Salir del armario ideológico

Corrían los años más grises de la legislatura de Rajoy – si es que los tuvo brillantes alguna vez -, donde la falsa supremacía de la izquierda iba ganando la batalla. Se iba afianzando el marxismo cultural introducido por Zapatero y continuado por el PP. Era la fase de conquista:
 
– Las redes sociales se iban inundando de simpáticos animales con comportamientos humanizados, a los que se empezaba a poner en la misma escala que el hombre, y al hombre blanco hetero en la misma escala de las lechugas. «Necesitaban urgentemente» una organización que los defendiera (a los animales, digo). 
 
– Empezaba a promocionarse una alimentación que excluía cualquier animal o derivado. Surgió entonces una especie de Pigs Lives Matter frente al Museo del Jamón de Madrid. Nada hacía presagiar entonces que la vaca fuera a ser declarada un animal maldito debido a sus flatulientas emisiones de metano. Por la misma razón habría que someter a estudio a los veganos. En principio se presentó como una sana opción alimenticia, para acabar en imposición con sus manifestaciones activistas y una guerra al chuletón.
 
– El amor entre personas del mismo sexo, que ya se amaban libremente, «necesitaba» una organización que los defendiera, y que luchara por el reconocimiento de los distintos sexos y orientaciones sexuales. 
 
– Las mujeres, que hasta entonces habían escogido su profesión desde la libertad y aunque ya existían medidas legales para combatir la brecha salarial, empezaron a «necesitar» que se defendiera su igualdad a base de cuotas supremacistas y privilegios.
 
– Los maltratos entre parejas de distinto sexo empezaron tener distinta consideración ante el código penal, dependiendo de si quien los ejercía era un hombre o una mujer. Se criminalizaba al hombre (blanco hetero) por el hecho de serlo. Sólo los violadores y asesinos eran recuperables para la izquierda.
 
– Ciudadanos que habían trabajado durante toda su vida, empezaban a ver como se les recortaba sus derechos. Estábamos en una eterna crisis que parecía afectar sólo a españoles. Se hacía cada vez más visible y numerosa una inmigración ilegal que asaltaba las fronteras, a la que sólo por pisar suelo español ya se le otorgaba privilegios. Nos habíamos convertido en ciudadanos de segunda en nuestro propio país, con un Gobierno que exprimía a impuestos a una cada vez más debilitada clase media para mantener la inmigración masiva, los chiringuitos creados por la izquierda y a una mastodóntica industria política con sus reinos de taifas.
 
– Se despreciaba todo símbolo que nos identificara como nación.
 
– Declararon como prioridad abrir las cunetas de España buscando restos óseos de los caídos en la Guerra Civil, siempre que fueran republicanos. Si los restos eran del bando nacional, se tapaban a toda velocidad, no les fueran a destrozar su relato. 
 
– Se atacaba a la religión. Alguna «carga pública» se ganó su puesto en el Ayuntamiento contando como mérito en su currículo, haber entrado con el torso desnudo en un iglesia gritando «¡Arderéis como en el 36!».
 
– El castellano o español, declarado lengua oficial por la Constitución, se rebajaba a la categoría de otras lenguas habladas en España, compartiendo cooficialidad hasta con el aranés.
 
El comunismo estaba instalándose a través del marxismo cultural, con el disfraz de progresismo casposo, oxímoron. Quien se atreviera a discrepar era etiquetado de homófobo, xenófobo, racista, machista, facha y franquista. Todos los partidos políticos aceptaron el consenso. En el caso del PP, no sólo lo aceptó y votó para que se llevaran adelante todas sus leyes, sino que además comenzó a llevarlas en su programa. Cs, que en un principio parecía disentir de estas doctrinas, terminó siendo el mejor aliado de la izquierda. 
 
Una parte de ciudadanos, los que no aceptaban esa dictadura ideológica, se sentían cada vez menos representados, más decepcionados y más abandonados. Y entonces surgió. El 7 de octubre de 2018, VOX dió un mitin en la plaza de Toros de Vistalegre ( Madrid). Fue un día histórico en la trayectoria de VOX que marcaría un antes y un después en la política de España. Apareció Santiago Abascal, con un inicio de discurso que resumiría la trayectoria patriótica de VOX hasta nuestros días, abriéndonos un camino a la esperanza : «Estáis aquí por España». 
 
Sentimos un despertar de «la España viva», la que había estado dormida. Salimos del armario político. Más que un partido, me atrevería a calificar a VOX como de una corriente de pensamiento. Los que comprendimos a VOX no hemos vuelto a ser los mismos. Cuando pierdes el miedo a las etiquetas, pierdes el miedo a decir la verdad. VOX nos ha desarrollado un espíritu crítico. Este efecto se refleja ya en otras facetas de nuestra vida, no sólo en la política. Nos ha costado enemistarnos con familiares, amigos y compañeros de trabajo. Nos dimos cuenta de que las relaciones eran más fáciles cuando nadie contradecía las estupideces e incoherencias de ese consenso progre, que en ocasiones coincide con un buenismo bobalicón tan perjudicial para los intereses de España y de los españoles. 
 
VOX vino a reabrir debates que la izquierda creía tener ganados y cerrados. Tal vez habría sido así de no aparecer esta formación dispuesta a presentar la batalla cultural y a defender a los que disentimos. No sé si VOX  nos ha dado las claves para saber cuándo disentir, o si los que disentimos nos vemos representados por VOX.
 
No sé si un partido político llega a captar a la gente, o es la gente la que ya tiene una predisposición a pertenecer a un determinado partido político y no a otro. 
 
¿Qué fue antes, el huevo o la gallina?. La única certeza que tenemos es que el huevo no habría existido si el gallo se hubiera autopercibido gallina.

Norma Vega

No soy informadora, soy analista. Estamos en la era de la desinformación, de la performance política, así que al leer una noticia me pregunto: quién la emite, a quién beneficia y a quién perjudica, como si de un presunto delito se tratara, al fin y al cabo, una información falsa debería serlo.

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