Patria

"El patriotismo español se alimenta de nuestra Historia y nuestras tradiciones. Tanto para conocerlas y ensalzarlas, como para ser conscientes de cuál es nuestro camino y qué errores no debemos cometer de nuevo".

 

“Esta España tal es como el paraíso de Dios (…), es bien abondada de mieses, e deleitosa de frutas, viciosa de pescados, sabrosa de leche e de todas las cosas que de ella se hacen; e llena de venados e de caza, cubierta de ganados, lozana de caballos, provechosa de mulos e de mulas; e segura e abastada de castillos; alegre por buenos vinos, holgada de abundamiento de pan, rica de metales. E España, sobre todas las cosas, es ingeniosa, y aún temida y muy esforzada en lid; ligera en afán, leal al Señor, afirmada en el estudio, palaciana en palabra, complida de todo bien; e non ha tierra en el mundo quel semeje en bondad nin se iguale ninguna a ella en fortaleza, e pocas ha en el mundo tan grandes como ella.” “E sobre todas España es abundada en grandeza; más que todos preciada por lealtad.” “¡Oh, España, non ha ninguno que pueda contar tu bien!”

Alfonso X el Sabio

 

Se ha publicado recientemente un libro que trata del despilfarro autonómico (1). El autor, José Ramón Riera, había realizado con anterioridad trabajos muy detallados acerca de cómo disminuir el coste autonómico en las regiones de Asturias y Cantabria, basándose en reducciones de costes de personal no funcionario ni laboral (es decir, personal contratado por los partidos), y en la optimización de recursos en las entidades locales.

En su libro “El precio de las autonomías” lleva a cabo un análisis mucho más profundo para determinar los posibles ahorros en el inmenso aparato burocrático autonómico que nos asfixia, tanto por su cada vez mayor poder como por su voracidad recaudatoria.

Riera define varios indicadores para valorar la gestión de las Comunidades Autónomas. Uno de ellos es el “Índice de Gestión Autonómica”, compuesto por valores de la Deuda, la educación y la sanidad, la inversión en infraestructuras y en I+D+i y el coste por habitante. Otros indicadores utilizados son el Índice de Efectividad en la relación con el Ciudadano, y el Índice de Valoración del empleo público.

Tras un exhaustivo análisis de todos los datos de las distintas autonomías, Riera define los posibles ahorros estimando que hay autonomías que gestionan mejor sus recursos, y que las “peores” tienen la posibilidad de mejorar sus ratios de gestión.

Otra fuente de ahorro está en el concepto del personal no funcionario ni laboral, que aparece como “otros”, y que suele estar compuesto por todos los nombramientos digitales de apoyo a los partidos, a los que no les interesa trabajar con funcionarios; prefieren hacerlo con personas “de su confianza”. En este concepto, Riera obtiene la bonita suma de 467.904 personas (año 2020), sólo en el ámbito autonómico. Probablemente el número sea bastante mayor, porque todos sabemos que hay personal funcionario y laboral (difícil de cuantificar) que ha entrado en las distintas Administraciones gracias a sus contactos políticos, en procesos selectivos poco o nada transparentes; o que bajo el epígrafe de funcionarios de “libre designación” se esconden obediencias políticas partidistas.

Tras un conjunto muy elaborado de cálculos, Riera llega a la conclusión de que sería posible un ahorro total de 88.000 millones de euros (con datos de 2.020).

Un Anexo muy interesante es el que describe los Organismos, Empresas Públicas y Entes Públicos de las autonomías. El autor avisa de que no están todos; parece indicar sibilinamente que las técnicas de camuflaje de chiringuitos están muy perfeccionadas por las CCAA.

Sin poder disponer de datos cuantificables, tenemos la convicción de que los ahorros podrían ser mucho mayores. La desaparición de subvenciones políticas, el análisis a fondo y la eliminación de duplicidades o multiplicidades administrativas, la supresión de organismos inventados, la simplificación de normativas, conseguirían un ahorro importantísimo a añadir, incluso en el caso de no ser posible a corto plazo la transformación de España en un Estado unitario.

Recomendamos el libro de Riera más como libro de consulta que de lectura, dado el impresionante bagaje de datos y tablas con información relevante de los costes y cargas de las actuales autonomías.

Parafraseando a la conocida novela de Vargas Llosa, ¿en qué momento las autonomías han empezado a ser una estafa?

Quizás no sea esa la pregunta adecuada; sería más correcto preguntarse cómo hemos llegado a la situación actual.

