Psicología de las masas

Para poder justificar y dar cierto sentido lógico al título de esta reflexión personal, a este pensamiento filosófico, primeramente definiré sintetizando o recapitulando de una forma breve, lo que personalmente entiendo como «masas».

Masas son todas esas personas que componen un sector o una parte de la sociedad que debido a sus muchos complejos y guiados por las modas o estereotipos, practican las políticas correctas, con muy poca o ninguna cultura en este campo y sin ninguna clase de moral, lo cual les hace carecer de carácter y personalidad, mentes manipulables, con un inmenso descaro confesional; lo que vulgarmente se conoce como presos ideológicos, potenciales seguidores de ese dogma, casi un mantra, que es el pensamiento único.

Masas que priman al personaje sobre la persona; Sánchez es la prueba más evidente de lo que digo, pues después de haber estado un año como presidente del Gobierno en funciones, tiempo suficiente para estudiar y analizar el perfil de este fatuo y ególatra, le votaron más de seis millones de personas.

Personas que han experimentado en sus propias carnes las descaradas falacias y falsedades del mismo, viendo como decía una cosa y a los cinco minutos hacía lo contrario. Personas hipnotizadas por esos discursos de retórica demagógica y populista, cargados de soflamas y convertidos en grandes océanos de sofismas.

Personas que muy al contrario de sentir vergüenza por su error, lo elevan al nivel del ara, de la hazaña y de la leyenda, criticando y demonizando a quien disienta de su ídolo, es decir, de su dios. Personas para las cuales los personajes como Sánchez son grandes estadistas mesiánicos.

Por contra, esa mayoría honrada y decente de la ciudadanía, ese sector de la sociedad que se ha revelado a ser masa, para convertirse en persona o ciudadano, no se sobrepone a ese estado de depresión que atraviesa, debido a un sentimiento de vergüenza ajena que emerge desde que la utopía y la ficción han ganado a la realidad.

Masas que critican las vergüenzas o delitos de su disidencia, omitiendo las propias, pues no es necesario explicar, ya que sería caer en perogrullo, sus vínculos con regímenes tiránicos como la Venezuela antes Chávez, ahora de Maduro, la Bolivia de Morales, la Cuba de Castro… o los regímenes además de tiránicos, teocráticos como el de Irán.

Este sector de la población o sociedad española a la que hago referencia en este escrito, «las masas», es la misma y viva imagen o retrato de la cobardía, una cualidad o característica de una mente vacía y en lógica consecuencia, del verdadero y triste arrastrarse ante el poderoso.

Esa cobardía e impostura lo es todo para los que no quieren reconocer la enfermedad mortal para el desarrollo normal de un país. Una enfermedad que no es ni social, ni económica, sino moral.

Personalmente pienso que esta enfermedad cuya secuela es la cicatriz de una herida real y profunda, debería de crear un sentimiento de rechazo, sembrando la discordia en el alma y la conciencia de estas personas, a las que a día de hoy, epíteto como masas. Creando la mayor de las repulsas y desganas de volver a votar a estos vulgares psicólogos de mentes vacías, fatuos y ególatras.

Nuestro presente es árido y seco y nuestro futuro un desierto, mientras sigan existiendo masas, que en lugar de reconocer sus errores y lógicamente rectificarlos, los consideren aciertos y victorias, por lo que seguiremos en manos de vulgares imbéciles sin corazón.

Santos Trinidad

Cristiano católico, creyente no practicante. De derecha, amante de la libertad, basada en una igualdad sustentada en la justicia.

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