La soberanía y la Constitución, a examen: “Pero España prevalecerá” (Carlos Martínez-Cava)

Desde el punto de vista histórico se hace un llamamiento a la defensa de la nación a través de un relato político capaz de superar a la mismísima Constitución, la cual se demuestra haberse desbordado y haber sido traicionada por quienes tenían el deber de servirla con rectitud.

El libro aquí presente muestra una doble colaboración que, si bien comparándolas entre sí desde un primer vistazo nos puede parecer descompensada, nada más lejos: Carlos Martínez Cava -el autor principal- y Javier García Isac -escritor del prólogo- se complementan profesionalmente de tal manera que su combinación en esta publicación convierte a Refundación soberana en un trabajo que no puede faltar en la biblioteca personal de nadie.

Pese a que el título ya nos adelanta que podría estar orientado a un sector concreto de lectores, nada más lejos. Su formato ensayístico ya nos adelanta que la información revelada no resultaría fácil de encontrar siquiera vía Internet, y su desarrollo -prometedor per se– es transparente y de sencilla lectura. El carácter de Refundación Soberana, acorde a la intención del señor Martínez, no es otra que -por medio de la reflexión- hablar sin complejos sobre uno de los aspectos más ocultos de los últimos 40 años en España [la soberanía]. Desde el punto de vista histórico se hace un llamamiento a la defensa de la nación a través de un relato político capaz de superar a la mismísima Constitución, la cual se demuestra haberse desbordado y haber sido traicionada por quienes tenían el deber de servirla con rectitud.

Pese a que don Carlos es un abogado con décadas de experiencia en el sector, no ha limitado su formación en los años futuros. Compaginándolo con su siempre firme compromiso intelectual y político, el señor Martínez ha compartido otras publicaciones a un sector heterogéneo a través de varios medios digitales, sin faltar a sus responsabilidades como uno de los introductores y representantes más destacados de la Nueva Derecha Francesa en España. En el caso de don Javier, licenciado en derecho también, no cesa en cultivar sus conocimientos políticos: director de RadioYa, es además asiduo a programas de debate de actualidad política y tertuliano estrella en El distrito TV. Autor de varios libros, se define como “un periodista sin complejos ni corrección política”, algo tan necesario como perseguido.

Cargado de reflexiones y con una conjetura esperanzadora, el señor Martínez-Cava señala a los considerados culpables de los hechos que denuncia. Desde un principio se cree que eso condicionaría al lector, pero nada más lejos: precisamente de la mano de un experto se conocerá otra perspectiva, y con la contundencia que corroboran los datos presentados. El prologuista expone también su opinión. Es recomendable leerse dos veces dicha parte del libro porque aunque dé detalles, mantiene un halo de superficialidad para no destripar el ensayo.

Como podemos comprobar, el señor García rememora un breve episodio de España, entrando en lo social, político y económico -siguiendo ese orden- volviendo de nuevo al juego político (rescata la Constitución -pág. 18-) y su repercusión. La visión del prologuista (manteniéndose fiel a los conceptos y al camino marcados por don Carlos) no es caduca ni previsible: aunque hace un breve repaso desde 1978, no olvida a la UE y la influencia que tuvo para España entrar ahí: “Nuestra incorporación a lo que ahora conocemos como Unión Europea, fue el toque de gracia (…) que dejaba a España a merced de los intereses extranjeros frente a los nacionales. (…) La crisis del capitalismo afectó en mayor medida a España por culpa del nuevo modelo productivo que habíamos asumido” (página 19).

La introducción de Refundación soberana hace referencia a otra publicación anterior: España Defendida, vinculada a Quevedo y a parte de su discurso, centrado en hablar del sufrimiento en el país; de modo que las cavilaciones que comparte el autor son también ajenas. “Siete años después, vuelvo a atreverme a responder por mi patria y por mis tiempos y vuelco mis reflexiones en este libro” (página 21).

Refundación soberana se divide en dos bloques más. Carece de conclusión, bibliografía o anotaciones diversas, pero eso no significa que el autor no recomiende otros escritos para ampliar información:

“El magistral análisis de Joan Garcés sobre cómo se gestó la Transición y el texto constitucional son de obligada lectura para quienes deseen dar explicación a muchos hechos de los últimos cuarenta años” (Pág. 30)

A su vez, ambos pilares se fragmentan en tres estamentos: ‘La cuestión soberana’, ‘El 78 como problema’, ‘El arrasamiento’, ‘La crisis del Estado de las autonomías’, ‘La crisis de la deuda’ y ‘El rescate de la nación histórica’, respectivamente.

El que marca el inicio de éstos, comienza apoyándose en citas de políticos e intelectuales varios para después explicar en qué consiste el estudio y/o debate de la definición de ‘soberanía’, la cual merecería ser reivindicada y defendida, ya que se ha debilitado debido al deseo de hacerse por el control del Estado Moderno por la gran pugna partidista.

“La defensa, uno de los pilares de la soberanía nacional, fue subordinada a un organismo de la potencia hegemónica mundial en un referéndum tan falso como engañoso para la población que había antes votado que no se permitiría la entrada de España en la OTAN”. (Página 26)

Términos como ‘la Constitución’, ‘el Globalismo’ y ‘las multinacionales’ resuenan entre esas líneas, pero el detonante de la primera división entre lectores comprendería a, como mínimo, la reacción de dos bandos, los de un extremo ideológico y los de otro: “La liquidación de la soberanía nacional en España ha tenido como principal protagonista a la izquierda política” (pág. 25).

