Odio y miedo: El COVID19 desde la ingeniería social

En ocasiones el individuo adquiere el papel de arma de destrucción masiva, y nosotros mismos arremetemos contra el prójimo y nuestra propia persona. Ya en febrero se habló públicamente de la histeria colectiva generada en España dado a la llegada oficial del COVID19: “pánico, mercado negro, ‘saqueadores’ chinos y mucha picaresca en un recorrido por 12 farmacias de Madrid (y la Tienda del Espía) en busca de protección contra el coronavirus”. Es más, partiendo de esa base, la ira generalizada se incrementó cuando se viralizaron unas declaraciones de Carol J. Baker, médica investigadora, al haber dicho según las interpretaciones de varios usuarios que “los inmigrantes son los que más aceptan las vacunas” por lo que “hay que deshacerse de las personas de raza blanca”.

Acertada o no esta traducción, que la vacuna del COVID19 sea la excusa para que se altere nuestro ADN para siempre, no es una teoría tan descabellada: “la nueva generación de vacunas genéticas inyectarán genes sintéticos, moléculas de ADN artificiales que modificarán la estructura del ADN de nuestros cuerpos, con las consecuencias imprevisibles a largo plazo que ello conlleva” exponen medios como ‘Alerta Digital’. Por otro lado, y desde un punto más generalizado, en ‘El Contramedio’ se hablaba de las numerosas ventajas que traía consigo el coronavirus para la instauración de un Nuevo Orden Mundial.

El COVID19 ha causado un gran impacto en la salud de la población, puesto que tanto el aspecto físico como el mental se han visto resentidos: el confinamiento es otra de las medidas impuestas que ha dañado a los ciudadanos, y el golpe ha resultado doble cuando la OMS declaró hace poco que “nunca ha aconsejado el confinamiento para frenar la pandemia” ya que lo que realmente importaba era el hecho de “separar a las personas infectadas de las sanas”: “Nunca dijimos que se aplicaran medidas de confinamiento. Dijimos que rastreáramos, aisláramos y tratáramos”, añadió Margaret Harris, la portavoz de la organización.

LAS SIMILITUDES DE LA INDIA CON ESPAÑA: ¿UNA NUEVA, NUEVA DELHI?

En España se ha acordado hacer acto de presencia en los balcones de nuestros hogares a las 20.00 para aplaudir masivamente en honor a la gran labor que hacía el personal sanitario. Popularmente, tales aplausos iban dedicados también a toda aquella persona que trabajara de cara al público en el sector de la alimentación, sumando así a las grandes cadenas de supermercados, o de la limpieza en general. Incluso Pablo Iglesias opinó al respecto, buscando ‘apropiarse’ de esos aplausos según informan periódicos como ‘Es Diario’: “El aplauso transversal a los profesionales sanitarios debe convertirse en un compromiso de todos para reforzar lo público. Seguimos tendiendo la mano a todos los partidos, sindicatos, empresas, instituciones y sociedad civil para un gran acuerdo de país que reconstruya lo común”, suscitando más reacciones negativas que positivas.

Sin embargo, resulta un detalle desagradable las publicaciones que muchos de estos profesionales de la Salud han realizado a través de plataformas como twitter, mostrando cartas de sus propios vecinos pidiéndoles -en algunos casos rozando la exigencia- que abandonen sus pisos por el bien de la comunidad. Hay también actos que han ido más allá de una carta, y se han reportado casos de personas anónimas que han rociado con lejía la puerta de la casa de los sanitarios, además de la barandilla y las escaleras principales.

