No voteis

Señores, el problema no es Sánchez, son los que le votan.

Se pasan la vida obligando a la transparencia a todos los ayuntamientos, y la cúpula del PSOE se entrevista de forma oculta y sin permitir que trasciendan a los votantes sus decisiones.

Si esto lo hubiese hecho Aznar o Rajoy, las calles estarían ardiendo como en la Segunda República. Las iglesias ya no las incendian porque creen que con la Iglesia ya han acabado. (Qué ingenuos).

Si fuese Aznar el que se reuniera a escondidas, con el que le va a entregar el poder a cambio de unas exigencias, no se podría circular por las calles de las principales ciudades de España. Habría miles de pancartas. Gritos desgarradores denunciando que se está vendiendo la soberanía de la nación por tan solo 7 votos.

Le pregunto a un amigo mío que es profesor de instituto y está sanchizado, si cuando le votó era esto lo que él quería, y me responde que las cúpulas de poder a veces tienen que hacer cosas “bajo mano”.

Me quedo pensando: “BAJO MANO”.

Entonces concluyo: El problema no es Sánchez. El problema es este profesor y los millones de sanchizados que le dan carta blanca con tal de que gane. Estos individuos ven la política como si fuese un partido de fútbol. El hijo de mi amigo está trabajando en una hamburguesería en un pueblecito cerca de Londres. Es licenciado en Derecho, pero aquí no tiene trabajo. Le dice a su padre que allí se está bien… pero “te hacen saber que eres un inmigrante” que se está aprovechando de las cosas que tienen ellos en su país.

Mi amigo es incapaz de comprender que la deplorable situación de su hijo tiene relación con la pésima gestión de Sánchez. Tenemos el paro juvenil más alto de Europa y con Sánchez ha aumentado.

Tenemos fuera de España tantos jóvenes como los que salieron en un principio tras la Guerra Civil (luego volvieron la mayoría porque se vivía mejor en la España de Franco que de refugiado en Francia). Uno de ellos es Puigdemont y sus camaradas.

La segunda reflexión de mi amigo el profesor es que “Eso, Sánchez, lo hace por bien de la concordia y la convivencia entre los españoles”.

Y digo yo, si el objetivo de Sánchez no es conseguir siete votos sino conseguir la paz y la concordia entre los españoles, ¿por qué insulta, desprecia y margina a los dos líderes de más de 11 millones de españoles?

Señores, el problema no es Sánchez, son los que le votan. Han absorbido tanto odio a la mitad de los españoles que la sangre les inunda el cerebro y no les permite razonar. El problema del nazismo no fue Hitler, sino sus votantes. Hitler, sin sus votantes, no habría pasado de ser un payaso mentiroso y un ridículo personajillo del panorama político alemán. Muchísimos alemanes que no le votaron se echaron las manos a la cabeza porque previeron lo que iba a ocurrir. Pero, ganaron los hitlerizados. Hitler supo estimular el odio de millones de alemanes contra otros millones de alemanes que no le votaron. Como historiador, les considero cómplices y culpables; y a los votantes de Sánchez, también del paro, del analfabetismo que ha regresado después de 50 años, de la pobreza, de los muertos por la pandemia por no abastecer a los hospitales y a los médicos, por no prohibir una manifestación que produjo tantos muertos que no quieren contabilizarlos, por la humillación que sufrimos frente a políticos corruptos, por el PSOE como partido más corrupto de Europa por los eres, etc.  El odio que el PSOE difunde contra los votantes de VOX, ya está surtiendo efecto: “A ese no lo contrates que es de VOX”. “No le dejes pasar que es de VOX”, etc. Supongo que acabaré en un horno crematorio pero, a veces, me parece leer ese deseo en sus socialistas caras enrojecidas por la sangre.

Cuando se dan cuenta de que se han descubierto, vuelven a tomar un talante sosegado, tolerante  y de desprecio superficial.

José Enrique Catalá

Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Valencia. Especialista en Hª Medieval. Profesor. Autor del libro: Glosario Universitario.

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