Pacto o vergüenza

Sin género de duda esta es la semana del paripé postelectoral, donde todo se disfraza de diálogo buenista y en realidad no son más que vulgares monólogos por todas y cada una de las partes que participan en el mismo.

La sociedad española empieza a respirar con cierta dificultad unos aires ambiguos, cuya única finalidad es asfixiar hasta la muerte a todo aquel que no tenga la mascarilla patentada y reconocida por el marxismo socialista.

El sanchismo no es más que una revisión regresionista, no es progreso es inmovilidad y retroceso, su único argumento es el insulto y la descalificación, fomentando una alerta antifascista que como antaño es inexistente.

El fascismo fue un movimiento ideológico surgido como reacción al revolucionario o totalitario comunismo, con distintos rostros, mismas formas y fondos. Un movimiento ideológico que tuvo su máximo auge en la década de los 30 hasta mediados de los 40, más concretamente 1945, que fue el año de la caída del III Reich, de la derrota del eje.

Con la caída del nacionalsocialismo alemán o nazismo y el fascismo italiano, el fascismo por excelencia, ambos surgidos de la izquierda radical y la izquierda respectivamente, deja de existir como movimiento ideológico, para convertirse en un mero insulto o descalificativo hacia la disidencia ideológica.

Fue la izquierda progre y marxista, la que acuñó este neologismo a modo de descalificativo hacia la derecha, con el único y verdadero objetivo, de que aquellas generaciones y sobre todo las futuras, no conocieran sus verdaderos orígenes ideológicos. Dicho de otra forma su pecado original.

Como digo al principio de este escrito, creo firme y ciegamente, que este supuesto pacto entre marxistas no es más que la dinámica de esta simple táctica del sanchismo, cuyo verdadero objetivo es hacer del socialismo una ideología hegemónica en España, una forma de vida, que sólo ofrece esclavitud.

Soy consciente de que algunos pensaréis que soy muy repetitivo, incluso inmensamente visceral en mis opiniones o ideas, como también que me postulo en el odio y el rencor. Nada más lejos de mis verdaderos objetivos, empezaré diciendo que me postulo en el sentido común, y en la mayor de las objetividades dentro, claro está, de la subjetividad que llevamos cada cual en nuestro ADN. Lo primero, si soy o no soy cansino, no es algo que merezca la pena disentir, y lo segundo, lo referente a la visceralidad de mis escritos, tengo que reconocer que poseen mucha intensidad, pero no postulada en el odio, sino en el sentido común y siempre bien argumentada con argumentos lógicos y estudiados.

Mucho me temo -y si nadie lo evita-, esta primavera iremos a unas nuevas elecciones; puedo estar equivocado, pues mi razonamiento y sentido común me dicen que no hay nadie, absolutamente nadie, en posesión de una verdad absoluta, el que así lo crea es un vulgar y simple impostor. Nuestro monarca, nuestro actual rey Felipe VI, tiene en su mano que no se vuelva a repetir la historia de su bisabuelo, Alfonso XIII.
Un todavía gran sector de la sociedad española, como son los marxistas, que componen este nuevo frente popular en todas y cada una de sus manifestaciones, postuladas en un egoísmo sin parangón por meras y vulgares turbas borreguiles dirigidas por unos pastores e ideas cimentadas en la fatuidad más descarada e inmerecida, vulgares legiones y huestes de mercenarios amantes de la delincuencia y el libertinaje, quieren imponernos sus dogmas convirtiéndolos en mantras para que mostremos la otra mejilla con una sumisa aquiescencia a esa supuesta superioridad y autoridad moral que dicen les pertenece en propiedad.
Creo que dejo clara mi preferencia ideológica, una opción que de momento está condenada a permanecer y vivir en la más absoluta forma de las autarquías, por estar en las antípodas de toda esta turba de delincuentes a los que he hecho referencia en este, mi escrito. Estar en el otro extremo, defender y ser todo lo contrario a lo expuesto, me da una razón postulada en una credibilidad y transparencia casi espectral y absoluta.

El único cambio, el único progreso positivo y hacia adelante, es la derecha, la única que existe hoy en España, es Vox. Ni es fascista, pues el fascismo solamente cree en una única idea y por lo tanto no es plural, pues detesta y condena la esclavitud que representa y defiende la lucha de clases de la izquierda, como tampoco defiende la lucha de siglas o partidos que defiende la derecha, pues ninguna mejora la situación de los humildes, certeza casi incontestable aunque no absoluta.

Ni tampoco es franquista, pues además de todo lo expuesto del fascismo, el franquismo era una dictadura necesaria pero dictadura al fin y al cabo, y esto significa la inexistencia de partidos políticos, de lo cual, se deduce que VOX no es nada de lo que se le tilda falsamente, con vulgares falacias.

Para terminar, diré que estos, mis escritos, no tienen como fin el convencer de unas ideas, sino de llevar a mis lectores a una reflexión o análisis profundo de lo que relatan, así como en mayor medida de un desahogo personal. El segundo de estos dos motivos se cumple con creces, si el primero se da aunque en una ínfima o menor medida, me doy por satisfecho.

Santos Trinidad

Cristiano católico, creyente no practicante. De derecha, amante de la libertad, basada en una igualdad sustentada en la justicia.

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