Sin embargo, España no es el único país en el que el coronavirus sirve como motivo de odio social: en la India, aprovechando esa ‘limpieza étnica’ que el primer ministro habría llevado a cabo según sospechas de la población, se habría acusado cruelmente a los musulmanes de ser los únicos responsables de multiplicar la pandemia: “No sólo se ha extendido el rumor en India sino también dónde hay hindúes trabajando fuera de India” relata Kamal, musulmán occidental viviendo en Nueva Delhi: “Un hindú que trabaja en Emiratos le dijo a su mánager que los musulmanes indios habían extendido el virus, y el mánager que es ‘imaratí’ y musulmán llamó a la policía, y le dijo al hindú que se lo contara a la policía, y lo han encarcelado al muy imbécil”. Más adelante, agrega: “No sé si puedes calibrar lo que es extender este bulo en una población ignorante, fanatizada y ahora presa de la rabia por no poder salir y aterrorizada por miedo al virus”. A su vez, a la población india en cuarentena se les alimenta “como si fueran alimañas”. Kamal continúa: “Un doctor que murió de COVID19, la gente no lo deja enterrar en la ciudad de Chennai, han apedreado a los que iban a enterrarlos. Reaccionan como animales, muy parecido a lo que pasó en la línea de la concepción, que aunque nadie lo diga eran gitanos, no andaluces”.

Mientras en países como España se estaría entrando en la Fase 0 a partir del 4 de mayo, en otras zonas, como Argentina, se puede salir un determinado día en función de en qué número termine el DNI del ciudadano. Kamal nos cuenta qué sucede en la India: “Aquí el 80% de la gente se lleva gratis un saco de 40 kilos de arroz y algo de aceite. A ver cuánto aguantan así, ya te dije; ha habido apedreamientos a policías y médicos. El que se supone que gobierna este país sólo está interesado en que a la noche, a una hora concreta, saquen velas a las ventanas. No sé qué ventanas tienen los que viven en chabolas y los que duermen en la calle, que son multitud. Aquí cada distrito elige un diputado estatal, así que el diputado intenta dar una imagen de que todo está controlado. Y nos dijeron que tenían máscaras y guantes para quien los necesite. Hay que fastidiarse, que van a tener aquí más material que en España, esto es para inmolarse”, prosigue.

Ya en España fue desolador lo que ocurrió con los test de coronavirus, como la dudosa fiabilidad de sus resultados o el desmentirse que no era el país que más pruebas hacía a sus ciudadanos según fuentes oficiales, pero sin duda, lo que más llama la atención son los testimonios que investigadoras como Noelia de Trastámara facilitan en sus redes sociales: “Me llega el mensaje desesperado y atemorizado de una chica que me ruega preservar su identidad. Me confiesa lo siguiente; ‘tengo una empresa en la que fabricamos entre otras cosas test’ y ‘cuando el gobierno expropió este material, me obligó a enviarlo a Austria’ (…) También me escribe gente desde Italia que les han realizado test españoles y que funcionan de maravilla. No entienden que pasa aquí” continúa de Trastámara, ofreciendo otro testimonio: “soy español y estoy viviendo en Bergamo (Italia), epicentro del virus en el norte de Italia, aquí nos están haciendo los test rápidos que llegan de España y de fabricación española. ¿Y en España tienen que llegar de China? Increíble”.

¿FAVORECE EL COVID19 A LAS CLASES MÁS PUDIENTES?

“No quiero ser pesimista pero todo esto del virus lo van a aprovechar para sacar su tajada. Sería algo así como si las milicias antifas de Podemos estuvieran patrullando en España junto a la policía” apunta Kalam. “Como extranjero no tengo derecho a asistencia sanitaria del gobierno. Pero todo está asumido. Lo prefiero a estar en España en un centro para ‘homeless’. Mientras, los ricos-riquísimos, incluido el ministro de Interior, preparan millonarias fiestas de boda para sus hijos, ignorando el toque de queda. Esto es India”.

España no está muy lejos de Nueva Delhi, ya que varios políticos ignoraron el toque de queda según sus prioridades. Ocurrió con el propio Pedro Sánchez: “El presidente del Gobierno se salta sus propias restricciones de confinamiento para visitar una fábrica de respiradores en Móstoles, Madrid. Una visita sorpresa a la que acudió con guantes, la mascarilla mal puesta y acompañado sólo por medios gráficos oficiales”. A su vez, Pablo Iglesias también ignoró la cuarentena hasta en cuatro ocasiones: “El vicepresidente social, Pablo Iglesias, debía cumplir aislamiento por el positivo de su pareja, la ministra de Igualdad, Irene Montero”. En el caso de Mariano Rajoy, fue por tomar el aire y ejercitarse: “Rajoy se salta el confinamiento y sale a practicar deporte a la calle”.

