Por qué se demoniza a VOX

Asistimos a la demonización de VOX desde el momento de su primera aparición en un Parlamento, el andaluz, en el que puso fin a cuatro décadas de socialismo, hecho que el PP fue incapaz de conseguir en solitario durante todo ese tiempo. Intentaremos analizar quiénes participan, y porqué, en la estrategia del insulto permanente a VOX.

La intención principal de la demonización de un determinado colectivo es expulsarlo de la vida pública, eliminarlo políticamente. Los “burgueses”, “rusos blancos” o “kulaks” en la URSS, los “judíos” en el nazismo, o los “burgueses” en la Kampuchea comunista son algunos ejemplos de insultos programados contra los enemigos u opositores de los sistemas totalitarios.

En un país formalmente democrático como España, el proceso es mucho más complejo y participan muy diversos actores:
En primer lugar, la izquierda en sus distintas versiones: extrema, separatista o socialista. Ellos siempre han llamado “nazis”, “fascistas” o “extrema derecha” a aquellos actores políticos que les han cuestionado frontalmente. Desde Reagan y Thatcher a Aznar, pasando por Rosa Díaz, Rivera, Trump, Bolsonaro, Orban, etc., y ahora… a VOX. Basta leer (con paciencia) los libros o trabajos que dedican a sus sesudos análisis sobre la “extrema derecha” o a VOX para darse cuenta de que, o no entienden absolutamente nada de lo que hablan, o son meros panfletos propagandísticos de ínfima calidad intelectual. No es de extrañar que fracasen siempre en su objetivo de anular al supuesto enemigo. Al no entenderlo, sus recetas de lucha son simplemente represivas, demonizadoras o meras apologías de la violencia.

Otro factor es la oligarquía partidista que impera en España. PSOE, PP, PNV y CAT (en sus distintas marcas) son una fotocopia actualizada de lo que fue la España de los siglos XIX y principios del XX. En esa época, una élite extractiva (la misma que quitó los bienes a la Iglesia para repartírselo entre sus amigos) dominó la escena. El caciquismo, organizar las elecciones desde el Ministerio confeccionando el “encasillado”, pucherazos, utilizar a electores volantes, etc., fueron las herramientas utilizadas para consolidar el poder de politiquillos y amigos a costa de los españoles. Pérez Galdós lo describe de forma inigualable. Ahora estamos en las mismas. Cuando repasamos la historia política de las últimas décadas, vemos que entre bambalinas la oligarquía partidista ha utilizado sin escrúpulos todos los instrumentos en su manos, cloacas incluidas, para eliminar competidores. Ahora están en guerra contra VOX, porque si triunfa acabaría con su entramado corrupto.

Hay otro factor importante, que suele pasar desapercibido. Lo podríamos llamar “el centrismo como falsa derecha”. Desde 1977 han existido diversos partidos cuya política era centrista, pero han utilizado un discurso conservador: La UCD, el CDS, UPyD, y Cs. Un análisis atento nos muestra que estos partidos fueron realmente de centro en su programa y en sus políticas, pero eran votados por una base social mayoritariamente conservadora. El último sobreviviente, todavía en escena, es Cs. Recordamos perfectamente que, con un programa liberal-progresista, muchos conservadores de pro votaron a Cs cuando Rivera iba a Alsasua o quitaba lazos amarillos, y en Cataluña a Arrimadas cuando era súper-española ¡cómo pasa el tiempo! Cuando Rivera y Arrimadas vinieron a Madrid, y se aliaron con los liberales europeos, empezaron a ejercer de “centristas”. Por ese motivo, los votantes de derecha se fueron, más pronto que tarde, a otras formaciones. Así fueron fracasando los centrismos votados por gente de derechas.

¿Y el PP? Hemos asistido en los últimos años a la paulatina transformación de un partido conservador a un partido exclusivamente de centro. A golpe de Boletín Oficial o de acciones de gobierno, el PP ha ido eliminando de su bagaje ideológico todas y cada una de las banderas conservadoras o de derechas. Los “defensores de la unidad de España” hicieron, junto con el PSOE, la reforma de todos los Estatutos de Autonomía de todas las CCAA, para incrementar sus competencias como el de Cataluña. Los “liberales” subieron los impuestos (era Rajoy-Montoro) como lo hubiera hecho Izquierda Unida; los “democristianos” dejaron incólume la Ley del Aborto de Zapatero. Los “conservadores” aceptaron sin rechistar las declaraciones sobre Violencia de Género, y no
derogaron las leyes de Memoria Histórica cuando podían hacerlo. Hay innumerables ejemplos del centrismo del PP.

El PP es de centro centradísimo (por ello es amigo y socio del PSOE, o puede hacer pactos como los de Almeida), pero mantiene la ficción de parecer de derechas, para no perder a sus electores, que sí lo son. Si VOX está –supuestamente- a la derecha del PP, decir que VOX es ultraderecha sería cierto si el PP fuese de derechas, pero realmente no lo es. El recuerdo de un antiguo PP de derechas induce a confusión, más aún si es interesada. El PP no es de derechas, pero no quiere a nadie que lo sea, y por ello demoniza a VOX. Es posible que el PP piense que la batalla por los votos está en el centro político, tesis muy arriolista y marianista. Con un PSOE escorado a la izquierda y sus alianzas –ahora sí- con la extrema izquierda, el centrismo pepero es una apuesta. Nada que objetar, siempre que se admita sinceramente. Sólo que en política las falsedades se pagan. No funciona tener una visión política distinta de la de los votantes, al final dejan de serlo. En el futuro, el PP perderá a sus votantes
conservadores, y cada vez a más velocidad. La historia de UCD, CDS, UPyD y Cs así nos lo indica.

Julio García de Durango

Estudioso desde siempre de temas ambientales, políticos y económicos; dedicado a renovar nuestro ideario, con la intención de crear un proyecto sugestivo para la España del siglo XXI. Ingeniero Civil. Experto en Planificación y Cost Control. La batalla cultural y de las ideas es permanente, y en ella debemos concentrarnos.

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