progreso como tal. La justicia se postula en la creación o legislación de unas leyes, que todos, ricos y pobres, rojos y blancos, debemos y tenemos que cumplir sin excepción; en caso de incumplimiento, sancionar con la misma vara de medir y misma proporción en las medidas coercitivas a unos y a otros. Es así y sólo así, como se consigue una verdadera igualdad, la sustentada en la justicia y en lógica consecuencia, una real, verdadera y efectiva LIBERTAD total e integral, GENERAL, o en todos los ámbitos o campos.

Sigue su escrito, definiendo los míos, valga la redundancia, como los propios de un esteta: nada más lejos de la realidad, mis postulados son la lógica, la razón y el sentido común, mi defensa es egoísta, como creo la de todo el mundo, defendiendo las ideas que más se ajustan a las circunstancias personales que en suerte me está tocando vivir. Que al final es lo que te hace autónomo de pensamiento, de forma lógica, verdadera y realmente, libre. No, una vulgar mente o conciencia, presa de la corrección política, un preso ideológico.

Me ha parecido entender en su bonita y bien adornada retórica escrita, una cierta inclinación, con matices diatríbicos, hacia las derechas o lo que él considera ricos y una empatía desproporcionada y sin fundamento hacia las izquierdas o para él, los pobres. Habla del centro del problema en las políticas globales, sin tener en cuenta, en mi opinión, otro error en su visión e interpretación de la globalización, confundiendo riqueza y pobreza con esfuerzo y parasitaje. Como bien dice, estas políticas sirven al buenismo y la corrección política, para crear sociedades de incapaces, de vulgares parásitos mantenidos, mediante un rastrero e injusto clientelismo. Pues el premiar o castigar, debe depender del esfuerzo y del trabajo, no de lo que se tiene o de si se es rico o pobre, por lo que defiendo firme y rigurosamente la igualdad de oportunidades, pero nunca la de los mismos resultados, pues esa es, en mi opinión, la mayor de las desigualdades. Esta igualdad sólo iguala en lo mísero, penaliza el esfuerzo y el trabajo, y premia el parasitaje y la incapacidad.

Su conclusión pone de manifiesto que su apuesta es por las personas, es decir, por el libre comercio, por la propiedad privada, por todo eso de lo que reniega en un discurso más de novelista que de un historiador, filósofo o científico, propio de la paradoja y la antítesis, es decir, de la teoría o especulación y no de la praxis, utópico y poco realista; un discurso, retrato de su equidistante, aquiescente y acomodaticia personalidad, con lo que supuestamente critica, en su argumentación mediocre, por eso, por carecer de argumentos reales, siendo en mi opinión una contradicción toda ella. No sé, es lo que mi inmensa y humilde ignorancia, o un desconocimiento total y absoluto de lo que se creía conocer y descubrir lo contrario, interpretan y sacan, como único mensaje de sus palabras,

Me recrimina mi cambio de personalidad y mi tardía pero sana madurez emocional, pues la física o estética, a no ser por una tara o defecto visible, se nos supone a todas las personas. Sus reiteradas y repetidas frases hacia mi personalidad, como «me niego a creer en lo que te has convertido, una persona sin humor, seria, clasista, esteta…», en fin, todo lo contrario a lo que se representa cuando se es un niño, al menos, mental o emocionalmente. Personalmente, me lo tomo como un halago y cumplido, un panegírico hacia mi persona, pues es mi objetivo desde que descubrí que el enfrentamiento de los polos opuestos no se determina o se dilucida con la desaparición de los unos o de los otros, como él bien dice en sus palabras, no sólo hay blancos y negros, hay una amplia amalgama de colores y es ahí donde hay que buscar, para poder crear una sociedad en contubernio sano, donde prime el respeto mutuo y todas las ideologías tengan cabida.

La ironía y más inusualmente la sátira, ponen de manifiesto nuestro mayor o nivel índice de humor en nuestros escritos o reflexiones, y en sus palabras noto un alto grado o índice de las mismas, una superioridad cultural y moral de su propia persona hacia las de su entorno, que no seré yo el que ponga en duda ni critique, pues como digo en casi todos mis escritos o reflexiones, primo las personas a las ideas y la prueba más evidente es este escrito a modo de respuesta, a este amigo que para mí lo es y lo será siempre. Invitándole a cambiar, esa, su profana fatuidad y su complejo, a mi modo de ver, de una inferioridad banal, por un sentimiento de alegría, por esa creo mi forma de expresión, con una aceptable prosa, con la que manifiesto unos pensamientos, unos sentimientos que, aunque él no comparta, creo tan legítimos y válidos como los de cualquiera.

El sabio, además de poseer todos los talentos del intelectual, tiene dos características definitorias y absolutas, que son, sin género de duda, las que le otorgan su condición: la de RECONOCER y RECTIFICAR. Creo que ambas, las dos, entrarían en esa amalgama de colores, que no condenan al ostracismo de la soledad social, que crea la antagonía ideológica a ninguna de las partes. Esa es la verdadera, la justa igualdad y en lógica consecuencia, eficaz y real libertad, de las personas.

PD.: espero no haber herido ni ofendido los sentimientos de este amigo que respeto muchísimo y al que me unen unos lazos de pubertad nostálgica que pueden más que su forma de dirigirse a mí. Pues no ha sido mi intención, lo único que pido y deseo es el poder conservar ese tesoro, pues es así como considero mis amistades de infancia, pubertad, juventud y espero en los tiempos actuales y contemporáneos. Pues creo que el ser yo mismo el ser autónomo de pensamiento, es decir, verdaderamente libre, no implica la pérdida de cosas o sentimientos tan valiosos como son la amistad.

Si he errado en la interpretación de sus palabras le pido perdón sincero y anticipado y espero no tenga en cuenta este escrito, nacido de un sentimiento de sincera amistad, no del rencor, ni el revanchismo…..

Santos Trinidad

Cristiano católico, creyente no practicante. De derecha, amante de la libertad, basada en una igualdad sustentada en la justicia.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Las siguientes reglas del RGPD deben leerse y aceptarse:
Este formulario recopila tu nombre, correo electrónico y el contenido para que podamos realizar un seguimiento de los comentarios dejados en la web. Para más información revisa nuestra política de privacidad, donde encontrarás más información sobre dónde, cómo y por qué almacenamos tus datos.

Botón volver arriba