Menudo papel el que han hecho los representantes del Pueblo. Por el Padre Fortea

"Los políticos están tan acostumbrados a la chapuza que piensan que se puede hacer lo mismo con las normas de las votaciones del congreso."

Por fin, por fin, un tema atractivo de tipo jurídico que voy a seguir al detalle en los próximos meses. Un parlamentario español vota telemáticamente en una importante votación en la que su voto decidía la aprobación o no de la ley.

El parlamentario afirma que su voto consta como afirmativo y que quería votar en sentido negativo. Se dirige presencialmente a la cámara y le pide a la presidenta de la cámara que atienda su petición de revisión de su voto (alega que el votó “no”), y hace su alegación antes de que se produzca la votación en la cámara. La presidenta se niega, ordena que la votación general siga adelante y da por aprobada la ley, por un solo voto.

La presidenta de la cámara no actuó bien. Antes de proceder a la votación general debería haber reunido a la mesa del congreso y deliberar sobre qué era lo correcto, pues se trataba de un asunto que podía ser discutido. Lo importante para ella debería haber sido hacer las cosas de forma adecuada.

En un asunto opinable sobre el modo y método debería haber primado una perfecta corrección jurídica, no imponer su sola voluntad. En una profesora de Derecho Constitucional como es ella resultó incalificable la sonrisa de “os fastidiáis” cuando dio por aprobada la ley. Yo defendería los mismos derechos constitucionales a mis oponentes si se hubiera dado el caso. Cuando más debatible y delicado sea el caso, con más cuidado y exquisitez jurídica hay que proceder. Su catadura moral ha quedado manifiesta. La ley se aprobará definitivamente o no, pero ella se ha retratado para siempre.

Y ahora vayamos al fondo de la cuestión. Cuando he conocido el reglamento sobre el voto telemático, una vez más me he dado cuenta de lo mal juristas que son los políticos. Si hay algo que debe ser nítido es el reglamento acerca de un voto telemático en el congreso. Y, sin embargo, las normas que rigen ese voto en España son de todo menos precisas y ajenas a la interpretación. Este asunto ha tenido la utilidad de descubrir una chapuza jurídica que nos lleva a poner otra medalla a nuestra clase política: enhorabuena a todos.

Los políticos están tan acostumbrados a la chapuza que piensan que se puede hacer lo mismo con las normas de las votaciones del congreso.

Sí, las normas y acuerdos respecto a las apelaciones de errores en las votaciones no son de una objetividad meridiana. Y si hay un punto en que debería haber una claridad casi quirúrgica es este.

Mi opinión es que el voto telemático debería seguir como hasta ahora. Pero que tanto el interesado como los representantes de su grupo deberían poder pedir una confirmación del sentido de su voto (en un plazo de tiempo determinado) si piensan que algo ha salido mal. Y que esa confirmación por parte de la presidencia de la cámara debería ser de obligado cumplimiento, en caso de existir tal petición autorizada del interesado o del grupo. En el caso de que un diputado alegue error técnico, con razón o sin ella, el voto válido sería el que tiene mayor seguridad de comprobación, es decir, el segundo voto: el telemático corroborado con la llamada telefónica.

Lo mismo debería ser válido para el voto presencial. Así evitamos algún error técnico, pues los votos se producen presionando un botón desde el escaño. En caso de apelación el segundo voto sería el válido, puesto que sería comprobable en mayor medida.

Una norma clara debería añadirse para la circunstancia de que hubiera un abuso de estas apelaciones o que se diera una conjura que falseara todos los votos telemáticos o los mecánicos dentro de la cámara. Debería ser una norma realizada por técnicos y expertos, ajena a todo interés político. Se me ocurren distintas posibilidades, pero no os voy a fatigar con ellas.

Lo que está claro es que en este asunto la norma y sus acuerdos posteriores no eran adecuados.

Padre Fortea

José Antonio Fortea es sacerdote y teólogo especializado en el campo relativo al demonio, el exorcismo, la posesión y el infierno. Licenciado en Teología para el sacerdocio en la Universidad de Navarra y licenciado en la especialidad de Historia de la Iglesia en la Facultad de Teología de Comillas. Doctorado en el Ateneo Regina Apostolorum de Roma con la tesis "Problemas teológicos de la práctica del exorcismo". Pertenece al presbiterio de la diócesis de Alcalá de Henares (España). Sus libros han sido publicados en ocho lenguas.

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