¿Quién es el responsable de la pobreza en España? (Parte 2/2)


Alguna vez he pensado que todos los españoles podríamos hacer una huelga de bolsillos cerrados. Solo de ese modo se irían los políticos «profesionales» y quedarían los vocacionales, es decir, se quedarían aquellos que quieren complicarse la vida e incluso ganar menos dinero, para mejorar su país y la vida de sus conciudadanos.

El empleo público aumentó el año pasado hasta alcanzar el 17,4% del total de la ocupación según ha constatado el último informe de la multinacional de recursos humanos Adecco. Cuando alcancemos el 20% significará que de cinco trabajadores, a cuatro les descontarán parte de su sueldo para pagar al quinto. Quien, probablemente, cobrará más que cada uno de ellos.

Así, mientras el número de trabajadores asalariados del sector privado se redujo por la crisis en cerca de 790.400, el del sector público creció en 108.400 contratos más.

Sobran políticos. Sobran funcionarios de despacho. Pero además los sueldos son comparativamente insultantes.

Voy a hacer un supuesto comparativo de dos secretarias: una de una empresa del sector privado y otra funcionaria de un ayuntamiento.

Mari Carmen y Amparo estudiaron auxiliar administrativo en un instituto de FP. Amparo se colocó de secretaria en una fábrica de piezas de mármol y Maricarmen aprobó una oposición para secretaria en su pueblo.

Amparo, cuando llega a casa, lleva bastante mal humor por los problemas que se producen en la fábrica: El teléfono está sonando toda la mañana, hace calor y no va el aire acondicionado, el ruido es legal pero insoportable, se te mete en la cabeza.
Los proveedores se retrasan, el material entregado es defectuoso o está equivocado, los clientes se retrasan en el pago y el banco está reclamando la letra del préstamo, se ha roto uno de los camiones y hay que llamar al del seguro y discutir con él porque siempre dice que «eso no entra en el seguro».
Mientras hace la comida va comentando todos estos problemas con su marido. Los niños escuchan preocupados. Todo es inestable, cualquier contratiempo familiar (avería en la lavadora) de se convierte en un muro enorme. Suele tirar de tarjeta a fin de mes.
Lleva trabajando en la empresa 12 años pero esto no calma su ansiedad. Sabe que cualquier decisión del Gobierno que dificulte el trabajo puede llevar a cerrar la fábrica, y se quedaría en la calle. En el paro.
Amparo trabaja en la fábrica incluso cuando sueña.

Mari Carmen suele tomar un té con limón en una cafetería cerca del ayuntamiento. Si algún día la conversación se alarga, entra al trabajo un poco más tarde. No hay problema, nunca le han dicho nada. A veces, se va a la calle mayor, que está cerca, y se compra ropa. En su departamento hay tres secretarias más para evitar que llamen explotadores a los políticos que las han contratado.

Tienen el aire acondicionado a una temperatura tan baja que dos de las secretarias se ponen una chaquetilla. Prácticamente no va nadie a preguntar o resolver cosas. Los políticos han dicho que para evitar la sobrecarga laboral, los usuarios deberán resolver sus problemas administrativos utilizando la web del ayuntamiento.

Hoy ha ido al despacho un viejo, totalmente indignado, diciendo que no pensaba pagar un impuesto de no se qué, pero para esos casos tienen a Paqui, una secretaria calmosa y que no se altera por nada, que está en la tercera planta.

Mari Carmen tiene catorce pagas, dos de ellas gracias al franquismo. Tiene un mes de vacaciones. Nunca hace horas extra. Nunca tiene que hacer el trabajo de un compañero que no ha ido o está de baja. Suele estar de baja varias veces al año. Aunque no es norma escrita, tiene derecho de quince minutos de «cortesía» para entrar y salir, pero aunque se tome media hora, no pasa nada, nadie le dice nada, todos lo hacen, no la pueden despedir. Tiene también derecho a quince días anuales de ausencia del trabajo para «asuntos propios». La velocidad de sus movimientos también está regulada corporativamente: sería un agravio comparativo hacia sus compañeros superar la velocidad estándar.

Cuando vuelve a casa, está aburrida y no tiene nada que contar porque rara vez ocurre algo interesante o problemático en el trabajo.
Su cuenta corriente engorda de forma espontáneamente, sin que ella se dé cuenta porque le suben el sueldo sin ella solicitarlo. En el banco tiene trato preferente.

Si la capacidad intelectual y formativa es la misma para ambas, y el esfuerzo y el riesgo es mucho mayor para Amparo que para Mari Carmen, ¿porqué una cobra 970 €, sin pagas dobles, y la otra 1680 €, más pagas extra?

¿Quién ha hecho que haya dos clases laborales en España: los privilegiados y los que pagan?
¿Por qué hay más pobres y mayor desigualdad social en la democracia que en el franquismo? (Por si acaso. No estoy exaltando el franquismo, simplemente digo que yo esperaba que la democracia española fuese mejor.)

Si en la fábrica de mármol se trabajase con las condiciones laborales del ayuntamiento, la empresa no duraría ni seis meses. Es decir, los verdaderos trabajadores, los que se levantan, «antes» y están despiertos, los que todos los días se juegan el sueldo y el trabajo, los que tienen que verdaderamente «luchar» por las calles cada día durante muchas horas, estos trabajadores, digo, están manteniendo «empresas» (ayuntamientos, consejerías, ministerios) que funcionan en quiebra permanente y, precisamente por esa razón, ellos, los trabajadores no privilegiados, sobreviven siempre al borde de la quiebra.

El espíritu emprendedor de un autónomo hace que se creen empresas y con ellas, puestos de trabajo; pero hace falta dinero. El funcionario no suele invertir: almacena. No crea riqueza. Si el autónomo dispusiera de un capital extra, no lo «almacenaría», inmediatamente lo invertiría para hacer crecer la empresa y crearía más puestos de trabajo.

Pretender (y conseguir) hacerse rico sin arriesgar NADA es de sinvergüenzas. Pero además, impide el desarrollo económico del país porque ese dinero no produce más dinero ni crea empleo. El dinero debe estar en el bolsillo de los trabajadores y de los empresarios. Ambos están arriesgando algo cada vez que van a trabajar: uno su estabilidad laboral y el otro su riqueza.
Es justo que quien más arriesgue, más gane y, por el contrario, quien tenga el FUTURO asegurado y protegido, debería contabilizar esto como parte importante de su sueldo.

¿Cuántos políticos hay en España? Tantos como estrellas en el firmamento. Pero el problema no son solo ellos, sino sus amiguetes de instituto con 3000 € al mes sin trabajar.

Soy consciente de la gravedad de lo que estoy comentando y de que hacer estos cambios laborales supondría un verdadero quebradero de cabeza para los que gobernasen, pero, yo lo haría.
Solo pido que los pobres sean menos pobres y los ricos, razonablemente ricos. ¿A alguien le parece mal?

José Enrique Catalá

Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Valencia. Especialista en Hª Medieval. Profesor. Autor del libro: Glosario Universitario.

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