Profanación

Era un 24 de Octubre de 2019, era jueves, pero no era un jueves cualquiera, era un jueves en que se iba a cometer una gran blasfemia, era el día en que, el SANCHISMO, o socialismo más revolucionario, regresionista y revanchista, ayudado por ese nuevo frente popular que tenía como socios del gobierno en funciones, iban a cometer una de las mayores felonías que se podían cometer contra nuestra historia, la historia de España. «Era el día en que se habían propuesto profanar la tumba con los restos de nuestro siempre caudillo, Francisco Franco Bahamonde».

Un acto blasfemo, perpetrado por una vulgar turba de herejes, un acto contra la Iglesia católica pero con su aprobación, un pecado capital por su vileza y esa sumisa aquiescencia por parte de la Santa sede de nuestra iglesia católica. Vendiendo su alma al diablo por 30 monedas, como aquel felón llamado Judas Escariote, hizo antaño con nuestro señor Jesucristo.

Este ha sido el pago de la Santa sede de la Iglesia Católica, a su legítimo y único salvador, en aquella época en que los antecesores de los que hoy cometen el pecado, quisieron borrar su existencia y todo vestigio de la historia de España.

Francisco Franco Bahamonde evitó la desaparición del catolicismo en España, librando una cruzada contra sus mayores enemigos, ese marxismo en sus principales manifestaciones, comunismo, socialismo, independentismo, y la izquierda republicana en general. Es decir, con el frente popular de la década de los 30.

Un hombre, cuya persona y personaje ha sido demonizado y caricaturizado por esa izquierda republicana impotente y con un enorme complejo de frustración. Pues perdieron una guerra que ellos mismos propiciaron. Vivieron 36 años sumidos en esa cobardía que hoy les retrata y les caracteriza. Pues en esos años de dictadura, pero dictadura necesaria, pues los herejes, los felones, seguían ahí, en la sombra, esperando su oportunidad, como el que espera la fruta madura para su inmediata recogida. Comenzaron a salir del armario lentamente pero seguros de poder adoctrinar con su propaganda a los futuros cachorros que son los que a día de hoy, ejecutan o llevan a cabo, su cruel y vil venganza.

En esos 36 años, perdieron otra batalla, pues eso es lo que suponía para ellos, que su odiado enemigo moral, bélico y político, superior a ellos en todos los campos o ámbitos, volviese a vencerles. Muriendo en la paz y sosiego de su lecho o cama. En combate sí, debido a los males que le asediaban y axfisiaban. Dándole una larga agonía, más cruel para sus enemigos que para él mismo, pues no era la forma soñada, en esa, su cruel y cobarde venganza.

Ha sido después de otros 44 años, con un total de 80 largos años, por sus continuas razias y conspiraciones, desde su primera y gran derrota, frente a este personaje y gran persona, uno de los más importantes de nuestra historia. Cuando en un acto de rebeldía y de una cobardía sin parangón han cometido esa herejía, esa blasfemia, esa felonía que representa y supone esta vil y rastrera profanación.

Se dice, se oye, se murmura, se comenta en voz baja, entre las gentes de bien, las todavía fieles y creyentes, amantes de la verdad, que todas las profanaciones, si lo son realmente, llevan consigo una maldición para con quien las comete.

Personalmente como fiel creyente, tengo fe ciega en que así sea, y desde ahora digo a estos herejes, blasfemos y felones: «nos podrán robar las leyes y con ello la vida pero, lo que nunca podrán robarnos es nuestra fe, nuestra ideología, nuestra historia, es decir, nunca podrán robarnos nuestra libertad».

Santos Trinidad

Cristiano católico, creyente no practicante. De derecha, amante de la libertad, basada en una igualdad sustentada en la justicia.

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