Así pues, encontraríamos un listado de situaciones embarazosas por parte de toda clase de políticos y gobernantes: “El alcalde de Badalona (PSC) ha dimitido por conducir ebrio y resistirse a las fuerzas del orden; la directora de la Agencia del Medicamento pretendía coger un tren para marcharse unos días a su casa; una edil de Ciudadanos pidió perdón tras ir a hacerse la manicura; el alcalde de Villalar de los Comuneros festejó el día de Castilla y León paseando con la bandera por las campas del pueblo…”.

Kamal, en su testimonio, hace un comentario que subraya la frialdad de sus responsables ante el pueblo indio: “Fíjate lo que están pasando estas gentes con las medidas anti-virus. Tuvieron que dejar sus trabajos y volver a pie a sus regiones, los apedrearon por el camino, marcharon sin comida ni agua, y acosados por la policía y fumigados. Perdieron sus trabajos y el gobierno los deja que se pudran de asco y de hambre, y si salen los apalean. Allí no les están dando ni los 45 kilos de arroz que dan aquí. Te juro que no lo entiendo, no es lógico. Aquí hay millones de ejemplos, los van a matar y los ricos celebrando bodas millonarias. ¿Qué hay detrás de todo esto?” pregunta, abatido, remitiéndonos a una noticia que explica cómo un ciudadano “vendió su teléfono móvil por 2500 rupias, le compró a su familia un ventilador, algunas raciones [de comida]. Luego se suicidó”. Por ello, la escritora Arundhati Roy, por su parte, califica la situación en la India se estaría volviendo un genocidio, algo que podría aplicarse a España según una noticia de ‘La Vanguardia’: “El Congreso aprueba la tercera prórroga del confinamiento con una oposición mucho más crítica” ya que, según usuarios, sería ilegal prorrogar más de una vez el Estado de Alarma “Yo lo veo más ilegal en el fondo que en la forma. Si hay una situación nueva” opina un mediador “hay que aprobar los cambios legislativos correspondientes a esa nueva situación, y no utilizar una herramienta legislativa que es para situaciones extraordinarias y siempre que la legalidad vigente no pueda darle solución”.

La ingeniería social continúa, con más fuerza que nunca, en cualquier punto del mundo para generar odio entre los habitantes de hasta el lugar más recóndito: “Mira qué curioso” prosigue Kamal “que con ese coronavirus tan peligroso aprovechan para matar a once militantes independentistas cachemires en los últimos diez días. Debe ser un bichito tan peligroso que les viene muy bien” dice, refiriéndose al COVID19. “Recuerda que todo el país está bajo toque de queda. Cada vez me suena más a chorra lo del bichito y veo lo beneficioso que está siendo para el poder (…) No sé cómo se puede ser tan cruel” continúa “resulta que el gobierno ha dicho que ya todos los migrantes que salieron a pie sin comida ni agua habían llegado a su destino. Nada más falso, todavía hay familias andando por ahí sin dinero, sin agua y sin comida. La reportera de Mojo los ha pillado, el Gobierno miente. Y en segundo lugar, ahora se están cebando con los vendedores musulmanes de frutas, ya han salido vídeos. La verdad es que da pena, a un chaval le estaban dando los del RSS y el chaval temblaba. A otros los cogieron y les dieron una paliza. Ahora los hindúes no compran nada a los musulmanes. Hay un vídeo penoso de un anciano al que le obligan a confesar que se había meado en la fruta. Pobre hombre, estaba aterrorizado”.

¿Cuántas veces en España se ha señalado públicamente a las personas que no salían a aplaudir a sus balcones? ¿A quienes se excedían, a juicio del resto de vecinos, de su tiempo de paseo?

¿Hasta qué punto vamos a enfrentarnos entre nosotros mismos? ¿Por qué nuestros políticos parecen ignorar ese peligro que, según ellos, acecha a la población? ¿Es el miedo otra pandemia latente? ¿Por qué cuesta hablar u opinar sobre el COVID19? ¿Podemos confiar en la prensa oficial?

Alba Lobera

Luchando contra un #MundoViperino, con la ambición e ilusión del primer día. Periodismo, Filología Hispánica, docencia en ELE, Community Manager, locución y doblaje. Comunicación transparente y rigurosa. Investigación.

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