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México, ¿y después de las marchas?

El hartazgo ciudadano está más que justificado, porque el gobierno de López Obrador se ha visto rebasado en cuestiones fundamentales.

Las cosas se deben decir como son: la marcha del domingo, en la Ciudad de México y en otras quince de la República Mexicana se llevó a cabo con orden y respeto. Y los participantes exigieron con toda libertad la renuncia del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Se antoja imposible, sin embargo, que López Obrador deje el poder por el que luchó durante diechiocho años. Su proyecto va para largo. Sabemos que incluso ya decidió poner a la actual jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, como presidenta de la República en el 2024.

El hartazgo ciudadano está más que justificado, porque el gobierno de López Obrador se ha visto rebasado en cuestiones fundamentales como la inseguridad (que le heredaron los gobierno anteriores) y la parálisis del aparato gubernamental.

La grave crisis económica que le dejó el anterior régimen neoliberal se agrava día con día; la pobreza mantiene niveles alarmantes al igual que la precarización laboral. La gran mayoría de las familias sigue en pobreza o pobreza extrema y no se ve para cuándo pueda cambiar la situación.

Es de alabar que las marchas contra López Obrador hayan transcurrido en paz. Lo que resulta preocupante es que detrás de ella hayan operado dos expresidentes neoliberales, Vicente Fox y Felipe Calderón, ambos del Partido Acción Nacional. Los dos, corresponsables del desplome de México.

La ciudadanía mexicana debe estar consciente —lo necesita con urgencia— de que el sistema político sólo se transforma. Al PRI le dio el poder casi 80 años; al PAN, otros doce y a Morena, seis (de los cuales ha consumido cinco meses).

A México le urgen nuevos liderazgos, verdaderamente ciudadanos, que sean independientes de los actuales partidos políticos que actúan como lo que son: la Mafia del poder.

Ya vimos que el PAN fue más de lo mismo que el PRI, y que Morena va en la misma dirección. (Salvo algunas medidas cosméticas, como la ayuda económica a estudiantes, mantiene el mismo programa de control demográfico, educativo, económico, mediático y social (agravado por la inminente despenalización del consumo de drogas).

Está bien marchar y rechazar públicamente a López Obrador; sin embargo, ¿a quién proponen para sustituirlo?

Se necesita un líder nuevo, limpio, fuerte, nacionalista, preparado y valiente que defienda la soberanía nacional. ¿Quién reúne esas características?

Se requiere, también, de construir un nuevo sistema político, que liquide a las actuales organizaciones delincuenciales políticas llamadas partidos. ¿Cómo hacerlo?

Estas dos son, sin duda, las prioridades para México. De nada serviría quitar a López Obrador para devolver el poder a los grupos que encabezan Peña Nieto, Calderón, Fox y compañía.

México necesita un verdadero proyecto de nación.

Jorge Santa Cruz

Periodista mexicano, católico y conservador.

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