Nacionalismo periférico, vulgar racismo

Este escrito se refiere a todos estos fascistas camuflados de demócratas, como son los nacionalismos particularistas y secesionistas, así como el marxismo en todas y cada una de sus manifestaciones, concretamente la socialista y la comunista (socialcomunista).

Es una especie de efemérides a mis comienzos en este mundillo de la opinión escrita, quedando atónito y perplejo por lo que meros y subjetivos secesionistas, localizados en un medio independiente catalán, tachaban de oro puro, de genialidad, la vulgaridad y mediocridad de la verborrea vomitiva, de uno de sus paradigmas fascioantisistema de moda en aquel momento.

Este escrito, esta reflexión, es una crítica a ese mundo virtual y de ficción, a esa realidad paralela en la que viven los populismos fascistas en sus cortes o taifas, que conocemos como nacionalismos periféricos y a el marxismo en general.

Más de uno se preguntará, por qué tildo de fascismo, lo que supuestamente se conoce y se nos vende como lo contrario. Es sencillo, si uno se molesta en aprender el significado de lo que lee, lo interpreta de forma objetiva y correcta y lo aplica en propiedad, no de forma gratuita, llega a la conclusión de que la analogía entre los movimientos fascistas, entendidos como tales y no como un descalificativo, acuñado por estos hacia su disidencia ideológica, con el único objetivo de encubrir u ocultar, a las generaciones pretéritas, las presentes y sobre todo las futuras, la verdadera esencia, los verdaderos orígenes de los mismos. Cosa esta, evidente por su elocuencia en los nacionalismos periféricos. Por esa característica común como es la supremacía étnica o racismo.

Pero, para poder compararlos con el marxismo, pues nacen de la misma izquierda radical que el socialismo o comunismo, lo cual es una certeza y una realidad incontestable, sólo hay que ser objetivo, dentro claro está de esa subjetividad que llevamos inherente, cada cual, en nuestro ADN, pues en mi humilde ignorancia y modesta opinión. La diferencia entre marxismo, entiéndase como socialcomunismo en el caso que nos ocupa y el fascismo como movimiento, solamente radica en que los primeros sólo poseían el ideal, el sentimiento y los segundos además de eso tenían todos los medios.

Su retórica demagógica, populista y sobre todo falaz, quiere revertir sobre su disidencia todas las taras o defectos propios. Utilizan ese «y tú más», es decir, el revolcarse en el estiércol ajeno, para así poder desviar o camuflar el hedor de su propia fetidez. Por supuesto, esto lo hacen de una forma totalitaria o fascista, repitiendo la falacia una y mil veces para convertirla en verdad. Táctica creada y aplicada por el nacionalsocialismo alemán de una forma orgullosa y confesa por ese nazi pata negra, que fue Goebbels.

Siendo justo, objetivo, realista y democrático, la ideología de los nacionalismos secesionistas no es más que una forma de legitimar el fascismo o fascismo amable de una forma encubierta, como diría el camisa negra y comunista, leninista-estalinista, señor Monedero.

Dicen tener una lengua propia, la cual les da un derecho o reconocimiento a ser un país o nación, una lengua sin futuro, una lengua muerta que, saliendo de sus comunidades o regiones, no sirve para absolutamente nada, y en el conjunto de la nación española es una riqueza cultural sin parangón. Lo peor viene postulado por los dogmas marcados por esa turba de vulgares oligarcas caciquiles, fatuos  y megalómanos que, a día de hoy, son los líderes mesiánicos y únicos representantes del fascismo, los cuales, a través de sus políticas, religiones y credos, hacen de esta riqueza cultural que son sus lenguas maternas o vehiculares, simples lenguas cerradas geográficamente. Muy al contrario que el castellano o español, el cual fomenta su expansión y la entrada de otras lenguas, debido a su carácter plural y democrático. Lo lógico, normal y democrático, debería de ser fomentar las dos, por ser ambas las lenguas vehiculares o maternas de una parte o sector de la sociedad de estas regiones o autonomías.

Seria una perogrullada no reconocer que en España mientras no pongas tu nacionalismo español encima de la mesa, no pasa nada, y a las pruebas me remito, que las hay muchas y por desgracia todos los días. Es lo normal, lo políticamente correcto, lo que se espera que hagas o digas. Pero, si por el contrario te declaras abiertamente español, eres un facha, un fascista. Y esto es la triste y cruda realidad.

Por lo que sus ensayos, reflexiones, artículos, declaraciones o denuncias reivindicativas, de falso victimismo,  más que geniales, son mera y auténtica basura tóxica, al intentar imponer una supuesta y falsa verdad absoluta, vulgar ideología, que creen tener en propiedad y de la que no hay un verdadero dueño o dueño conocido.

Si ese argot, esa verborrea vomitiva que utilizan los nacionalismos secesionistas y el marxismo en general, para los medios, hoy fascistas en su mayoría, son genialidades, puedo llegar a entender, esa forma de pensar tan totalitaria llena de excesivo egoísmo. Si me lo permitís y pidiendo perdón por anticipado, un egoísmo típico en los niños, por eso, por ser niños, que cuando no consiguen lo que quieren, llega sin remedio la pertinente, innecesaria pero real pataleta.

Santos Trinidad

Cristiano católico, creyente no practicante. De derecha, amante de la libertad, basada en una igualdad sustentada en la justicia.

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