Revolución comunista en España (1): Las profecías de la Virgen en Ezquioga

Como cada comienzo de año, se produce en las conciencias el llamado «síndrome de Jano», quien en la mitología romana era el dios de las puertas, los comienzos, los portales, las transiciones y los finales. Por este motivo, se le consagró el primer mes del año, que recibe de él su nombre, ya que se le representaba con dos cabezas que miraban en direcciones opuestas: una hacia el año que había pasado, y otra hacia el futuro, hacia el año que recién comenzaba.

Esta mirada hacia el futuro que representa el nuevo año ha originado la costumbre de profetizar sobre el futuro que se abre ante nosotros en los próximos 365 días, elaborando vaticinios y presagios sobre todas las esferas del devenir humano. A esta labor se aplican tanto los videntes, los rappelaramis, los aprendices de brujo, los hierofantes… como los politólogos y economistas, los sociólogos, y etcétera.

Pero, a la hora de volver nuestra cabeza al futuro, las profecías que  cuentan con más garantías y credenciales son las que la Virgen revela en sus apariciones, justamente porque son las que siempre se cumplen.

Y en España hemos tenido varias, marcadas por un trágico destino, ya que han sido sistemáticamente anatematizadas, hasta el punto de haber sido perseguidas implacablemente, o haber caído en el olvido más letal.

Y, en estas revelaciones marianas, ocupan un lugar especial las apariciones de Ezquioga, pues tienen una capital importancia a la hora de explicar la revolución frentepopulista que devastará España este trágico año que nos aguarda. Y también a la hora de dar a los españoles un rayo de esperanza frente al apocalipsis que se anuncia.

El 30 de junio de 1931, a la hora del ángelus verpertino, en el municipio vasco de Ezquioga, los niños Antonia y Andrés Bereciartua revelaron que la Virgen se les había aparecido. En muy poco tiempo, la noticia se extendió rápidamente,  hasta el punto de que se calcula que la campa donde se producían las apariciones tuvo un millón de visitantes en 1931, con un pico de asistentes de 70.000 personas el 16 de julio de 1931.

La Virgen aparecía como Mater Dolorosa, con una espada en una mano, y el Rosario en la otra, lo cual se interpretó como el presagio de una guerra, sin que nadie acertara a comprender que el Rosario era la alternativa pacífica a la espada. En otras visiones, la Señora apuntaba con su espada a los cuatro puntos cardinales.

Una particularidad de estas apariciones es que,  además de los videntes, la Virgen también se manifestó a mucha gente, tanto habitantes de Ezquioga, como peregrinos.

Como suele suceder en estos casos, las apariciones fueron acompañadas de episodios de histerismo, éxtasis, y otros fenómenos más o menos sobrenaturales, en un ambiente de gran fervor religioso. La conmoción fue de tal magnitud, que el mismo Pío Baroja escribió en 1932 su novela Visionarios, la cual fue llevada al cine en 2001 por Manuel Gutiérrez Aragón. Gregorio Marañón fue comisionado por la república para investigar las apariciones, pero, tras conocerlas, declaró su incompetencia para estudiarlas, pues no pertenecían a la dimensión de la medicina.

Como sucedería más tarde en los años 60 con Garabandal ―aunque en menor medida―, las apariciones sufrieron una implacable persecución por parte de autoridades eclesiásticas y civiles, hasta el punto de que Múgica ―el obispo de Vitoria que había sido represaliado por la república, y que había vuelto a sus diócesis en 1933―  prohibió a la niña Benita Aguirre la recepción de los sacramentos, le prohibió que se le apareciera la Virgen, y amenazó de excomunión a sus padres si la niña tenía visiones en casa. El obispo prohibió que los párrocos dieran la comunión a los videntes que tuvieran apariciones y a los laicos que acudieran a la campa. La represión fue tal, que hubo videntes que pasaron por el manicomio. El nacionalismo vasco execró las apariciones, ¡porque María no hablaba en vascuence!

