Sobre el feminismo

La España contemporánea tiene un marcado y grave problema ideológico, el cual ha llevado a la sociedad española a la más absoluta y radical de las polarizaciones socio ideológicas. Por un lado, está esa corrección política que se está imponiendo primero por la masiva divulgación de su propaganda doctrinal, la cual, está compuesta, por los que van adaptando las leyes a sus totalitarias políticas de una descarada e impuesta autocracia.

Por el otro, las verdaderas víctimas, ese sector de la sociedad española, que sufre este totalitarismo está dictadura silenciosa, la gente honrada, la decente, la trabajadora, la que entiende y defiende que se premie la meritocracia y no el amiguismo o partitocracia; es decir, que se premie y privilegie el esfuerzo y el trabajo y no lo contrario. La que defiende la igualdad de oportunidades pero en lógica consecuencia no la igualdad de resultados, la que sufre de esa hipoteca crónica que le impone la corrección política y buenista de la progresía de izquierda.

Una progresía de izquierda que con sus sectarias y totalitarias ideologías crean cual simple sastre unas leyes o traje a medida que legitiman las primeras de una forma imperativa y totalitaria. Una progresía de izquierda que se ha inventado o ha creado un ciudadano subvencionado y financiado por el ESTADO, desde que nace hasta que muere. O lo que es lo mismo, una sociedad de incapaces.

Recordar que el dinero que manejan los gobiernos de los Estados son fruto del esfuerzo del trabajo traducido en impuestos de ese otro ciudadano, el decente, el honrado, el trabajador, es decir, gente como tú y como yo.  Por eso, no puedo estar de acuerdo en una igualdad de resultados, ¿pues qué igualdad hay en que un sector de la sociedad tenga que trabajar muchísimas horas para mantener a ese ciudadano creado por este nocivo gobierno y este último pueda vivir sin trabajar?

Simplemente estas políticas correctas y buenistas son partidistas, es una forma de comprar el voto y hacerse hegemónicos en el poder. Es su idea de la igualdad, la justicia y la libertad.

Sin ir más lejos, voy a expresar mi opinión sobre algo tan nocivo y tan de moda como es el feminismo radical y la ley de violencia de género. No es desconocido que los medios de comunicación, como por ejemplo las televisiones hacen constante referencia a esto, más concretamente en el caso de tele 5. Una cadena que se ha sumado a esta lucha con un simple objetivo, el de ser hegemónica en el tema o panorama social, al que denominan o definen como entretenimiento, donde privilegian y priman el descaro y la gandulería ante el esfuerzo y el trabajo, donde mediante una sucesión de discriminaciones positivas quieren imponer como vehicular o principal lo accesorio o secundario, donde disfrazan esas imposiciones ideológicas con una falsa igualdad.

Lo que ellos nos intentan imponer es una forma de vida, una determinada forma de pensar, como es el pensamiento único, una forma de vida que aumenta su popularidad y sus cuentas corrientes y al ciudadano de a pie le iguala en la más absoluta de las miserias y le ofrece una vida de esclavitud.

Hablando con nombres y apellidos, como podría ser Carlota Corredera, Jorge Javier Vázquez, etc,  quienes dicen no hacer lo que hacen ni por ego, ni por dinero, quienes intentan imponer sus particulares formas de ver la vida mediante ese poder que les da ese arma poderosa y eficaz que es la televisión, les tengo que hacer una forzosa pregunta.

¿En qué postulan su ideología, su actitud y forma de pensar, para creerse con esa superioridad moral, creerse en posesión de una verdad absoluta frente a su disidencia?

¿No es el ego, el dinero, el que hace que estos supuestos intelectuales y nuevos sabios de este siglo, meros impostores y demagogos, quieran imponernos sus teorías socio morales?

Como he expresado en otros artículos, me considero un aprendiz de filósofo, un franco tirador del pensamiento, por lo que creo erraré muchos de mis disparos dialécticos y por los que me apresuro a pedir un sincero y anticipado perdón.

Me considero un «feminista radical» apoyo firmemente la causa de que la mujer acceda a los mismos derechos que los hombres.  El feminismo no tiene por qué ser de derecha ni de izquierdas -en España fue Clara Campoamor quien promovió el voto femenino, y no era de izquierdas-, pero reconozco que en cualquier caso, si la izquierda no es feminista, no es izquierda.

Discrepo con el feminismo actual porque está intentando compensar una situación claramente injusta con más injusticia. Lo que han sufrido las mujeres en el pasado no se va a arreglar castigando ahora a los varones. En mi opinión, el feminismo actual, concretamente el de la mencionada Carlota Corredera, lo que está haciendo es tratar de compensar una situación claramente injusta con más injusticia. Lo que han sufrido las mujeres en el pasado no se va a arreglar castigando ahora a los varones. No creo en las listas cremallera. No creo que en un Código Penal tenga que haber distinción por género: los códigos tienen que contemplar a las personas, no a hembras o varones. ¿Qué pasa si un hombre es maltratado en una relación homosexual? ¿A su agresor se le castiga menos?.

No sé si soy más feminista que nadie, pero sé que no lo soy menos, la ley de violencia de género no es feminismo, es injusticia. Personalmente creo que la solución está en que si realmente queremos que las mujeres sean iguales a los varones -que lo son en dignidad, pero no socialmente-, si queremos que sean iguales, enseñémosles las mismas cosas.

Por lo que esa frase hecha con la que se llena la boca Carlota Corredera en todas sus entrevistas y salidas en televisión, la de que el feminismo representa y es igualdad y no supremacía, es cierto, siempre que no esté ideologizado y postulado en el ego y el dinero, que no es ni más ni menos que el feminismo que defiende y representa la citada y supuesta feminista, defensora de un vulgar feminismo particularista y a conveniencia. Es decir, un pseudofeminismo.

Santos Trinidad

Cristiano católico, creyente no practicante. De derecha, amante de la libertad, basada en una igualdad sustentada en la justicia.

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