Mirando al espejo

Criticamos mucho a nuestros políticos sin considerar que no dejan de ser fiel reflejo de la sociedad, que no son extraterrestes, sino desgarramantas que, surgidos del común, se han encalomado al escalón que mejor les viene; pero, si echamos un vistazo tranquilo a nuestro enrededor, a nuestro entorno, no dejaremos de ver esos mismos desgarramantas en la Sanidad, en la Justicia, en la Administración, entre los empresarios, entre los trabajadores… vamos, que esa misma canalla nos rodea en el día a día, aún cuando no sean políticos.

     Hemos permitido que los modelos de control social sean desmontados por los políticos, con nuestra anuencia o colaboración, en un mientras sean así todos vamos bien en el carro. Cuando el Sr. Roldán, a la sazón Director General de la Guardia Civil, se lo llevaba con las dos manos, yo recordaba que, en esta España nuestra, cada uno lo hacía a su nivel, que él lo hacía en la Dirección General y con dinero opaco y otros lo hacían llevándose los folios a su casa, las toallas, las aspirinas, etc…. en definitiva, cada uno en su nivel.

     Debíamos haber regenerado la política, pero también la sociedad, recuperando el valor de la honradez, del esfuerzo, de la formación, de la verdad y del trabajo frente al pelotazo, el dinero fácil, la fama inconsistente, la farfulla, y no lo hemos hecho. Hemos potenciado al bobo de baba, promoviendo programas de “rojos y maricones” que eliminan la masa gris, facilitando que alcancen las más altas magistraturas del Estado personas carentes de formación intelectual, moral y ética que, además, se presentan como mononeuronales incultos que pretenden culturizar.

     Esa misma basura intelectual se mueve en las administraciones, en la sanidad, en la Justicia, en las empresas,…. con actitudes soberbias, carentes de empatía, desconociendo la humildad, siempre enfadados y con claro menosprecio a lo que ellos consideran inferior. Personas que debieran servir y no sirven, sino que se sirven, que debieran ser eficaces y sólo lo son para sí, que no comprenden que los demás no somos una pandilla de bobos a su servicio, sino que deben de realizar su trabajo con dignidad, respeto y humildad, buscando la solución a los problemas y no la resolución a su falta de ganas de trabajar.

    Cuando le das poder o galones a un incompetente se convierte en un tirano que oculta su estulticia con la soberbia y el desprecio; pero, cuando los galones los alcanza un líder que demuestra su valor, la humildad, la búsqueda de la verdad, la capacidad de pedir perdón y reconocer el error, el servicio permanente y la resolución efectiva se hace patente.

Hemos dejado que la ponzoña de la política nos alcance o que nuestra propia basura se asiente en la política; pero, tanto de un lado como de otro, la labor de reconstrucción, de redefinición, de reseteo, debemos de desarrollarla con prontitud, en la política reconstruyendo modelos de control, de transparencia, de separación de poderes y de exigencia de preparación y,  en la vida diaria, aceptando el puesto que nos corresponda, desarrollándolo con la mayor probidad posible, reconociendo nuestras limitaciones, con honradez personal y sirviendo al que nos acompaña en nuestro caminar diario.

Si continuamos en la deriva de la inconsistencia moral, no nos podremos quejar de lo que recibiremos. Si aceptamos el relativismo ético, y no somos capaces de fortalecer los pilares de nuestra vida, la de nuestro entorno, nunca saldremos de la miseria y de la manipulación, y cuanto más nos acostumbremos al olor de la mierda, más mierda soportaremos en nuestro enrededor.

Es una cuestión personal, no son los políticos los que son miserables, somos nosotros los que aceptamos vivir en la miseria. 

Enrique de Santiago Herrero

Abogado. Máster en Ciencia Política. Diploma de estudios avanzados en Derecho Civil Patrimonial. Derecho penal de la empresa. Colaborador y articulista en diversos medios de comunicación escrita, radio y televisión.

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