Posverdad

Vivimos una dictadura muda con un fuerte y marcado carácter totalitario.

Vivimos en tiempos revueltos, oscuros, ambiguos, con unos aires emocionales, en los que prima el sentimiento, no la lógica, razón o realidad. Vivimos en tiempos de posverdad, donde la demagogia populista y sus maestros caudillistas campan a sus anchas, imponiendo su adanismo, apoyado por el más rastrero de los clientelismos.

Vivimos una dictadura muda con un fuerte y marcado carácter totalitario. Una dictadura de exclusión hacia toda disidencia de sus dogmas ideológicos. Donde se penaliza y castiga la libertad de expresión con el ostracismo más injusto, déspota y cruel.

La España contemporánea está gobernada por una ideología totalitaria y fascista y metafísicamente postulada en lo que es, un error,  pues la verdad se sustenta sola, sólo el error y el embuste necesitan el apoyo del gobierno.

Su método para llegar al poder es el populismo instrumental, es decir, unir a los distintos y numerosos colectivos sociales contra un enemigo común. Prometen paraísos que no son más que espejismos o falsos oasis en el desierto y en realidad son lo más parecido a los infiernos bíblicos.

Contra la corrección política, este pseudobuenismo, que no es más que la crisálida de una metamorfosis postulada en un anhelado adanismo, no sirven medidas lenitivas, sólo sirve cortar por lo sano. Es decir, borrar todo vestigio de esta obsoleta y nociva ideología a modo de efectiva panacea.

No podemos, debemos, ni tenemos que usar panegíricos, eufemismos, ni pecar de ingenuos o inocuos con algo tan grave como es la libertad, un don preciado que sólo percibimos cuando lo perdemos.

Hay que ser riguroso y hacer una reiterada beligerancia antagónica, postulada en la verdad, en la realidad. No caben aquí los descalificativos, ni el demonizar a la disidencia, sino los argumentos estudiados, justificando el sentido común, la realidad, frente a la utopía e ideología.

Dicen que la mentira, la falacia, el embuste, tiene las patitas muy cortas, y es cierto, no se puede llamar a la contradicción y paradoja, oxímoron, pues las primeras son sinónimos de la antítesis, y el segundo es un paradigma peculiar y puntual en algunas de estas ambiguas ocasiones. Lo que definiríamos en la metafísica pura, como tesis.

Soy consciente de que este escrito, este pensamiento, puede resultar de difícil comprensión para un amplio público, pero creo, sólo en las formas, los fondos son muy entendibles, como dice esa frase hecha: “A buen entendedor no importan las palabras”.

Pido perdón sincero y anticipado a todo aquel que se sienta retratado en el párrafo anterior, y también por una ausencia impuesta por las circunstancias del momento, como podéis imaginar tengo una vida personal como cualquiera de vosotros y no dispongo de todo el tiempo que quiero para hacer lo que deseo.

He optado por hacer un escrito filosófico o de pensamiento, pues la actualidad es más de lo mismo, quitando este mal que nos acecha y con el que no se debe, ni se puede, por moral y por ética hacer apología de ello, contra una disidencia que se retrata cada día sin ayuda de agentes exteriores como es el coronavirus.

Por eso me daría por satisfecho, si se me considera un paradigma pragmático y hago reflexionar a algunas de esas muchas mentes y conciencias presas de una ideología, que les impone una ruta. La del pensamiento único, la de seguir guiándose por los complejos, modas y estereotipos. Mi intención es ofrecerles una autonomía de pensamiento que les saque de esta posverdad en la que están inmersos y alcancen una real y verdadera libertad.

Santos Trinidad

Cristiano católico, creyente no practicante. De derecha, amante de la libertad, basada en una igualdad sustentada en la justicia.

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