Procesos de reconstrucción. YA

 

En un momento social en el que se supone que los objetivos de todo dirigente deben de ser la sanidad, la economía y el apoyo al necesitado, no sirve sólo con decirlo y vendernos humo, es preciso que todo gobierno -local, autonómico o nacional- se centre en la solución de esos problemas, no resultando decente que, en un momento de excepción y de limitación de los derechos ciudadanos cual es el estado de alarma, que tendremos autorizado durante 6 meses, aún no sabemos por qué no se ha puesto por 4 o 5 años, se sirva de ello para hacer política.

El estado de alarma tiene su única justificación en una situación sanitaria excepcional que requiere la toma de decisiones sanitarias de carácter especial, para las que debe de restringir los derechos ciudadanos, en el bien entendido que todo lo que se hace es en pos de un bien sanitario. Por ello, puede resultar comprensible que, en marzo de 2020, los gobiernos se vieran superados por la situación y hubieran de recurrir a esas medidas jurídicas especiales y excepcionales y, lo que motivó y justificó que, hasta 3 veces se adoptara la medida de forma prácticamente unánime.

Mas difícil de comprender es que, tras 8 meses de conocerse la epidemia, los gobiernos no puedan haber desarrollado fórmulas sanitarias, jurídicas, económicas y sociales de prevención de la segunda ola y evitar, de este modo, la aplicación de medidas especiales que deben de afrontarse en todo momento. La falta de precaución, de diligencia y de prevención, hacen que volvamos a situaciones superadas, con un coste social, económico y sanitario mayor al anterior y de muy difícil cuantificación, del que nadie se hará responsable y volveremos a pagar los «perritos sin alma».

Aquellos que nos tildaban de canallas, miserables y fascistas por pedir durante la primera ola responsabilidad, aplicación de planes de prevención y generación de procesos que evitasen la muerte de los ciudadanos, la contención de la economía, etc. no hicieron nada de nada, se quedaron en el calor del pesebre de la institución de la que se lucran y miran con desprecio cómo mueren sus vecinos, ahora, los mismos, echan la culpa a la juventud, a la gente y a la falta de responsabilidad del ciudadano sometido, humillado, desnudo de su dignidad, mientras ellos siguen en el pesebre lucrándose, sin desdoro, sin vergüenza.

Entre tanto, la sociedad civil no sabe, no puede, no se atreve a dar un golpe encima de la mesa, meditando si hacer un video, una manifestación, generar un movimiento, y mientras, día tras día, se utiliza el sometimiento de los ciudadanos, no para salvarlos, sino para hacer políticas de unión con el asesino del vecino con un tiro en la nuca, de modificar la ley de educación para acabar con la religión, con los centros concertados y con los de educación especial, se organizan comités de la verdad, como si la verdad fuese una y organizada por el poder, se negocian los jueces del supremo para amordazar, una vez más, a la Justicia, se usa la actividad política para hacer de la mujer del presidente una directora de cátedra cuando su titulación no alcanza la FP, se usa y abusa del poder para, cuando se queja alguien minimizarlo, acusarlo de fascista, de no querer ayudar, mientras se llenan las sacas.

Los ciudadanos queremos una fuerza del centro derecha fuerte, que sea capaz de aunar las fórmulas del PP, de Vox, de Cs y de la multitud de partidos pequeños que buscan seriamente un proyecto para España. Con esos mimbres y con un entramado de la sociedad civil fuerte, valiente, con ganas de actuar, construir una nueva fuerza aglutinadora que presente un proyecto, un plan de futuro para España diferente y distinto al de la izquierda, que permita la ilusión de los ciudadanos, para, al menos, conseguir un contrapeso que impida el destrozo que van a generar en España esta pandilla, que sí que tiene un plan de destrucción y permanencia en el poder.

Los partidos sin sociedad civil, la sociedad civil, sin líderes, los líderes sin apoyos, nos convierten en «pitufos gruñones» de barra de bar que claman en ella, para someterse sin chistar ante el poder cada vez más cruel y canalla.

Ahora es el momento de la sanidad y la economía y tenemos que presentar un único modelo de actuación que contraste con las gallinas sin cabeza que presenta el gobierno, es el tiempo de la seriedad, la solvencia y la profesionalidad de los científicos, así como de los técnicos económicos y las propuestas unitarias para ayudar a los trabajadores y empresarios para preparar una salida de la sima con cierta fuerza que nos permita volver a ser grandes.

Pero, mientras se hace esto, debemos organizar un proceso de reconstrucción, de proyectos políticos, que, si estamos por resolver el problema sanitario y social, no es el momento de presentar, pero que articulen fórmulas unitarias de acción de la derecha democrática y que puedan ilusionar al ciudadano y acabar con este cáncer que se ha introducido en el cuerpo de nuestra nación. Para ello os necesitamos, organizaciones sociales, medios de comunicación, profesionales, técnicos, ciudadanos dispuestos a dar un paso adelante para servir y no servirse.

Enrique de Santiago Herrero

Abogado. Máster en Ciencia Política. Diploma de estudios avanzados en Derecho Civil Patrimonial. Derecho penal de la empresa. Colaborador y articulista en diversos medios de comunicación escrita, radio y televisión.

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