Para cuándo la unificación

En el año 1987 y hasta 1989, en el partido de la derecha, en aquel momento Alianza Popular, en una situación de caída libre electoral, tomó las riendas del partido un abogado del Estado pacense y residente en Córdoba, D. Antonio Hernández Mancha que, con mucha ilusión y poca suerte, no duró ni los 2 años, pues pronto recuperó la riendas D. Manuel Fraga que implosionó el partido y se fusionó con los otros partidos del centro derecha, como era PDP, PL, etc.

Y, tras esa reconstitución, tomó las riendas José María Aznar, un personaje serio, gris, sin carisma, muy funcionario, pero que supo transmitir un plan o proyecto para España de regeneración política, de una forma honrada de actuar y de transformación y unidad del centro derecha que ilusionó a la mayoría de los Españoles que no se envolvían en la bandera, ni apoderaban del himno, ni se convertían en santos griales que portaban la constitución, sino que presentaba una España fuerte, seria, que quería y sabía cuál era su lugar en el mundo, que quería desarrollarse dentro de una economía de mercado que permitiese alcanzar grandes estadios de riqueza que empoderase nuestra Nación y que, como sabía lo que quería y lideraba lo que querían la mayoría, lo hacía con firmeza, que no imponiendo, con solvencia, que no exigiendo, con rigor y de una forma transversal que sumase ciudadanos al proyecto.

Hoy, Casado, podría ser un nuevo Hernández Mancha, pues entró con la misma ilusión y fuerza, pero pronto él, con sus errores y los próximos con sus intereses bastardos, le segarán, le están segando la hierba por la que pisa. Casado, como hizo Aznar, debió de llegar como un tsunami, trasformando el partido conforme a su propio proyecto personal de acción política en el interior del partido y para España; pero, los melindrosos y meapilas que se movilizan en los partidos le aconsejan, como siempre, “con inteligencia”, “despacito sin pisar a nadie” “deja a este que será de los tuyos” y la más utilizada “con cuidado”, es la peor pues el miedo paraliza, impide la acción y limita la inteligencia, motivo por el que no se actúa o se dan viajes a un lado y a otro, perdiendo la credibilidad, la fortaleza y quedando como un “muñeco” en manos de cualquiera, de forma que todos los traidores ya han colocado la bomba en tus pantalones y te estallará más pronto que tarde, como le pasó a Hernández Mancha.

El Partido Popular requiere una transformación importante, con una regeneración absoluta, de forma que, quien sostenga las riendas desde el minuto uno, haga del partido un lugar de gente nueva, sin experiencia o con ella, pero que no hayan ostentado cargos anteriormente en el partido, ni tenga apegos o censos del pasado, gente con experiencia profesional que no acudan a servirse sino a servir, personas que tengan la conciencia limpia y deseen hacer política de otro modo para, de este modo, en si o con otras siglas, es decir, atrayendo a los demás o nuevamente impresionando y generado un nuevo partido, acoger en su seno a todos los partidos del centro a la derecha que desean libertad, seriedad, rigor, economía social y de mercado, unidad con respeto a la diversidad, división absoluta de poderes e implementación de controles al poder que permitan una democracia de alta calidad.

Mientras sigamos con una derecha sin proyecto, sin plan de futuro y mucho menos de acción unificada, la zahúrda, en la que se esconden los desgarramantas que nos gobiernan, seguirá siendo el lugar en que mora la mano que mece la cuna de esta Nación.

En tanto los egos personales de los lideres, el pan de los que como “putillas y chaperines” les ríen la gracia y el interés individual no se encuentre por debajo y sometido al interés general de España y sean capaces de comprender que no es importante el líder, sino el proyecto, por favor que no se vuelvan a apropiar de la bandera, del himno, ni de España, pues no es lo que defienden. En política, como en la vida, no eres lo que dices, sino lo que haces y hoy, la división, la disgregación y los intereses personales, juegan por encima de los de los españoles.

Que el interés particular prive sobre el general es gravísimo, pero que lo haga en un momento en el que los ciudadanos morimos a miles por la falta de acción, liderazgo y seriedad política, los convierte, a TODOS, absolutamente a TODOS, en unos miserables, canallas y ruines que debieran de ser encerrados para después tirar la llaves.

Enrique de Santiago Herrero

Abogado. Máster en Ciencia Política. Diploma de estudios avanzados en Derecho Civil Patrimonial. Derecho penal de la empresa. Colaborador y articulista en diversos medios de comunicación escrita, radio y televisión.

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