Desde nuestro punto de vista, las autonomías “normales” han sido contaminadas poco a poco por los separatismos identitarios, en un largo proceso que empezó hace ya más de cuatro décadas. El sistema autonómico se incorporó a la Constitución para dar cabida a los entonces “nacionalismos” identitarios, el catalán (con escasa implantación fuera de Cataluña), y el vasco (siempre dispuesto a anexionarse Navarra, en aquellos años con un separatismo con muy poca fuerza electoral).

Al poco de que todo el mundo tuviera su flamante autonomía, empezó este proceso. Hubo autonomías que se declararon nacionalidad (Galicia, Andalucía, Valencia), con el concurso entusiasta del PP; en muchas autonomías el PSOE estuvo o está en el gobierno con separatistas (PNV, ERC, BNG, GBai) y se empezó la carrera por aumentar competencias, hasta el punto de que todas las autonomías se miraban en el espejo de Cataluña; en algunos casos sus estatutos igualaban el máximo techo competencial posible.

El siguiente paso era buscar la justificación histórica de la existencia autonómica, a través de los “hechos diferenciales”, un eufemismo que imita al supremacismo identitario de los separatistas.

La contaminación identitaria de autonomías y provincias ha sido una constante desde los años 80 hasta ahora; bien por inventarse la propia Historia, sacarse de la manga supuestos idiomas “perseguidos” o bien por aceptar ser los subordinados de los separatismos catalán y vasco (Valencia, Baleares, Aragón, Navarra). Al final, se destinan ingentes recursos en crear esa falsa conciencia regional o de nacionalidad, incluyendo muchas regiones que jamás la habían tenido.

Este situación es la que tiene verdadera gravedad, mucho más que el despilfarro autonómico, que en buena parte ha sido provocado para tener más poder y ahondar en las diferencias mediante costosísimos procesos de ingeniería social. De poco sirve ahorrar costes si el sentimiento identitario antiespañol va contaminando el escenario político.

El patriotismo español parte de unos orígenes muy distintos. No está basado en razones identitarias, que siempre son de tipo material: etnia, territorio, idioma (sobre todo si su uso es minoritario), o en intereses económicos (sacar tajada del Estado y del resto de los españoles) y que exaltan la parte más primitiva y peligrosa de nuestra naturaleza. El siglo XX nos ha mostrado el verdadero rostro del supremacismo identitario, causante de una conflagración universal, y que dejó el mundo muchísimo peor que el que se encontró previamente. El “uber alles” (sobre todos) se transformó enseguida en “gegen alles” (contra todos). Los que se creen superiores al resto del mundo acaban odiando a sus semejantes. Esa es la verdadera causa profunda del terrorismo separatista y de las actuales discriminaciones totalitarias a quienes se sienten españoles.

En cambio, el patriotismo español nace del amor a la Patria, siempre en sentido positivo, nunca como excluyente. Los siglos del Imperio español destacaron por su carácter inclusivo, a diferencia de otros imperios, como el británico. La inmensa obra de España en las Américas supuso un esfuerzo integrador no superado en la Historia Universal.

El patriotismo español se alimenta de nuestra Historia y nuestras tradiciones. Tanto para conocerlas y ensalzarlas, como para ser conscientes de cuál es nuestro camino y qué errores no debemos cometer de nuevo.

El patriotismo español sólo tiene sentido cuando está basado en la defensa de la igualdad (frente a las políticas progres y separatistas, que han exacerbado todo tipo de desigualdades y fronteras) y la solidaridad entre todos los españoles, para que ningún español se quede atrás (frente al separatismo, que persigue crear categorías de españoles).

El patriotismo español tiene una componente importantísima de altruismo. Sólo así se entiende que haya quienes en distintos ámbitos estén dispuestos a dar su vida por España. Nada que ver con los separatistas, que quieren poner fronteras porque “son más ricos”, no quieren ser solidarios con sus compatriotas o desean aprovecharse de España para esquilmar a los españoles.

El patriotismo español es una de las fuentes fundamentales de creación de propuestas políticas. No es sólo un sentimiento de amor, o una esperanza colectiva, es también nuestra guía para la acción inspiradora de la gran mayoría de proyectos y propuestas para España. La defensa efectiva de nuestra soberanía en todos los órdenes, la promoción de la libertad real y de la igualdad de los españoles, la solidaridad a través de las políticas sociales, la relación con la Iberosfera, nuestra pertenencia a Europa como Nación libre y soberana, un Estado consciente de su propia misión, la lucha contra todo tipo de división (separatismos, políticas de odio), los sistemas de enseñanza, las políticas culturales, la defensa de nuestra Historia y tradiciones, la economía, la seguridad, las políticas de Defensa, son aspectos -entre muchos otros- que sólo se pueden entender desde una visión patriótica, y que ninguna otra perspectiva doctrinal o política es capaz de aportar.