Acorde a estas definiciones y remontándose a un hecho más contemporáneo, el autor nos ejemplifica sus datos con lo ocurrido en Cataluña allá por 2017 en el siguiente apartado. El señor Martínez realiza un seguimiento sobre el separatismo, enlazándolo con lo sucedido con el vasco en su momento, marcando a un responsable y, después, apoyándose en la palabra de otros instruidos como Jesús Neira o Ramón Peralta: “No es atrevido señalar al texto constitucional como el gran responsable de este problema” (página 26). Líneas después ahonda en la Constitución del año que señala el rótulo (1978) y sus incongruencias, trampas y lagunas, comparándola con la de otros territorios:

“Mientras que para obligar al Estado los convenios internacionales del contenido político y militar deben ser aprobados por las Cortes (artículo 94.1), se prescinde de este trámite en los de contenido económico. (…) Todas las constituciones de Europa y la propia de EEUU exigen que los tratados económicos o comerciales sean aprobados por el correspondiente parlamento. La nuestra, no” (Pg. 29-30)

Don Carlos sigue con la línea cronológica establecida y cita la ‘reconversión política’ a la que fue sometida el país, concretando al 6 de octubre de 1984. Podría decirse que este es el bloque más copioso de la primera parte de Refundación Soberana, fragmentado en dos cuestiones: ¿Qué ocurrió en España?, y, ¿qué lugar ocupaba -industrialmente hablando- en 1975 al finalizar aquel régimen surgido de la guerra civil de 1936? Ventajosamente este formato esquemático hace que la información expuesta resulte más visual y fácil de comprender. La buena fe del autor impregna a las próximas páginas de un cariñoso trato familiar/paternalista justificando su exposición desde la voz de la experiencia:

“El paso de todos estos años nos permite, quizá, tomar la distancia y la altura suficiente para interpretar lo que ocurrió con otros ojos distintos a los que se vieron envueltos en la vorágine de cierres, huelgas, negociaciones a callejón cerrado y el papel de aquellos sindicatos que acabaron aceptando lo que debió ser innegociable” (Página 31).

Vemos así un repaso -complementado con pertinentes discursos de terceros- profundo y directo que compone una recapitulación iniciada desde 1961 desde el episodio desarrollado en 1939: Carrero Blanco, su fallecimiento y qué implicó, y la financiación del Congreso socialista de Suresnes (que habría concedido el liderazgo al entonces joven Felipe González) con el correspondiente postfranquismo (entregando, según don Carlos, la soberanía exterior con la integración de España en la OTAN y la soberanía interior por “los propios jefes políticos cooptados designaron a los candidatos en lista cerradas y bloqueadas de ámbito provincial. Se aseguraron el control parlamentario y, de este modo se entregó la soberanía interior” -página 36-).

La Constitución no deja de ser protagonista después; se incide en la Trilateral de 1975 y en ‘los padres de la Transición’, bautizados así por Roberto Centeno a quien hacen menció.

La última parte del libro, compuesta por el desarrollo de dos crisis y un rezagado rescate a la Nación, comienza con dos citas (de Stefan Zweig y Antonio Maura) y el amargor que supone para todo ciudadano que dichas crisis fuesen predichas en cuantiosas ocasiones tanto verbalmente como en formato de acta de acusación (Congreso de los Diputados en 1979).

La ‘recesión’ de 2008 se acompaña con la ayuda norteamericana, y después se habla de otra reforma en la Constitución española por 2011 sin la opinión de la ciudadanía, tratando inmediatamente la precariedad extrema de las políticas de austeridad y los recortes contra la población. Hace un inciso llamativo en el que pone en duda las intenciones de las altas esferas -sin soltar cómo no la mano de otros expertos-:

“La pregunta que no se hace Martín Seco, en todas sus críticas a la Unión Europea y al euro, es si todas esas desregulaciones laborales y reducciones de salarios son realmente en beneficio de una clase empresarial (…) y no son, por el contrario, materia más profunda de análisis al ser crisis sistémica que otros autores como Piketty sí han estudiado”. (Página 58)

El señor Martínez-Cava dedica un apartado a la Memoria Histórica. Habla, ya no de la tergiversación en ella, sino de su absoluta manipulación: “España no es un Estado fallido como pretenden los separatistas. Tampoco es una Constitución. Ni comienza su andadura en la historia en 1812 cuando se dota el primer texto” (pág. 60).

También está concienciado con la importancia que se da a las palabras y su fuerza: “Afirmar España como nación es lo que nacionalistas de uno y otro signo y región niegan porque supone reconocer que el cuerpo electoral -entre otras cosas- pueda ser identificado con la nación española”. (Pág. 61).

Y comienza a despedir Refundación Soberana con una aclaración:

“No cabe aquí discutir con quienes sostienen que hasta que no existe la nación política no podemos afirmar esa existencia. No hablamos de eso. Hablamos de la idea espiritual de la unidad de imperio que, desde la lengua y la identidad de religión se expande”. (Página 62).

Sin faltar don Carlos a su palabra, nos deja un regusto esperanzador. Primero, destaca una discreta toma de conciencia que habrían tomado los españoles, además de las soluciones que nos cede en las siguientes líneas. El autor es realista; puede percibirse cuando remarca que resta un ingente trabajo por hacer (página 64), pero eso no significa que debamos sentirnos intimidados al respecto, sino felices por tener presente que no todo está perdido: “Pero España prevalecerá” indica el último párrafo del libro. “No tengo duda de ello. Jamás la he tenido”. (Página 65).

Alba Lobera

Luchando contra un #MundoViperino, con la ambición e ilusión del primer día. Periodismo, Filología Hispánica, docencia en ELE, Community Manager, locución y doblaje. Comunicación transparente y rigurosa. Investigación.

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