Sobre la sovietización de España en la Segunda República

Existen innumerables documentos que demuestran que muchos políticos de izquierdas estaban preparando el camino hacia la sovietización de España. Muchos de ellos pertenecen a la AUS (Amigos de la Unión Soviética) creada en 1933, pero considero que son más importantes por su imparcialidad los textos de embajadores y representantes de otros países (Inglaterra, Francia, Chile, Noruega,…) como el memorándum que envió el embajador británico Sir Henry Chilton al gobierno inglés de Anthony Eden:

«Sólo la proclamación de una dictadura podrá evitar que Largo Caballero desencadene la revolución con la que éste tiene intención de derribar al presidente y al gobierno de la República e instaurar un régimen soviético en España»

24 de abril de 1936

No resulta extraño que la actitud de los países democráticos de Europa fuese la de no querer apoyar la causa del gobierno izquierdista, a pesar de que el Frente Popular tratase de mostrarse como defensor de la República, que él mismo estaba destruyendo. 

Francia e Inglaterra reconocieron al gobierno de Franco incluso antes de finalizar la Guerra Civil.

El día 24 de marzo de 1936 aparece una información en el diario Ya, recogida de un importante periódico de París, sobre los manejos del comunismo ruso para sovietizar a España.

« El Komintern celebró el 27 de febrero una reunión extraordinaria, en la que se ocupó del plan que debe seguirse en España. Un miembro de su Consejo directivo, el camarada Kuussinen, superviviente de la vieja guardia de Lenín, presentó un informe detallado sobre las posibilidades españolas. A renglón seguido se tomó el acuerdo de enviar dos emisarios, Bela-Kum y Lozovski, via Cádiz, provistos de un millón de pesetas para los primeros gastos. A la vez traen consigo las siguientes instrucciones, que deben procurar que sean llevadas en seguida a la práctica: «Creación de un Gobierno de dictadura obrera y campesina. Confiscación inmediata de las tierras; nacionalización inmediata de los Bancos, de las minas, de las fábricas y de los ferrocarriles. Abandono del Marruecos español, seguido de la creación de un Gobierno revolucionario Indígena para revolucionar Marruecos, Argelia y Túnez. Aniquilamiento de los partidos burgueses, régimen de terror, creación de las «Milicias obreras» (Guardia roja). Destrucción de las iglesias y de los conventos. «Es preciso acabar con el Clero». Supresión de la Prensa burguesa. Terror contra sus periodistas. Creación del Ejército rojo español, y, finalmente, provocación de guerra contra el Portugal fascista, a titulo de guerra revolucionaria de ensayo.»

Hasta la llegada de la segunda República no existieron relaciones diplomáticas entre la Unión Soviética y España. Sólo a partir del 14 de abril de 1931 se empezó a plantear el establecimiento de las mismas, es decir, la posibilidad de un intercambio de embajadas.

En la segunda mitad de julio de 1933 llega a España Mijail Ostrovski, que venía con la misión de tramitar todo lo referente al establecimiento de relaciones. A finales de este mes, el día 28, se produce en el Congreso español el reconocimiento oficial de la URSS, con lo que ya podían iniciarse las relaciones diplomáticas. Pero el giro político producido en este mismo año tras la victoria de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) en las elecciones de noviembre, supuso el aplazamiento de los contactos que no se volverían a reanudar hasta la subida al poder del Frente Popular.

Ante este hecho, deberíamos plantearnos la siguiente pregunta: ¿Por qué la URSS solo quería establecer relaciones con la República si el gobierno era de izquierdas? ¿Qué podían darle estos políticos, que le negarían los de derechas?

Tras la toma del poder del Frente Popular, se reiniciaron rápidamente las relaciones diplomáticas.

El embajador de Rusia, Rosenberg visitaba diariamente a al Presidente del Gobierno del Frente Popular, Largo Caballero, para hacerle continuas peticiones que a veces se convertían en órdenes. 

Salvador de Madariaga describe así las visitas del embajador:

“Solía invadir el despacho del Presidente con imponente batallón de técnicos, generalmente para hacer presión a fin de que se entregaran a militantes comunistas los puestos más estratégicos de la jerarquía estatal. Como intérprete solía traer el camarada Rosenberg al señor Álvarez del Vayo, a la sazón Ministro de Estado del Gobierno Revolucionario y además Comisario General del Ejército, es decir, jefe superior de los que pudiéramos llamar capellanes marxistas castrenses”

En un artículo publicado en El Socialista, en Toulouse, 1958, Indalecio Prieto, entonces ministro de la Guerra, hablaba del ministro de Asuntos Exteriores, el Sr. Álvarez del Vayo demostrando  cierta desconfianza:

«Actuaba no sólo como intérprete del embajador Rosenberg en las visitas que éste hacia al jefe del gobierno, sino que consultaba a aquel y a los consejeros militares rusos corno si fueran aliados incondicionales que no pudieran tener motivos e intereses diferentes a los de la República española»

El embajador de la República en París, Luis Araquistain, en su libro Sobre la Guerra Civil y en la emigración, comentaba de Rosenberg lo siguiente:

«Más que como un embajador, actuaba como un virrey de Rusia en España»

El 20 de octubre de 1936 el cónsul de Rusia en Barcelona, Antónov-Ovséenko, pronunció un discurso en el puerto, despidiendo el buque mercante Zirianin que partía hacia Rusia, expresándose con estas palabras:

“Camaradas marineros, hoy salís para nuestra patria. En ella, millones de trabajadores construyen una nueva vida con alegría, entusiasmo y esperanza. Ellos viven ya en una sociedad socialista y forman con su trabajo la sociedad comunista donde existe auténtica igualdad, auténtica hermandad y auténtica libertad. Crean una sociedad sin clases sociales y sin Estado (…) Vosotros habéis visto aquí la tendencia hacia esa vida a la que nosotros también tendemos y que ya en gran medida hemos conseguido.»

En conclusión: el proceso revolucionario interrumpido por la República en octubre de 1934, vio la puerta abierta tras las elecciones de febrero de 1936 en las cuales, la izquierda tomó el poder. La admiración que nuestros políticos de izquierdas y sus seguidores podría calificarse de misticismo.

El interés de Stalin por España volvió a aparecer al finalizar la Segunda Guerra Mundial.

El 19 de julio de 1945, Stalin propuso en la reunión celebrada en Potsdam con EE UU y con Gran Bretaña que los aliados interviniesen en España derrocando a Franco y permitiendo que volvieran los partidos republicanos a gobernar.

Tanto Truman como Churchill se opusieron decididamente. Y la URSS abandonó la idea definitivamente.

José Enrique Catalá

Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Valencia. Especialista en Hª Medieval. Profesor. Autor del libro: Glosario Universitario.

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