Como su primera manifestación había tenido lugar a los dos meses de la instauración de la República, tras los salvajes atentados contra instituciones religiosas de mediados del mayo anterior, las apariciones de Ezquioga adquirieron adquirieron enseguida un marcado cariz político, hasta el punto de que se las consideró como parte de una reacción de la derecha contra el triunfo republicano.

Como es tradicional, en las revelaciones de Ezquioga ―publicadas en un libro del cual tengo una copia― la Virgen hizo unas predicciones sumamente inquietantes referidas al mundo en general, en la misma línea apocalíptica de otras revelaciones recientes, pero con la particularidad de que detalla esas predicciones para España, hasta el punto de que los sucesos que vaticinaba para nuestra Patria constituyen un episodio fundamental del futuro Armageddón, aunque tendrán lugar dentro de un marco más amplio, de escenografía apocalíptica.

En efecto, la Virgen transmitió en Ezquioga revelaciones centradas en el futuro de España, tanto del inmediato ―alertando de  una futura guerra en España, que fue la Guerra Civil de 1936-1939―, como del más lejano, alertando sobre una amenaza comunista en un futuro más lejano. Ése que ya tenemos precisamente aquí.

Estas profecías pueden ocasionar  en un principio algo de confusión, pues la escala temporal en la que se desarrollan los sucesos predichos puede referirse tanto al período anterior a la Guerra Civil como a la actualidad, pero interpretándolas desde los acontecimientos que se están produciendo en la actualidad, las dudas se disipan sin problema, pues el trasfondo más importante de estas profecías ―obviando el anuncio de una Guerra Civil devastadora que sí se produjo― es el advenimiento en España de una revolución comunista, de breve duración, pero catastrófica: justo la que se está maquinando en estos días por las luciferinas fuerzas del globalismo a quien sirven nuestros nefandos políticos.

En efecto, María insistió en que pronto vendrá una persecución muy grande contra los cristianos, teniendo muchos de éstos que huir a los desiertos; que esta persecución vendrá cuando los comunistas se hagan dueños de España, los cuales martirizarán a muchos de aquéllos, aunque el comunismo durará muy pocos días; sin embargo, mientras dure quedarán arruinadas muchas partes de España, a la cual dejarán en completa miseria. 

A simple vista, este vaticinio mariano podría referirse al holocausto católico perpetrado por el Frente Popular; sin embargo, el corolario de la profecía hace entrever claramente que la Virgen no se está refiriendo a los desmanes de la Segunda República, sino de una Tercera, como parece desprenderse de estas palabras: «Muchos creen que cuando haya desaparecido la República española, habrá paz, mas están muy equivocados; la Santísima Virgen nos previene para una lucha mayor».

Desde este enfoque, después de la desaparición de la Segunda República advino la España de Franco, donde no hubo lucha, ni mayor ni menor ―el maquis no cuadra como protagonista del conflicto anunciado por la Virgen―, así que la contienda que anuncia María debe aplicarse a un futuro más lejano.

Esta interpretación se refuerza sobremanera en otra profecía mariana sobre el mismo tema: «¡Ay de ti, España! Naciones se reunirán en ti y tus hijos más ilustres serán dispersados. Es seducida España por el mal gobierno. Aquí los pájaros han hecho su nido. La Monarquía está llena de engaños y asechanzas ―esta profecía es de los años 30, en plena Segunda República, luego se está refiriendo a la época actual en que tenemos Monarquía como forma de gobierno―. Las noblezas se han deshecho en vanas palabras. Sólo habrá paz en España mientras Yo reine, por medio del gran Monarca, el Rey de todo el mundo, el rey escogido por Mí».

«Los pájaros han hecho su nido»… ¿A qué se refiere esta metáfora?  En mi opinión, a los pajarracos negros del odio, de la cristofobia, de la hispanofobia… los cuervos que nos sacarán los ojos por un tiempo, los milicianos que, salidos de sus madrigueras y sus ataúdes, vuelven con su puño en alto, sedientos de sangre española, de sangre católica.