El patriotismo español sólo puede entenderse con perspectiva de futuro; es un proyecto de vida en común, basado en el amor de los españoles a su Patria, España, en la defensa del Bien Común y del interés general de España y de los españoles, y en la afirmación de nuestra soberanía frente a quienes desde dentro (regiones) o desde fuera (Europa, organismos internacionales) quieren quitar poder a los españoles o hacerles caer bajo el control del globalismo.

El patriotismo español sólo se puede entender cuando está impregnado de valores.

Para entender correctamente de qué valores hablamos, traemos el testimonio de San Juan Pablo II, quien supo entender como pocos el significado profundo del patriotismo. Cuando habla de su Patria, Polonia, sentimos una gran identificación con nuestra Patria, España. Y cuando cita a los nacionalismos, estamos viendo en realidad a los separatistas.

Aunque las citas son largas, merece la pena leerlas con atención: (los subrayados son nuestros)

“La patria es en cierto modo lo mismo que el patrimonio, es decir, el conjunto de bienes que hemos recibido como herencia de nuestros antepasados… …La patria, pues, es la herencia y a la vez el acervo patrimonial que se deriva; esto se refiere ciertamente a la tierra, al territorio. Pero el concepto de patria incluye también valores y elementos espirituales que integran la cultura de una nación…”

“…La partida de Cristo ha abierto el concepto de patria a la dimensión de la escatología y la eternidad, pero nada ha quitado a su contenido temporal. Sabemos por experiencia, basándonos en la historia polaca, cuánto ha favorecido la idea de la patria eterna a la disponibilidad para servir a la patria temporal, preparando a los ciudadanos para afrontar todo tipo de sacrificios por ella, y sacrificios muchas veces heroicos…”

“…El razonamiento que acabamos de hacer sobre el concepto de patria y su relación con la paternidad y la generación explica con hondura el valor moral del patriotismo. Si se pregunta por el lugar del patriotismo en el decálogo, la respuesta es inequívoca: es parte del cuarto mandamiento, que nos exige honrar al padre y a la madre…” “…El patrimonio espiritual que nos transmite nos llega a través del padre y la madre, y funda en nosotros el deber de la pietas…”

“…Como sucede con la familia, también la nación y la patria siguen siendo realidades insustituibles. La doctrina social católica habla en este caso de sociedades «naturales», para indicar un vínculo particular, tanto de la familia como de la nación, con la naturaleza del hombre, la cual tiene carácter social. Las vías principales de la formación de cualquier sociedad pasan por la familia, y sobre esto no caben dudas. Y podría hacerse una observación análoga también sobre la nación. La identidad cultural e histórica de las sociedades se protege y anima por lo que integra el concepto de nación. Naturalmente, se debe evitar absolutamente un peligro: que la función insustituible de la nación degenere en el nacionalismo. En este aspecto, el siglo XX nos ha proporcionado experiencias sumamente instructivas, haciéndonos ver también sus dramáticas consecuencias. ¿Cómo se puede evitar este riesgo? Pienso que un modo apropiado es el patriotismo. En efecto, el nacionalismo se caracteriza porque reconoce y pretende únicamente el bien de su propia nación, sin contar con los derechos de las demás. Por el contrario, el patriotismo, en cuanto amor por la patria, reconoce a todas las otras naciones los mismos derechos que reclama para la propia y, por tanto, es una forma de amor social ordenado…” (fin de la cita) (2)

“«En este contexto es necesario aclarar la divergencia esencial entre una forma peligrosa de nacionalismo, que predica el desprecio por las otras naciones o culturas, y el patriotismo, que es, en cambio, el justo amor por el propio país de origen.

“El nacionalismo, especialmente en sus expresiones más radicales, se opone por tanto al verdadero patriotismo, y hoy debemos empeñarnos en hacer que el nacionalismo exacerbado no continúe proponiendo con formas nuevas las aberraciones del totalitarismo».» [Discurso a la quincuagésima Asamblea General de las Naciones Unidas, Nueva York, 5 de octubre de 1995]

 

Julio García de Durango

Estudioso desde siempre de temas ambientales, políticos y económicos; dedicado a renovar nuestro ideario, con la intención de crear un proyecto sugestivo para la España del siglo XXI. Ingeniero Civil. Experto en Planificación y Cost Control. La batalla cultural y de las ideas es permanente, y en ella debemos concentrarnos.

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