No dejes de ladrar

Al finalizar la tarde, tras un día duro de trabajo en el que ya, desde hace tiempo, se acabaron las alegrías y se limitan a los llantos, penas y dolorosas situaciones, ora un despido, ora un concurso, ora un desahucio o un impago, con los sufrimientos de todos en el alma y los tuyos sin dejar de existir y oprimiendo tu alma, con dolor de cabeza, angustia en el corazón y el sentimiento de concluir el día, cerraba la puerta del portal y me dirigía a tomar el coche para encaminarme a casa, cuando al acercarme al semáforo, un grupo de tres personas, un larguirucho barbudo, una guapísima rubia y otra persona que estaba con ellos, me hicieron gestos que me resultaban incomprensibles y desconocidos, hasta que ella me llamó y la reconocí de inmediato.

         Junto a ella, el larguirucho lo reconocí como un compañero de colegio de aquellas hordas de pequeños con pantalón corto que nos juntábamos en el colegio y que, con el tiempo, nos hemos ido transformando, no sin alterar la esencia de aquellos que aún agradecemos a nuestros padres y a los profesores nos transmitiesen unos y forjasen otros, que en unos prendieron y en otros se olvidaron, pero en todos algo quedó, de responsabilidad, honradez, seriedad y respeto por lo que nos dejaron en herencia, nuestro trabajo, nuestros principios, el recuerdo de lo que ellos y nuestros antepasados crearon, el valor de los símbolos que nos representan, la bandera, el himno, España como patria común en la que cada uno de nosotros desarrollaba, defendía, evaluaba y sustentaba distintas ideologías, diferentes planteamientos políticos.

         Una generación y unos amigos que piensan distinto, que actúan distinto, pero en todos quedó un poso que hoy no hemos sabido transmitir, del valor del esfuerzo, muy cansino para las nuevas generaciones, la honradez que sólo sirve para impedirte crecer y no para ganar dinero, la seriedad es muy aburrida, el respeto que me lo tengan a mi que para eso todos somos iguales, la bandera es un trapo y el himno no me llama y recordar que en España se desarrolló la cultura gracias al clero, que desde Salamanca se gestaron los derechos humanos, que fuimos la sede del imperio, descubrimos nuevos rumbos, que hemos sido una gran nación mientras hemos tenido un proyecto de vida común, no sirve para nada.

En este momento en el que la extrema izquierda busca la división, la crispación, el dislate y el enfrentamiento con el que obtener su deseo y la derecha se hooliganiza y divide, sin un plan para España, sin un proyecto ilusionante que presentar para que aquel país que fue, que es y que podrá ser nuevamente grande no se convierta en una devastada república de repúblicas socialistas ibéricas, los “perritos sin alma” seguimos dando golpes en la barra del bar, criticando y no haciendo nada.

El larguirucho me sonrojó cuando me dijo que me seguía, que me leía, escuchaba o veía en las redes y los medios de comunicación y, prueba de ello, es que me dijo con cariño “no dejes de ladrar”, lo que demostraba que sabía lo que es el “perrito sin alma” al que tantas veces menciono, una forma de vernos, de tratarnos, de sentirnos los políticos para los que no somos más que eso y los que ladramos somos molestos y debemos de ser acallados.    Me sentí horado de su reconocimiento, del cariño con el que me transmitió que me seguía y, como le dije, debo de estar haciéndome muy mayor, pues las cosas me afectan cada vez más cuando, sobre todo, alcanzan mi corazón.

Los ciudadanos, mayoritariamente respetuosos con las normas que nos han dado y cumplidores de las medidas sanitarias que nos han indicado, no observamos la misma coherencia por parte de los políticos, que ni siquiera respetan las normas sanitarias que nos obligan a los demás.

Es muy deprimente ver cómo nos aplican políticas de austeridad, que suben impuestos, nos cargan con gravámenes cada vez mayores, no cejan de cobrar ni la seguridad social ni los impuestos, tasas, etc., se suben los salarios y nos criminalizan como incumplidores de los requisitos sanitarios; pues bien, los que ya estamos acostumbrados a luchar sin recibir nada, sólo les pedimos que no nos den nada, que no nos ayuden, pero que no nos cobren los impuestos, que no nos metan la mano en el bolsillo y que nos dejen en paz, que hasta el dictador canalla nos dejaba vivir más en paz que ustedes y tanto él como ustedes, ahora con un estado de alarma y toque de queda, nos limitan nuestros derechos de forma cruel.

España, los “perritos sin alma”, necesita vivir y hacerlo en paz y ustedes ni nos dejan vivir, ni cuidan de nuestra salud, ni nos dejan en paz, ni unos ni otros, que desde hace ya un año deberían de haber preparado modelos de actuación, protocolos sanitarios, sociales, económicos y jurídicos y menos políticas de un sesgo ideológico indecente, no han hecho ninguno nada.

Aquel que no crea en las instituciones, en el derecho y en la democracia, es difícil que la pueda defender, que pueda sustentarlo y no sabrá actuar en ese campo; pero, si está en las instituciones, lo único que puede hacer es destruirlas, romper la concordia y destruir la democracia llenando de ponzoña, odio y ruindad todo lo que toquen por ser su esencia o por simple inconsistencia.

Enrique de Santiago Herrero

Abogado. Máster en Ciencia Política. Diploma de estudios avanzados en Derecho Civil Patrimonial. Derecho penal de la empresa. Colaborador y articulista en diversos medios de comunicación escrita, radio y televisión.

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