En sus predicciones, la Virgen expone en Ezquioga un certero diagnóstico del aparatoso lavado de cerebro que ha lobotomizado al pueblo español: «La pobre España que palmo a palmo ha sido conquistada por la Cruz se ha convertido en un pueblo de ilotas, que corre al precipicio y lucha por romper sus tradiciones, su historia y su propia manera de ser». Ésta es la causa del triunfo temporal del comunismo cristofóbico en nuestra Patria, producido por la tremenda apostasía de un pueblo que fue regalado por la Providencia por un cúmulo de gracias y bendiciones.

Las palabras de la Virgen sobre la futura instauración de la Tercera República son contundentes: «Esta República impía que reposa en España, cuya aparición ha sido señal de castigos venideros, pronto será totalmente arruinada; más aún (todavía) vendrán tiempos peores. Los comunistas se apoderarán de España y sacarán fuera de ella a los buenos, y mientras los buenos estéis fuera castigaré cruelmente a toda España sin temer nada…. Y es en este tiempo en el que vendrá el reinado del Sagrado Corazón de Jesús, pero este reinado será interior».

Otro denominador común de las revelaciones marianas de Ezquioga es que ―como ya hemos señalado― este advenimiento del comunismo en España será breve: «Escuchad, oh pueblos, que habitáis España… Tiempo vendrá en que gozaréis de la verdadera y antigua libertad, pues destruida será la libertad falsa de que se están sirviendo estos impíos. El gobierno tiránico será aniquilado, a pesar de sus terribles esfuerzos, y la verdadera religión florecerá en toda España».

Cinco días durará el comunismo en España, y luego sobrevendrá el Gran Castigo, el cual, según la descripción que da la Virgen, se asemeja mucho a los famosos «Tres Días de Oscuridad» que precederán a La Segunda Venida de Cristo: «Durante el castigo habrá cinco días de comunismo y en tres día caerá fuego y no amanecerá. Que durante estos tres días nadie salga de casa, pues los hombres confundidos empezarán a matarse unos a otros. París será carbonizado, Marsella tragada por el mar, Cataluña tiene sobre sí mucha carga; Madrid, Málaga, San Sebastián  y Barcelona, son las que tienen más carga… habrá una enfermedad contagiosa de la que morirá mucha gente… Después reinará Cristo».

Tampoco faltan en estas revelaciones las alusiones a la gran batalla de Los Pirineos, donde la decisiva figura del Caudillo del Tajo vencerá a las fuerzas del mal que quieren destruir e invadir España.

Podrán creerse o no estas profecías, pero el caso es que los vaticinios sobre la Guerra Civil se cumplieron, y también aquél en el cual anunciaba la aparición de un «ángel» que salvaría a España de la destructora República… ¿Quién fue este «ángel»? Pues ni más ni menos que Francisco Franco, como lo afirmaba sorprendentemente el diario «Público», nada sospechoso de simpatías franquistas: «Entre los mensajes de los visionarios que lo medios recogían sin parar se repetía una clara revelación que resultó increíblemente cierta: “Dentro de cinco años justos se iniciaría una guerra, y que un Ángel Salvador sería el destructor de la República”, con una clara referencia a Francisco Franco». (https://www.publico.es/sociedad/verano-1931-aparicion-virgen-vaticinaba.html). Cosas veredes.

Estas profecías sobre el futuro de España, centradas en una revolución comunista, fueron recogidas y precisadas por las apariciones de Garabandal, que estudiaremos en el siguiente artículo.

(Las apariciones de Ezquioga están recogidas en el libro «Los hechos de Ezquioga ante le razón y la Fe». del P. Amado de Cristo Bruguera, del que solamente quedan 10 ejemplares)

 

Laureano Benítez Grande-Caballero

Sevillano, profesor de Historia jubilado, escritor de 35 libros, la mayoría de tema católico. Articulista en muchos medios digitales patrióticos, tertuliano ocasional en Radio Ya, imparte conferencias por toda España sobre el Padre Pío de Pietrelcina. Sus últimos libros publicados son EL HIMALAYA DE MENTIRAS DE LA MEMORIA HISTÓRICA, y LA PATRIA TRAICIONADA: ESPAÑA EN EL NUEVO ORDEN MUNDIAL.

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