Sr. Sánchez, ¡no lleva usted corbata!

¿Cuál es la verdad sobre el hecho de que Sánchez no lleve corbata?

De mis años juveniles, recuerdo un juego de intriga policíaca que consistía –mediante cartas– en adivinar quién era el asesino, quién era la víctima, con qué arma había cometido el crimen, y en qué lugar de una casa. Así, por ejemplo, se podía sospechar que el Sr. Pérez había asesinado a MariPepi, con el hacha, en la cocina; o que Maripepi se había cargado al Sr. Pérez, con una navaja, en el baño… Entre las armas, no figuraba la corbata; y, entre los escenarios del crimen, no había ningún plató televisivo, ni ninguna tribuna del Kongreso de los Diputados.

Porque la corbata, esa prenda de vestir que hoy día solo llevan los políticos –exceptuando la bancada pijoprogre embutida en kamisetas “Iron Maiden”, o en maduritas guayaberas–, los ejecutivos, y algún despistado perfumado de alcanfor, puede ser un arma mortífera, una herramienta letal para los más horrendos crímenes. Para empezar, mata con su cómplice: el aire acondicionado.

Y, si no, que le pregunten a Sánchez, que acaba de decir que hay que quitarse la corbata para “ahorrar energía”, pues no llevarla favorecerá que se ponga menos el aire acondicionado. Dicho en román paladino –o bergogliano, o sea– , lo que quiere decir Sánchez es que la corbata también puede ser un arma para combatir a los rusos, y qué duda cabe que le encantaría poder poner una corbata a Putin –con sus propias manos, no, pues ni para eso vale este arlequín, emperador de papanatas–.

Es epatante que Sánchez apoye con frenesí a los ucranianos, enemistándonos con los rusos, y que luego, ante las restricciones de gas, quiera eliminar las corbatas, haciendo de este hecho una especie de venganza cosaca que, de paso, nos salvará de la ruina energética. Si Rusia destacara en el mercado de las corbatas, de seguro que se prohibirían por ley,  bajo multa de 600 pavos, o incluso cárcel, vete a saber lo que se le ocurriría al psicópata este.

Lo que subyace bajo este esperpento de la corbata arrumbada, amenaza seria de la sostenibilidad energética, es la total seguridad de que un rebaño informe de gaznápiros que se ha tragado toda la porquería infame de la plandemia, de la guerra de Ucrania, de la memoria “democrática”, del kambio klimático, es capaz ya de tragarse cualquier cosa, cualquier sapo pantanoso, cualquier cucaracha cuchifrita… Y sí: damas y caballeros, estoy muy harto y no puedo soportarlo más.

Este episodio de la enemistad con la pobre corbata es un escalón más dentro de una ventana overtoniana, fenómeno grotesco donde cada nueva fase parece más esperpentica que la anterior: la mascarilla protege—la bakuna te salva la vida—la eliminación de las corbatas ahorra energía.

Pobre corbata, derrochadora de energía, conchabada con el aire acondicionado, una vuelta de tuerka más en este alucinante circo donde la estupidez humana ha alcanzado límites siderales; pero, si nos prohibieron ir a misa, si nos recomendaron no saludarnos con la mano abierta, no cantar villancicos, mantener una distancia aberrante con  nuestro prójimo, bakunarnos sin prescripción médica, asfixiarnos con satánicos bozales, y muchas aberraciones más… ¿cómo no esperar que los tontolabas de turno echen sus corbatas –las pocas que quedan, por cierto– al vertedero de la historia?

En verdad en verdad les digo que no acierto a creer en la realidad de tal Himalaya de sandeces, de burlas, de grotesquerías, de payasadas, de esperpentos, de chistes malos, de gilipolleces… ¿Cómo es posible que yo –a mis años– tenga que soportar tal cúmulo inmenso de majaderías? ¿Estaré soñando? ¿Qué he hecho para estar aquí, en medio de este circo horripilante, rodeado de tanto mentecato, de tanto papanata, que cualquier día dirán que los niños vienen de París, que existen los Reyes Magos, y que vivimos en una democracia? ¡Ay, Señor, Señor!

