Antón de la Puerta DomecqAutoresColaboracionesOpinión

¿Radical o racional?

En el momento en que la derecha obvió la cultura y la ideología, y se dedicó en cuerpo y alma al más crudo capitalismo, la izquierda conquistó el campo de las ideas. Desde ahí está dando la batalla. Es hora de recuperar pasión, épica, principios…y de superar el pragmatismo económico y la corrección política… guiados por la razón ¡¡Seamos inactuales!!

Según la RAE, radical quiere decir  fundamental o esencial; total o completo; partidario de reformas extremas; extremoso, tajante, intransigente; perteneciente o relativo a la raíz.

A menudo las palabras tienen tantas acepciones que dependerá del contexto en que la utilicemos para que se llenen de sentido.

Al mismo tiempo, quien se hace acreedor de esa denominación, tiene la posibilidad de tornar el sentido presuntamente ofensivo en un sentido meramente descriptivo e incluso de aprobación.

Algunos lectores me han calificado como «radical». Nunca le di mayor importancia, pero me ha llevado a pensar qué supone para algunas personas ser radical. A lo mejor descubrimos que todos somos un poco radicales; o que es nuestro intento por alinearnos con los que Chesterton calificaba de “inactuales” lo que transmite esa imagen de radicalidad.

“A cada época la salva un pequeño puñado de personas que tienen el coraje de ser inactuales” Chesterton

¿Radical?

Radical por ser próvida sin excusas. Debe ser que hay cosas más importantes que la vida humana y que tenemos que relativizar esa defensa de la vida. Yo no voy hacerlo y rezo todos los días para no acostumbrarme al aborto.

Radical por oponerme frontalmente a la ideología de género. A lo mejor tenemos que adaptarnos a las nuevas doctrinas sociales que nos quieren imponer y cerrar los ojos al deterioro social que estas nuevas doctrinas nos traerán. No, gracias.

Radical por pensar que los vientres de alquiler son una forma de esclavitud de la mujer y que desnaturaliza la sublime función biológica de la maternidad. Quieren imponernos “jugar a ser Dios” mientras miles de niños esperan para ser adoptados, o millones son descuartizados en los vientres maternos. Yo no juego, ni jugaré.

Radical por creer en el derecho de los padres a elegir el tipo de educación que quieren para sus hijos ( mixta,diferenciada, laica, religiosa, español, catalán…) y en la financiación de la misma mediante el cheque escolar. Parece ser que lo correcto es aceptar el totalitarismo que nos impone el sistema. ¿Debería aceptar que Educación sea un arma de adoctrinamiento? Va a ser que no.

Radical por mostrar mi disconformidad con el hecho de obviar ideologías a favor de cuestiones económicas y no admitir que nuestros políticos pongan su permanencia en el poder por encima de los intereses de los ciudadanos. Quieren que aceptemos el relativismo y renunciemos a nuestros principios más elementales. No lo haré.

Radical por entender que la lucha de las mujeres en pos de  la igualdad se ha transformado en una lucha de intereses políticos al servicio del nuevo orden. ¿Debo admitir que lo moderno es desterrar la presunción de inocencia del hombre para empoderar el feminismo neomarxista, y plegarme a los dictados de Hollywood y #metoo?. Complicado, la verdad.

Radical por preferir la elección de Trump frente a la representante del nuevo orden mundial  y abortista empedernida, Hilaria Clinton. Hoy cada vez más gente se da cuenta de que, al margen de sus  toscas maneras y sus errores de bulto en temas como la guerra de Siria, la prensa demoniza al que representaba un obstáculo para la implantación de la ingeniería social que el progresismo radical de Clinton  pretendía. ¿Paso por el aro?. Improbable.

Radical por sostener que los sucesivos gobiernos españoles están gestionando pésimamente el golpe separatista. Los golpistas escapan;  Interior no desmonta el brazo armado del separatismo (los Mossos); Educación no ha garantizado a quienes quieren estudiar en español que puedan hacerlo; Hacienda no ataca la malversación de fondos por parte de los separatistas; TV3, el altavoz del separatismo, lejos de ser cerrada, sigue siendo agraciada con subvenciones que pagamos todos; Alemania y Bélgica nos chulean y nos muestran que somos un convidado de piedra en la Unión Europea; el FC Barcelona hace de cada actuación un agravio a España y a la Corona…¡Magnífica gestión!!

Si esto es ser radical, a lo mejor somos todos más radicales de lo que nos creemos. Es importante recordar que no se puede servir a dos señores a la vez y  tenemos que definirnos por alto que sea el precio.  Recordemos lo que dijo Churchill:

“¿Tiene enemigos? Bien, eso quiere decir que usted ha defendido algo con convicción, en algún momento de su vida”

Entiendo que ser radical no es otra cosa que salir de la senda de lo políticamente correcto  y asumir la incomodidad que esto supone. Una incomodidad muchas veces debida a  la intransigencia de algunos «moderados y tolerantes». ¿Radicalidad o racionalidad?

Antón de la Puerta Domecq

Burke dijo que “el mayor error lo comete quien no hace nada porque sólo podría hacer un poco”. Por eso mi afición a escribir me ha llevado a intentar aportar mi granito de arena en la lucha contra la progresía y el marxismo cultural. Me limito a simplificar temas complejos para intentar hacerlos accesibles al mayor número de personas posible, sin más pretensiones. Ojalá consiga hacer reflexionar a uno solo de mis lectores. España y los españoles merecen que le quiten la venda de los ojos…volvamos a los Valores!!

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