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La matanza de católicos en la Segunda República: un genocidio no reconocido

La izquierda española es totalmente incapaz de olvidar y superar su derrota ante el Franquismo, y no cesan en su intento de manipular cualquier hecho pasado para su supuesta ‘Memoria Histórica’ sobre el bando que ganó la guerra civil de 1936.

Pero estos que se empeñan en hablar tanto del pasado, deberían de saber que si intentan cambiar los nombres de las calles y destruir monumentos, se exponen a que los demás tengamos derecho a recordarles las atrocidades cometidas por los republicanos, que por cierto, no fueron pocas.

Genocidio católico en España

Aunque hoy resaltaré entre toda esa barbarie republicana, el genocidio católico/cristiano que se llevó a cabo desde el verano de 1936, tras el alzamiento de lo que hoy llaman el ejército franquista, meses después de supuestamente ganar las elecciones el Frente Popular en febrero del 36.

El genocidio católico en España

Tras esta victoria del bando republicano, se asesinó a 4.184 sacerdotes, 2.365 frailes y religiosos, 283 monjas, gran parte de ellas primero violadas, y más de 3.000 seglares. En total, unos 10.000 muertos por un supuesto delito de ser católicos y no renunciar a su fe.

Hay que decir que en muchos casos antes de ser asesinados, fueron torturados y vejados de forma sádica y cruel. Aquí unos ejemplos:

  • El obispo de Jaén fue asesinado con su hermana por una miliciana apodada “la Pecosa” ante 2.000 personas, cerca de Madrid, en un terreno pantanoso.

El Excmo. e Ilmo. Obispo de Jaén, D. Manuel Basalto Jimenez

A los obispos de Guadix y Almería se les obligó a fregar la cubierta del barco prisión Astoy Mendi antes de ser asesinados en las cercanías de Málaga.

Al obispo de Ciudad Real le asesinaron mientras trabajaba en una historia de Toledo. Tras fusilarle, destruyeron su fichero de 1.200 fichas.

A una monja le asesinaron por rechazar la proposición matrimonial que le hizo uno de los milicianos que irrumpieron en su convento. El “Comité de la sangre” de El Pardo, en Madrid, se fue emborrachando con vino de misa mientras sus miembros juzgaban al párroco. Uno de ellos se afeitó utilizando el cáliz para mojar la brocha. 

 

Milicianos disfrazados con vestiduras religiosas tras el saqueo de una iglesia

En la calle María de Molina de Madrid, se abandonó el cadáver de un jesuita con un letrero colgado del cuello en el que se leía: “Soy un jesuita”.

En Cervera (Lérida), a unos monjes les fueron metiendo cuentas de rosario en las orejas hasta que les perforaron los tímpanos.

A Antonio Díaz del Moral, en Ciempozuelos (cerca de Madrid), le encerraron en un corral lleno de toros de lidia, que lo cornearon hasta dejarlo inconsciente. Después le cortaron una oreja, a imitación de la amputación de la oreja del toro que se hace en honor del torero. Con frecuencia pasearon orejas de sacerdotes.

Algunas personas fueron quemadas, y otras enterradas vivas, tras ser obligadas a cavar su propia tumba.

En Alcázar de San Juan, a un joven que se distinguía por su piedad le arrancaron los ojos.

En Ciudad Real, los crímenes fueron realmente brutales. A la madre de dos jesuitas le obligaron a tragarse un crucifijo. Ochocientas personas fueron arrojadas al pozo de una mina.

Generalmente el momento de la muerte era acogido con aplausos por la multitud que presenciaba las torturas, como si se tratara del momento de la verdad en una corrida. Luego gritaban “¡Libertad! ¡Muera el fascismo!”. Mas de un sacerdote se volvió loco ante estas atrocidades. Un párroco de Barcelona se paseó varios días enloquecido para mofa de sus vecinos antes de ser asesinado frente a todo el pueblo.

La matanza de los miembros de la Iglesia de Cataluña y Aragón dejó atónitos a muchos de los habitantes de estas dos regiones. Casi nadie sospechaba que el anticatolicismo fuera tan grande. Al fin y al cabo, desde 1931 allí no se había quemado ninguna iglesia.

Los datos de la barbarie

Las diócesis masacradas, gran parte de ellas en Cataluña: – Lérida: 270 clérigos asesinados, un 65% del total. – Tortosa: 316 asesinados, un 62% del clero. – Vic: 177 asesinados, 27% del clero. – Barcelona: 279 asesinados, 22% del total. – Gerona: 194 sacerdotes muertos, 20% de los que se encontraban en el momento del ataque. – Urgel: 109 asesinados, 20% de sus sacerdotes. – Solsona: 60 muertos, 13% del clero de la diócesis.

Restos de una iglesia, listos para ser quemados en una hoguera en la plaza principal de Vich, (Barcelona) (1936)

Otras diócesis en el resto de España también sufrieron la pérdida de un gran porcentaje de sus sacerdotes. En Málaga prácticamente asesinaron a la mitad del clérigo de la región, al igual que en Toledo y Menorca. Pero no olvidemos que estos ataques fueron a nivel nacional, todas las diócesis españolas sufrieron ataques y grandes pérdidas, como los más de 300 sacerdotes fusilados en Madrid, o la pérdida del 27% del clero en Valencia.

Durante todos estos años transcurridos hasta la fecha, la izquierda española ha intentado quitarse la culpa de dicha masacre, siempre alegando que los ataques fueron perpetrados por delincuentes liberados de las cárceles durante la guerra, nada que ver con ellos. Obviamente, es una absoluta mentira por dos datos que corroboran su total implicación.

El primero es que desde el año 31, se fue sucediendo sistemáticamente la destrucción del patrimonio eclesiástico, más de 20.000 iglesias o conventos fueron destruidos, quemados, o saqueados durante la época republicana y la guerra civil por parte de las milicias del Frente Popular.

Y el segundo dato que tumba la excusa izquierdista, es que el genocidio católico que empieza con fuerza en el 36, fue totalmente controlado y organizado. ¿Cómo si no, entre los meses de julio y agosto de dicho año, se asesinaron a más de 3.000 personas en poco más de 50 días? Para cualquier persona con dos dedos de frente, queda bastante claro que una matanza así tiene que estar bien organizada y controlada.

Termino haciéndome una pregunta, ¿por qué nunca se ha declarado esta masacre como lo que fue, un genocidio católico?

Luis Barros

Director de Contenidos y Comunicación de InfoHispania. Moldeo mis palabras para aportar el filo de mi opinión. 

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