¿Porqué Sánchez no ha recomendado que se desechen por completo los putos bozales, ya que aumentan el calor facial, el agobio térmico, producen sudor y, por ende, pueden motivar un mayor uso del aire acondicionado? Según este razonamiento psicopático de Sánchez, la castidad perpetua es guay –ya se sabe lo que calienta corporalmente el sexo–, no hay que hacer ningún deporte, habría que cocinar platos fríos, y otras locas zarandajas por el estilo… Lo dicho: un manicomio donde Sánchez va de “Yo soy Napoleón”.

¿Cuál es la verdad sobre el hecho de que Sánchez no lleve corbata? Es cierto que la corbata puede matar, pues, en el fondo, consiste en un nudo corredizo semejante al de una horca –es modelo de corbata tipo “horca”, aunque invisible,  es el que nos está poniendo el NOM en el gaznate–.  Por otra parte, si no se hace nudo y se coge con las dos manos, equivale a una cuerda que puede asfixiar la garganta de una víctima. Hay asesinos más refinados y psicopáticos que usan para ese menester “pantys” de mujer, lo cual le da un toque como más corrompido, estilo Norman Bates –oh, su motel, un buen lugar que se podría añadir al juego ese de los asesinos–.

Por ejemplo, tenemos el caso de un tal Dennis Nilsen, “el carnicero de  Muswell Hills”, el psicópata creativo que mataba con una corbata, que asesinó, descuartizó y enterró a 15 hombres en el suelo de su casa –¿porqué solamente hombres?: adivina, adivinanza–. También se da el caso de que en internet se pueden conseguir corbatas cuyo diseño está hecho con puntos rojos que simulan salpicaduras de sangre, o con motivos zombies –a 60 pavos, casi nada–: corbatas “Chuky” las llamaría yo.

Pero hay quien dice que el verdadero propósito del descorbatamiento es distraer a la opinión pública del anuncio de otra ley totalitaria más que nos apretará el gaznate con una horca en forma de corbata –ésa si les gustará a los satánicos que nos malgobiernan–: una ley que aprueba el espionaje bancario y la represión al opositor. Es así como se aprueban las reglamentaciones orwelianas: quitándose la corbata, y enseñando el culo si hiciera falta –de todos modos, no es de extrañar que un tipo que se baja los pantalones ante los bafométicos se quite la corbata, en una estrategia a lo “Full Monty”–.

Y, bueno, acabo el jueguecito del asesino diciendo que Sánchez se ha quitado la corbata para esconder el arma de sus delitos, porque fue él, con la corbata, en el Kongreso de los Diputados… ¿la víctima?: pues la libertad todos los españolitos –por cierto, ¿quién contribuyó a la muerte de tantos ancianos, en las residencias, con una jeringuilla? ¿Saben quién es el asesino?–.

Para terminar, no resisto la tentación de contarles el magnífico final de una película de Hitchcock, titulada «Frenesí», en la cual un psicópata asesina a mujeres usando corbatas. En la última secuencia, el asesino entra en su apartamento empujando el baúl donde lleva a su última víctima. Dentro, le espera el inspector de policía quien, al ver que no lleva corbata, le espeta irónicamente, pronunciando la sentencia de muerte para el maníaco: «Sr. Rusk: ¡no lleva usted corbata!».

Sí, Sr. Sánchez: ¡¡¡NO LLEVA USTED CORBATA!!!

 

Canal de Telegram del autor: https://t.me/laureanobeni

 

 

Laureano Benítez Grande-Caballero

Sevillano, profesor de Historia jubilado, escritor de 35 libros, la mayoría de tema católico. Articulista en muchos medios digitales patrióticos, tertuliano ocasional en Radio Ya, imparte conferencias por toda España sobre el Padre Pío de Pietrelcina. Sus últimos libros publicados son EL HIMALAYA DE MENTIRAS DE LA MEMORIA HISTÓRICA, y LA PATRIA TRAICIONADA: ESPAÑA EN EL NUEVO ORDEN MUNDIAL.

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