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Revolución y golpe de estado: ¿Qué diferencia hay, en realidad?

Comentario sobre la terminología historiográfica

Estamos dando por sentado muchos términos y muchos hechos históricos que necesitan una revisión seria si queremos conocer la verdad.

Me gustaría hacer un comentario, deseando profundamente que se me comprenda, sobre la terminología historiográfica que aparece en los libros de historia que hablan sobre esta etapa,  porque considero que es inadecuada y, en cierto modo, engañosa.

El término “Revolución” se aplica a movimientos violentos, físicamente muy violentos, desarrollados por políticos de ideología de izquierdas para acabar con el gobierno existente, mientras que si esto es protagonizado por políticos de derechas o militares, se llama “Golpe de Estado”.

El valor connotativo de la palabra “Revolución” esto es, el conjunto de ideas que van ligadas a la palabra, es siempre muy positivo. Tiene un cariz incluso romántico, joven, apasionado, espontáneo, lleno de sentimientos,  iniciado por gente que quiere cambiar las cosas, y también de lucha por unos ideales de libertad contra una opresión. (Nada más lejos de la realidad. Suelen estar muy planificados y dirigidos por una oligarquía de políticos que utilizan la violencia del pueblo apelando a su irracionalidad, para obtener el poder, aunque luego les convencen de que el poder lo tiene el pueblo.)

No comprendo la existencia de ese sentido positivo del término “revolución”, tan asumido por la gente de la calle, si no es por imposición, muchas veces engañosa y solapada. Si miramos las dos grandes revoluciones de la historia como son la Revolución Francesa y la Revolución Rusa, ambas están teñidas de sangre de ciudadanos pacíficos como nunca había sucedido en ningún lugar del mundo en toda su historia, y nos encontramos, en ambos casos con dictaduras represivas mucho más sangrientas (Robespierre, Napoleón , Lenin, Stalin”).

Todas las revoluciones necesitan una guerra civil, es decir, provocar el exterminio de los no afectos a la revolución y mantener así únicamente a la población más dócil, más manipulable.  Por lo tanto, por honestidad profesional, los historiadores  debemos corregir el concepto equivocado que tienen los alumnos de historia y la gente de la calle sobre las bondades y el romanticismo del término “Revolución”.

Por otro lado, la palabra “Dictadura” tiene un valor connotativo muy negativo: significa imposición, opresión, represión, pérdida de libertad, atraso, pobreza, hambre, aislamiento, etc. Además, esta palabra se transmuta en un ridículo eufemismo cuando, tras la “Revolución”, aparece un gobierno unipersonal y con un solo partido (características intrínsecas de cualquier dictadura), de izquierdas puesto que se le llama “Régimen”; así tenemos el “Régimen castrista” en Cuba; “Régimen comunista” o régimen maoísta” en China o el “Régimen estalinista” en Rusia. (Permítanme que aporte este dato anecdótico: en Cuba se dice que la mejor forma de adelgazar es siguiendo el “régimen” comunista).

En la Grecia donde nació la democracia (Atenas) existía una forma de gobierno alternativa que fue buscada y aceptada por la población e incluso por los políticos cuando la situación en la ciudad-estado y en el gobierno de esta, era caótica e insalvable políticamente hablando, era la “Tiranía”.

En lengua griega, la palabra “Tirano” significaba, τύραννος [týrannos], «rey soberano, gobernante de una polis, el que tiene el poder absoluto, unipersonal», el que asume el poder derrocando el gobierno anterior apoyado por la población o por militares. Tenemos aquí que ambos términos, “Revolución” y “Golpe de Estado”, se unifican en un solo término: “Tiranía”; en el primer caso es la tiranía apoyada por el pueblo y en el segundo, la tiranía apoyada por el ejército. Durante el siglo VI a. de C. aparecieron muchos tiranos en las polis griegas, y su forma de gobierno era siempre favorecedora del pueblo, de los campesinos, daban paz y seguridad, y reconstruían la dignidad, la economía y el desarrollo de la Polis.

El problema venía cuando esa Tiranía se convertía en hereditaria, -no es tan raro que una persona que va contra los reyes, es decir, republicano, convierta su cargo en hereditario; miren ustedes el ejemplo de Fidel y Raúl (este último no elegido por el pueblo,… el otro tampoco) aunque lo hayan maquillado de democracia nombrando a un títere-. En esos casos, más pronto o más tarde, el propio pueblo se encargaba también de derrocarlo.

Teniendo en cuenta lo dicho, debemos reflexionar sobre la veracidad del término “Revolución” aplicado a la insurrección de Jaca (12-dic.-1930) o a la Asturias (5-19-oct.-1934) porque no da una visión exacta de de la realidad. Yo creo que no estamos hablando con propiedad y estamos engañando inintencionadamente, pero algunos, deliberadamente, a los lectores.

Es muy probable que algún historiador malintencionado pregunte: ¿José E. Catalá está diciendo que la dictadura es mejor que la democracia?

(Con esa capciosa pregunta estarían manipulando a los lectores haciéndome parecer “sospechoso”. Por favor, no sean tan simples, no se dejen engañar.)

Siempre he pensado en ser una persona que busca la verdad, es decir, un Historiador. Un científico que no se dedica a valorar (decir si le gusta o no le gusta) los hechos históricos, sino a explicarlos o exponerlos con la mayor exactitud posible, pero que no se adhiere a causas políticas para favorecerlas, porque rompería, de ese modo, su imparcialidad y, con ello, su credibilidad. (También perdería la hache mayúscula).

 

José Enrique Catalá

Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Valencia. Especialista en Hª Medieval. Profesor. Autor del libro: Glosario Universitario.

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