Pablo Iglesias Turrión, o el nuevo Caudillo

Con este gobierno impensable hace tan solo un año, estamos viviendo las situaciones más aberrantes e increíbles, que podíamos imaginar.

Nadie pensó que un comunista resentido, salido de una sentada de inconformistas perroflautas, anti sistema, fuera quien, hoy por hoy, mueve los hilos del gobierno.

Nadie pensó que la pareja de ese comunista ostentara el cargo de ministra, en un ministerio llamado de igualdad y que sodomiza a los hombres, solo por el mero hecho de serlo.

Nadie pensó que ese comunista obligaría a sus socios de gobierno a pactar con asesinos etarras, y con secesionistas enfermos de odio y de mentiras, amenazándoles con quitarles su apoyo si no acatan sus exigencias.

Nadie pensó que ese comunista que prometía que aunque llegara a ser presidente del gobierno, jamás saldría de Vallecas, ahora viviera en un chaletazo de un millón de euros, vigilado por la Guardia Civil, cuerpo al que odia por cierto, y fuera poseedor de una gran fortuna y de múltiples propiedades.

Nadie pensó que ese comunista que pregonaba a los cuatro vientos su indignación por los sueldos que cobraban los políticos, ahora formase parte de la casta, como él les denominaba, con un sueldo astronómico.

Nadie pensó que a ese comunista se le iba a investigar por financiación ilegal de su partido.

Nadie pensó que a ese comunista, pareja de la feminista entre las feministas, se le pillara destruyendo una tarjeta comprometedora del móvil de una mujer.

Nadie pensó que a ese comunista, durante su responsabilidad sobre las residencias de mayores en la maldita pandemia, muriera más gente de la que se pudiera imaginar por su mala praxis.

Nadie pensó que ese comunista, defensor a ultranza del movimiento okupa, favoreciera a los ocupantes y castigara con la ley a los ocupados.

Nadie pensó que ese comunista odiase tanto a nuestra bandera, a nuestro himno, y a nuestro idioma, tanto es su odio por este último, que ha sido arte y parte en la desaparición del mismo, en varias comunidades autónomas.

Nadie pensó que a ese comunista solo le importara destrozar España para imponer su régimen dictatorial y comunista, que es lo que ha pretendido desde el primer momento sin negarlo jamás.

Lo que nunca pensamos los españoles es que este comunista declarado, hijo de un presunto miembro de una banda terrorista, llegara a obtener tanto poder por un puñado de votos, y que un partido supuestamente mayoritario decidiera pactar con quien nunca dijo que lo haría.

Ahora es demasiado tarde para rectificar, con los constitucionalistas mas divididos que nunca y los asesinos, los secesionistas, los comunistas, y los socialistas más unidos que nunca.

Debemos acostumbrarnos a ver y a escuchar cosas como esta, salidas de la boca de uno de los socios del gobierno perteneciente a la banda terrorista ETA, Arnaldo Otegi: «para que España sea Roja, republicana y laica, antes tendrá que romperse»

Y así está rota.

 

Mª José Gómez Busó

Jubilada, apasionada del patchwork, lenguaraz y rematadamente sincera.

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