Qué suerte tenemos con la luz

El día que escribo esto me cuenta la prensa generalista que es el día en que la luz será más cara de todos. Acaban de arrearnos una buena subidita y ya estamos batiendo récords con el precio de la electricidad.

Pero yo sigo contento con el asunto de la luz, ¿qué quieren que les diga?

Evidentemente sé que se ha puesto carísima, es decir, que la han puesto carísima los políticos, que la gran mayoría del precio son impuestos, nada que ver con el precio real de producción y comercialización de los kilowatios consumidos, que es más cara de lo que debería por toda la parafernalia mentirosa de lo del cambio climático y todas esas cosas.

Lo sé, pero sigo contento.

Soy consciente que el mercado eléctrico está muy intervenido y que hay unas relaciones tóxicas para el consumidor entre las empresas eléctricas y el gobierno (los gobiernos, no olvido).

Pero sigo contento.

¿Por qué?

Pues verán, estoy contento, fundamentalmente porque aún tenemos luz. De hecho, ahora mismo estoy escribiendo esto en un ordenador, que funciona con electricidad, a la sombra de un ventilador, que está enchufado, y me acabo de preparar un estupendo café en mi italiana puesta en la cocina de inducción.

Es cierto que todo esto me está saliendo mucho más caro que hace unos meses o hace un año, sobre todo porque no son las puñeteras horas valle esas o como las quieran llamar. Es cierto, pero lo estoy haciendo todo de la misma forma que hace un año o dos, salvo el precio.

De ahí mi alegría.

Me alegra ver que pasado más de un año desde que tenemos el gobierno que tenemos y más de dos desde que se perpetrara el tramposo relevo al frente de la presidencia del gobierno, sigo teniendo luz de forma ininterrumpida.

Lo que no es cosa de poca importancia, porque lo normal es que los tipos que han cogido las riendas de la cosa esta de la Moncloa, son de los que te dejan sin luz, literalmente.

Su idea, díganla o no, atrévanse de momento o no, es nacionalizar las empresas eléctricas, además de otras que también consideran estratégicas y sociales, muy sociales. Eso lo hacen después de poner todo tipo de trabas y trampas (como subir el precio de la luz) para que la gente se enfade y, presa de las emociones que también se dejan manejar, le eche la culpa a quien no la tiene y acabe pidiendo (o permitiendo) que el gobierno se haga con el control.

Entonces, se va la luz. Es verdad que no se va de golpe y para siempre, no. Empieza con problemillas técnicos (malas inversiones anteriores por ansia de beneficio), excesos de consumo (los ciudadanos son malos ciudadanos y malos habitantes del planeta), por ataques extranjeros (los americanos son los candidatos a quedarse con la culpa) y otras cosillas que provocan apagones intermitentes que van acostumbrando a los sufridos, los de siempre, a vivir en un sinvivir.

Y acaban con que hay luz cuando la hay, y no hay luz cuando no la hay sin que nadie, salvo los gobernantes de turno, sepa cuándo es una cosa y cuándo será la otra.

¿Comprenden ahora por qué estoy contento (aún)?

Además, aún tengo para pagar las facturas. Sé que soy afortunado, puesto que ya hay un número creciente de compatriotas que miran la hora antes de encender cualquier aparato. Y soy sabedor que yo también tendré que hacer lo mismo dentro de no mucho tiempo, pero aún estoy contento.

Por cierto, también estoy alegre (aún) porque todo lo que he descrito para la electricidad acaba pasando, en los países en los que gobiernan estos tipos que aquí gobiernan ahora, con la gasolina, la vivienda, los productos de higiene y hasta la comida, por poner algunos ejemplos.

Si no me creen no tienen más que preguntar a alguno de sus vecinos que han llegado de esos países que todos sabemos, que tenemos muchos viviendo (huyendo) por aquí y escuchar en premonitorio silencio.

Sarna con gusto no pica, queridos compatriotas, y el pueblo español, sabio como todos los pueblos que expresan su voluntad y soberanía en las urnas, ha decidido que éstos son nuestros próceres. Y que esto es lo que nos va a pasar, así que lo celebraré con una cervecita bien fría mientras aún tenga cerveza y la nevera funcione adecuadamente.

Después, ya veremos.

Francisco Fernández Bernal

Católico, español, autodidacta de la libertad, eterno polemista.

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