No desbarremos

"La manipulación política de los asuntos de salud, algo que viene ocurriendo desde hace tiempo, nos está volviendo locos a todos".

A cuenta de lo que se ha llamado la ideología del COVID19, quiero contaros la historia de los Sabateos, que es la historia de un judío romaniote del siglo XVII: Shabtai Tzví.

Este fue un rabino judío que vivió en el imperio Otomano. Estudió, como era costumbre en la época, el Talmud y la Cábala. A los 21 años en 1647 se declaró el Mesías, pero dudaba, el hombre no lo tenía muy claro. Hay quien dice que era bipolar. 

Expulsado de Esmirna fue dando tumbos por todo Oriente Medio: Grecia, Palestina, Egipto entre otros sitios. Fue en Palestina donde conoció a otro estudioso, Nathan de Gaza. Este le convenció definitivamente que era el Mesías, y así lo proclamaron a los cuatros vientos. No me quiero extender más en la biografía de Shabtai Tzvi, interesantísima por otro lado. La cosa es que su llamada recorrió Europa desde Grecia y Palestina. Se propagó por todas las juderías, y fue creído. Muchos judíos abandonaron casas, vendieron pertenencias y negocios y se fueron a seguir al nuevo Mesías. Por miles. 

Shabtai Tzvi | Wikipedia

El hombre se creció tanto que decidió ir a Esmirna a arrebatarle el trono al Sultán Mehmet IV. Como era de esperar el Sultán se mosqueó y logró que el Gran Visir ordenara su arresto y encierro en la fortaleza de Gallipoli, después de disolver a sus seguidores por medios expeditivos. 

A pesar de ello Shabtai seguía en sus trece. Hubo numerosos intentos de que desistiera, pero su convencimiento era inamovible. Además, sus seguidores conspiraban. Como consecuencia fue condenado a muerte si no se arrepentía. Y se arrepintió, vaya que si se arrepintió. Como que se convirtió al islam. Ahora, eso sí, tuvo un motivo de peso. 

Fue perdonado y se fue con la familia a vivir a Adrianópolis, donde, hasta el día de su muerte siguió teniendo más delirios que un consumidor de alucinógenos. Todo esto en el mismo siglo en el que el racionalismo empezó. En el siglo de Spinoza. Otro judío. 

Ambos fueron excomulgados por sus comunidades y perseguidos. Aunque lógicamente por motivos bien distintos. Aquí os voy a recomendar un libro: “La sinagoga vacía”, del muy merecidamente admirado Gabriel Albiac. Es una biografía del sefardita Baruch Spinoza y recoge la historia de Shabtai.

Ya sé que os estaréis preguntando que qué pasó con los seguidores del malogrado mesías. Pues imaginaros, el llanto y el crujir de dientes. Decepción absoluta hasta el punto de que el nombre de Shabtai ha pasado a la historia, entre los judíos, como un nombre peyorativo. Se pusieron impedimentos al estudio de la Cábala y creció la corriente jasídica del judaísmo. Igualmente ortodoxa, pero más liviana. 

¿Y Spinoza? Spinoza es uno de los padres fundadores de la filosofía moderna. Este seguidor contra viento y marea de Descartes, pagó bien cara su postura. Pero la posteridad es suya. Fue un precursor del Siglo de las Luces, el que acabó moldeando nuestra sociedad actual. 

¿Pero cómo fue posible que ese falso mesías tuviera esa cantidad de seguidores? Pues eso digo yo. ¿Cómo es posible que hubiera el otro día 3.000 manifestantes en la plaza de Colón de Madrid, en contra de las medidas antiCovid, mezclando cosas como las mascarillas, la implantación de la tecnología 5G, el nuevo orden mundial, Bill Gates, etc.? ¿Pero qué tiene que ver el culo con las cuatro témporas del año?

Es evidente que la manipulación política de los asuntos de salud, algo que viene ocurriendo desde hace tiempo, nos está volviendo locos a todos. Es algo asqueroso, en eso estoy de acuerdo. Pero que no nos cuenten milongas. Nadie nos va a implantar un chip. Las cosas no funcionan así. Claro que hay control social. Siempre lo ha habido. En cualquier régimen. Claro que hay ocultación de la verdad. Pero no desbarremos. La enfermedad existe, no es un invento. Un invento son los relatos del post-periodismo, la manipulación de las emociones. 

Estoy seguro de que este gobierno va a utilizar el virus para controlar a la población todo lo que pueda. Y que va a intentar implantar el Estado de Alarma otra vez. Esta vez con el apoyo del PP y Ciudadanos. No sé si el uso de la mascarilla es bueno o no. Pero lo que sí sé, repito, es que la enfermedad existe. El gobierno ha estado, intencionadamente o no, metiendo la pata hasta el corvejón. Como ha dicho el médico y diputado de VOX Juan Luis Steegman: «Los errores de Simón nos han convertido en el país con más muertos por habitantes del mundo»

Este gobierno quiere un cambio cultural y constitucional, y el que no lo vea es que no mira o no quiere mirar ¿Verdad Sr. Pablo Casado? Y no lo digo yo, leer la entrevista a Iván Redondo en El País del 31 de julio, donde literalmente se dice: <<el gabinete cuenta con un calendario preciso de iniciativas para esta legislatura, “con asuntos como la guerra cultural y la reforma de la Constitución. Cada propuesta legislativa está contemplada en su momento”. Ahora la urgencia es la reconstrucción. Luego llegará el resto>>

Dicho esto, no nos volvamos como el pobre Shabtai Tzvi. Dejemos los delirios para las tardes de fútbol. Seamos conscientes de que, precisamente por ese control social, somos fácilmente manipulables, en cualquier sentido. 

Enrique Jesús Ortiz

Apasionado de la empresa. Treinta años montando y desmontando negocios. Aficionado a la economía pero no soy economista, así que ustedes sabrán disculparme. Apasionado por la historia. Amo el trabajo. Creo en la familia, en la propiedad privada y en la nación.

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