Reprobación

Es una incontestable certeza que nuestra política contemporánea es una dictadura silenciosa. Es innegable que tras la declaración de Alfonso Guerra, ese socialista aparentemente moderado por su condición de felipista, este último un sector del socialismo blanqueado y transversal, haciendo suya la definición o concepto de socialdemocracia.

Un movimiento político en el cual cualquier ideología tiene cabida por lo que no se le conoce una ideología definida. Aunando o agregando a esas políticas sociales nocivas, las que justifican la revolución por la lucha de clases y fomentan la esclavitud. Esa conveniente y muy apetecible política de la oligarquía caciquesca, la cual fomenta y defiende la lucha de partidos, la lucha por los sillones y los despachos.

Volviendo a las desafortunadas pero muy rentables declaraciones del citado socialista pata negra Alfonso Guerra «Montesquieu ha muerto», este hizo renacer esa hegemonía totalitaria de las políticas marxistas, dando lugar al control por el gobierno de los cuatro poderes, dando lugar a una prevaricación y corrupción sin parangón y con absoluta impunidad para toda esa turba de sinvergüenzas y parásitos que hasta día de hoy componen nuestro panorama político, haciendo de las vulgares razias llevadas a cabo por sus hordas y huestes, con el único objetivo del pillaje y el botín una legítima y casi legal forma de hacer política, postulada en el robo, el secuestro, la extorsión y el asesinato.

Una corrección política cuya característica principal es censurar, suspender o simplemente reprobar a su disidencia ideológica, aunque está última esté postulada y sujeta a la ley, como así ha ocurrido en el Ayuntamiento de Madrid y cito literal: «El Ayuntamiento de Madrid reprueba a Ortega Smith por su «falta de respeto» a las víctimas de la violencia de género».

¿Con qué autoridad, rasgo o rastro moral se reprueba a Ortega Smith o a la ley? Y ¿quiénes son los que la reprueban?

Lo citado arriba es otra certeza, véase la reacción de juristas, periodistas, políticos y un sector de la sociedad pidiendo la única cabeza sensata y demócrata en la cuestión referida. La citada cuestión trata de unas palabras de Ortega Smith sobre la totalitaria ley de género.

Una ley que además de imperativa y totalitaria es un fraude, una forma de vida para los gandules, para ese ciudadano subvencionado por ese otro ciudadano decente, honrado, el de la España que madruga desde que nace hasta que muere y ha sido creada por esa nociva ideología progre, correcta, buenista, en fin, la izquierda más radical desde hace casi 90 años.

España se rige por un sistema un código de normas y leyes, con una supuesta independencia, hasta que llegaron los marxistas, cuyo código u orden se basa en la jerarquía, y cuyo fin es el de garantizar y ofrecer una verdadera igualdad, una verdadera justicia y una verdadera libertad.

Como ya he dicho, se postula en un orden de jerarquía, la norma más alta o de mayor rango es nuestra Constitución, y esta dice en su artículo 14 lo siguiente:

«Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social».

Por lo que no entiendo como se puede descalificar, demonizar, censurar o reprobar, algo completa y absolutamente democrático y constitucional, como lo que dijo Ortega Smith en nombre de Vox.

Señores, las políticas deben adaptarse o agregarse a las leyes, nunca al contrario, pues eso supone la pérdida de la igualdad, la justicia y en lógica consecuencia de la libertad.

Personalmente creo que sin libertad la vida pierde su valor y belleza y total atractivo, por lo que la pregunta al sector mayoritario de la sociedad, el decente, honrado, el del sentido común,  ¿merece la pena vivir esta forma de esclavitud, o lo que es lo mismo, vivir de rodillas, o por el contrario es preferible morir de pie?.

Santos Trinidad

Cristiano católico, creyente no practicante. De derecha, amante de la libertad, basada en una igualdad sustentada en la justicia.

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