Sin autoestima ni motivación

Me gustaría hacer un par de incisos o matices aclaratorios sobre este escrito, un escrito a modo de hipótesis personal, de una vivencia aciaga y  personal, la mía, valga la redundancia. En mi opinión, se da en ambientes autoritarios y anárquicos. Como digo, ambientes, desgraciadamente a día de hoy, en auge, e introducidos en la política y en general de ámbito laboral, social, cultural, moral, etc…  Este escrito nace de una vivencia personal y sin otro objetivo o ánimo, que el de intentar cambiar los despóticos dogmas que, por desgracia, siguen existiendo en nuestras vidas.

Sin más preámbulos, comenzaré diciendo que cuando los sentimientos negativos empiezan a aflorar y son frecuentes, sin duda, es que algo anda mal. Cuando esto se da en un lugar, cuando esto se da a diario, cabe preguntarse si merece la pena, seguir en ese lugar o poner por delante tu salud, tanto física como psíquica o mental. Pues es sin duda un ambiente tóxico, y los daños para con sus víctimas, además de grandes pueden ser irreparables.

Cuando el liderazgo es pasivo y agresivo, donde se dan reuniones secretas, con bulos, rumores, en fin, todo tipo de actos conspiranoicos y destructivos, hacia sus subordinados, el índice de negatividad, llega a su máximo nivel. Estas y otras cosas de una forma rutinaria o a diario, hacen que la autoestima de las personas verdaderamente decentes, honradas, y trabajadoras, se vea seriamente afectada.

Si en tu lugar de trabajo se dan los problemas de rol, la sobrecarga de trabajo, los compañeros tóxicos al extremo, por darse en una gran mayoría, una característica común, como es la envidia y una falta de compromiso en la organización, todo esto lleva a una situación del todo insoportable, por los supuestos derechos o igualdad que se concede a algunos, en mi opinión meros y simples privilegios, privando de unos derechos muy justos y merecidos a otros, con lo que se crea o fomenta la mayor de las desigualdades, y una falta de respeto hacia estos últimos por parte de la organización, sin parangón ni justificación lógica de ningún tipo.

Lo arriba expresado, lleva a una mala actitud de la jefatura, una conspiración diaria de los compañeros favorecidos, los cuales restan crédito al verdadero trabajador y a su trabajo. Este último, casi siempre hace el trabajo de otros compañeros aparte del suyo, sin recibir un reconocimiento de ningún tipo. Esto hace que los compañeros se crezcan y sean cada vez más insubordinados, el taller termina por convertirse en un campo de batalla, pues la jefatura o dirección se hace acomodaticia, y por lo tanto ineficaz, dando rienda suelta a una permisividad exagerada al extremo y por supuesto a conveniencia.

La mayoría de los subordinados, empleados o compañeros, no se rigen por las mismas normas, es decir,  no hay conocimiento real del trabajo, pues las ideas no se han sabido comunicar o se ha hecho a conveniencia.

Una organización que se olvida completamente de las verdaderas y prioritarias necesidades básicas de sus empleados, pues el carácter envidioso de unos, se transforma en un desmedido egoísmo de estos y un carácter megalómano en los otros, los cuales, estos últimos, sólo miran por sus prioridades o necesidades personales y de empresa, aplicando una estrategia cuanto menos arbitraria, lo que automáticamente la hace del todo autoritaria.

Postulándome en un empirismo personal, diré que la gestión del tiempo es penosa, por no decir inexistente, cosa esta que provoca una actitud irritante en la mayoría de la plantilla, tanto en los empleados, es decir, mandos intermedios y jefes, como en los trabajadores. Se llega a un punto en que los trabajadores no cuentan, pasan a ser parte del mobiliario, pues solamente valen las decisiones de unos, los cuales son los únicos que tienen potestad para tomarlas, creando un ambiente autocrático en su estado mas puro. Se carece de expectativas reales, lo que lleva a demandar trabajos extremadamente complejos en unas circunstancias surrealistas, como son horquillas de tiempo muy acotadas o restringidas, lo cual lleva a una carencia o falta de creatividad, por lo que siempre están a la defensiva ante cualquier crítica o sugerencia.

Cosa o hecho que lleva a la gente realmente decente, honrada, trabajadora, a una falta de entusiasmo, y a una desmotivación muy difícil de superar, pues ven como todos los días, sus jefes permiten que estos últimos carguen con el trabajo más pesado, mientras otros disfrutan de un tiempo libre del todo inmerecido, en forma de una supuesta igualdad, mero privilegio.

La verdadera igualdad tiene que sustentarse en la justicia, es de esta forma, por la cual, se consigue una verdadera libertad, pues tenemos igualdad, porque amamos la justicia y viceversa. Es decir, primeramente hay que crear o legislar unas leyes o normas que todos sin excepción tenemos que cumplir, y el que no las cumpla debe y tiene que ser castigado o sancionado, y es así como se consigue una convivencia en un ambiente sano, y no al contrario.

Es lo que siento, y así lo expreso, creo, dejo claro, que me considero una de las muchas víctimas que seguro hay en esta vida a lo largo y ancho de nuestro mundo. No es mi intención buscar culpables, sino soluciones, soluciones reales, a unos problemas reales.

Leyendo entre líneas mi escrito es fácil dilucidar y de una manera fiel, las políticas progresistas de izquierda, las cuales, recogen nuestros actuales empresarios de una forma arbitraria, adueñándose únicamente de los derechos y desechando sus obligaciones. Dicho de otra forma, exigiendo cirujanos con remuneraciones de matarife. Penalizando el esfuerzo, el trabajo y premiando la inmundicia, falsedad y alcahuetería. Es decir, un parasitaje descarado y confeso.
Como digo es una hipótesis u opinión personal, de algo que creo, me sucede a mi, no es con una intención de descalificar ni demonizar a nadie, sino con ánimo de ayudar a una buena y sana convivencia laboral. Dicho esto, haya cada cual con su conciencia, si alguien se siente identificado con lo expuesto en este escrito, tendrá que hacer un examen de conciencia a modo personal, pero nunca culpar de cualquier error en el que haya podido incurrir por su carácter o actitud, del todo arbitraria e irresponsable, a un mero consejero emocional. A un francotirador del pensamiento, a un aprendiz filosófico.

Santos Trinidad

Cristiano católico, creyente no practicante. De derecha, amante de la libertad, basada en una igualdad sustentada en la justicia.

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