¿Por qué seguimos legitimando a vulgares delincuentes?

En una publicación del periódico «El Mundo», de fecha 21-06-2020, se podía leer este titular: «Grupos de antifascistas y radicales increpan y se enfrentan a dirigentes de Vox en San Sebastián». «Tras concluir un mitin, Ortega Smith y María Pérez han iniciado un paseo junto a sus simpatizantes en el que se han vivido algunos momentos de tensión».

Noticias como esta no dejan de sorprenderme, no por el hecho en sí, pues por desgracia, en este país, hechos como este, se pueden calificar y etiquetar de banales o rutinarios. Lo realmente triste de este asunto, es como los medios que se hacen eco de la noticia, terminan legitimando el delito y verdadero fascismo, penalizando a las víctimas del mismo.

Cuando dicen: «grupos antifascistas y radicales increpan y se enfrentan a dirigentes de Vox en San Sebastián». Les están dando un pábulo falsario, injusto e inmerecido, legitimando la violencia contra todo aquel que disienta de su totalitaria y fascista ideología. Antes de aclarar el verdadero núcleo de la cuestión, me voy a permitir hacer una pregunta, tanto a esta vulgar turba de ignaros y analfabetos integrales, como a los que con sus panegíricos hacia los mismos en los medios para los que escriben, legitiman el verdadero fascismo.

¿En cuántos mítines de verdadera ideología fascista, como es la que defienden estos vulgares metemierdas, esos a los que llaman y epitetan de fascistas, les increpan o crispan con un enfrentamiento directo?

Es una pregunta de fácil respuesta para los verdaderos demócratas, pero de respuesta carente y difícil para esta turba de ignaros y analfabetos integrales. Después de dejar en el aire esta pregunta para una reflexión, analítica, concienzuda, noble, razonada y objetiva, definiré de una forma sintetizada y clara, la real y verdadera acepción de este neologismo o vocablo relativamente nuevo, que es el de fascista en nuestra contemporaneidad.

«Fascismo: es un movimiento político y social que nació en Italia de la mano de Benito Mussolini tras la finalización de la Primera Guerra Mundial. Se trata de un movimiento totalitario y nacionalista, cuya doctrina (y las similares que se desarrollaron en otros países) reciben el nombre de fascistas. Además del régimen de Mussolini en Italia, se califica como fascista a la Alemania de Adolf Hitler».

Para el que no lo sepa, el Fascio o fascismo italiano surge o nace del socialismo italiano, es decir, de la izquierda. El nacionalsocialismo alemán o nazismo nace o surge de la escisión espartaquista  del socialismo alemán, considerada todavía a día de hoy de extrema izquierda. Sin hacer pleonasmos ni caer en una perogrullada, la génesis y metafísica, como certero axioma del fascismo y los verdaderos fascistas, queda dilucidado sin problema.

Fascismo, a día de hoy, no es más que un descalificativo, un neologismo o vocablo nuevo, acuñado por las izquierdas como descalificativo hacia las derechas, en un intento de camuflar o desviar su verdadera génesis y metafísica. Esto lo llevan haciendo desde hace 75 largos años, desde la caída del eje, del III Reich, allá en 1945, con un único objetivo, que las generaciones de ese presente ahora pretérito y sobre todo las futuras o presente contemporáneo, olvidasen y olviden su verdadera esencia y origen.

De mi fuerte personalidad, carácter y una pizca de coraje e indignación, nace esta reflexión, la cual expongo con patente de corso, por ser una realidad y asevero con rigurosa firmeza que la acepción de antifascistas no se corresponde con las formas de esta turba antitética y asimétrica de la misma, pues es una contradicción y una paradoja desde su nacimiento. Como digo, aplicada por unas turbas de huestes y legiones verdaderamente fascistas, cuyas razias tienen un claro objetivo, revolcarse en el estiércol ajeno para desviar y camuflar, el fuerte hedor de su propia fetidez.

Santos Trinidad

Cristiano católico, creyente no practicante. De derecha, amante de la libertad, basada en una igualdad sustentada en la justicia.

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