Reformas sociales que no benefician a la sociedad

"Solo el Gobierno se «alegrará» del intenso frío de este invierno".

Para enfocar bien todo proyecto de reforma social es necesario no perder de vista ni un solo momento la verdadera finalidad a la que se debe tender. Queremos una sociedad mejor organizada, una organización social más justa; un estado de cosas dentro del cual el individuo se sienta más amparado, mejor protegido.

Es preciso, por tanto, tener la vista fija en el puesto que hemos de otorgar al individuo dentro de la sociedad. Esta es la base fundamental de todo sistema igualitario y equidistante. ¿Es el individuo el que debe procurar el bienestar del Estado, o, por el contrario, es el Estado el que debe velar por el bienestar de los individuos? Ambas opciones tienen su razón de ser, tienen su lógica teórica, tienen sentido si las observamos y discutimos sentados en un cómodo sofá mientras tomamos un café, pero una de ellas ya ha sido dramáticamente experimentada en muchas sociedades, con resultados  humanos aterradores.

De este principio fundamental se derivan inmediatamente consecuencias prácticas de extraordinaria importancia. No podemos admitir un Estado omnipotente que exija en su propio provecho la subordinación absoluta de los individuos. El Gobierno es cosa perecedera y temporal, el individuo siempre prevalece.

La subida de la factura eléctrica es, a todas luces, una forma de recabar impuestos a los individuos diciendo que no les suben los impuestos. Los ciudadanos vamos a pagar con el dinero de nuestros bolsillos, no nuestros errores, sino los errores y despilfarros de los miembros (y miembras) de un gobierno inútil y soberbio, sectario y manipulador.

Los miembros de un gobierno no son más que funcionarios  interinos a los que les ha tocado «el gordo»; no se sienten responsables de su gestión a no ser que sea buena; ocultan sus errores y culpan de los infortunios que recaen sobre nosotros, generados por su nefasta gestión, a temas tan ridículos e inverosímiles como el fascismo (tan solo existente ya en sus retorcidas y enfermizas mentes).

Los miembros del Gobierno actual terminarán su contrato, bien o mal, pero su vida económica y la de sus hijos habrá quedado resuelta hasta la eternidad. Parece que hemos vuelto a los albores de la Revolución Francesa cuando existía el estamento social de los Privilegiados. Tal vez sea conveniente una Segunda Revolución para derribar ese estamento.

Sr. Sánchez, deje de hurgar en nuestros maltrechos bolsillos para tapar sus errores de gobierno. Saque el dinero que necesita para mantenerse en el poder, adelgazando el opresor aparato administrativo que usted no cesa de alimentar.

El peso del monstruo político-funcionarial nacido en los últimos cuarenta años está ahogando la vida de muchas familias españolas, especialmente, las que pagan con gran esfuerzo y con indignas estrecheces su propio sueldo, Sr. Presidente.

José Enrique Catalá

Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Valencia. Especialista en Hª Medieval. Profesor. Autor del libro: Glosario Universitario.

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Un comentario

  1. En España tenemos una gran industria política que poca gente es capaz de ver. Un capitalismo político basado en los impuestos y sin ofrecer ni producto ni servicio. Beneficio 100%

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