Servicio público es respetar al público

Juan: Perdona Paco, necesito que me hagas un favor y me atiendas en la Administración Pública con un señor mayor.

Paco: Juan, sólo te atiendo si ha pedido cita previa por internet.

Juan: Es un señor muy mayor y no puede.

Paco: Pues si no puede que aprenda.

Juan: Se lo hago yo (pensando que es tu trabajo y no te cuesta nada facilitar las cosas).

Paco: Luego tiene que venir a la hora y día, esperar cola y, cuando le toque, veré si puedo ayudar.

Juan: Muchísimas gracias Paco.

Esta conversación es tan real como la vida misma. Los funcionarios, como servidores del público para realizar un servicio público, al ciudadano, al que deben de servir, en demasiadas ocasiones, lo están tratando así. No dejaré de reconocer que algunas honrosas excepciones lo hacen de otras formas y maneras.

Recordar que, cuando yo tuve covid19 en pandemia y llamé a un Juzgado por haber perdido la voz, la contestación recibida (tranquilos no desvelaré nunca funcionario ni juzgado concreto) fue “bien te podías haber muerto y así trabajamos menos”, todo un ejemplo de empatía, respeto, servicio y profesionalidad, al que, aún si lo hubiera denunciado, no le hubiera pasado absolutamente nada.

Curiosamente, Paco se presentó el otro día en mi despacho y …

Paco: Juan, necesito que me ayudes para un tema que me angustia y que lo dejes todo para acompañarme esta tarde.

Juan: (no exento de mala leche) Paco, no has pedido cita previa, ni te han dado día y hora, ni has esperado en la sala, ni sé si puedo o no ayudarte.

Paco: Déjate de zarandajas que te necesito.

Juan: Cuéntame anda, vamos a trabajar, pero te recuerdo las exigencias que me pediste tú el otro día.

Por la tarde, acompañamos a Paco y este se enfrentó con otro profesional al que denigró públicamente en su profesión, motivo por el que no me quedó otro remedio que reprenderle, recordándole que ese profesional se estaba ganando el sustento, que a él no le había faltado y que ponerle en solfa le podía provocar la pérdida de ingresos y clientes.

Paco: no me jorobes ¿que no le puedo decir lo que pienso a este mindundi? Es un estafador y se merece no tener un cliente.

Juan: Paco, no es un estafador, te está intentando ayudar, no puedes decir esa burrada de quien te recibe en su despacho, te está informando de una situación, te está facilitando documentación para que salves tu situación, te está ofreciendo soluciones y te está tratando con respeto para, finalmente, con tus improperios, poder perder su sustento. Si yo me acercase a la Administración donde trabajas y criticase el modo de atención, la falta de empatía, la falta de respeto y de profesionalidad de los que en ella trabajan, no tienes más riesgo que el de un disgusto, pero nunca perder tu trabajo y, la próxima vez que yo acuda, me tratarás peor, dañando al cliente o persona a la que yo acompañe. ¿Te gustaría correr igual suerte?

Te recuerdo que todos los funcionarios, desde el más alto del escalafón, de cualquier administración o poder, prestan un servicio público y, por tanto, deben un respeto a los ciudadanos a los que deben de atender facilitando en todo momento lo que precisen, sean conserjes o Magistrados del Supremo, que cuando yo me acerco a la administración lo hago a un servicio al ciudadano que debiera de ser de la más alta calidad y respeto; pero, cuando ellos acuden a mi despacho, donde les concedo el mejor de los tratos, lo hacen a mi casa y puedo rechazarlos como clientes.

Cada vez que yo me acerco a la administración, los funcionarios han cobrado su salario, prestan su servicio al público que acude y no corre riesgo su puesto. Pues bien, cuando yo no te cobro por mi trabajo, te atiendo en mi despacho y te soluciono un problema, te estoy regalando el pan de mis hijos, ofreciéndote mi tiempo con el que trabajo y mantengo a mi familia y, si no te gusta mi servicio o no consigues lo que pretendías, por más que el trabajo esté bien hecho, puedes dañar mi imagen y hacerme perder clientes que me respetan, me valoran y me conceden el sustento.

No quiero dejar una imagen de mal trato, ni de falta de atención de todos los funcionarios, pues sería una canallada por más que no tiene más efecto que un daño moral al resto, pero sí quiero exigir que los que se dedican al servicio público como profesión, en cualquiera de sus estadíos, muestren respeto por los que a ellos acudimos, nos concedan el trato que merecemos y sean ellos los que denuncien o reprueben a aquellos compañeros suyos que no lo hacen para, de este modo, otorgar y recibir un servicio público de calidad, pues sea uno o mil los que no lo conceden, no estamos recibiendo los servicios que nos merecemos, por más que alguno diga (me lo escuché al llamar diciendo que no podía acudir por tener Covid19) “mejor nos debiéramos haber muerto para que ellos trabajen menos” y añado “cobren más”.

Pese a todo, a los grandes funcionarios que sirven al público con honradez, esfuerzo y dedicación: ¡MUCHAS GRACIAS!

 

Enrique de Santiago Herrero

Abogado. Máster en Ciencia Política. Diploma de estudios avanzados en Derecho Civil Patrimonial. Derecho penal de la empresa. Colaborador y articulista en diversos medios de comunicación escrita, radio y televisión.

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