Marxismo o democracia

Hasta la fecha, me he impuesto, me he resignado a creer que las formas de las rastreras políticas buenistas y correctas del sanchismo sólo eran eso, meras o simples amenazas, viles formas de presión con las que conseguir sus verdaderos objetivos, hacer de esa rama o escisión bolchevique, marxista y radical del socialismo una ideología hegemónica, la futura forma de vida para la sociedad española.

En el caso de que no cuajaran o surtiesen efecto, siempre se podría recular e ir a unos nuevos comicios, unas nuevas generales, pues la regresionista ideología sanchista tiene muy poco que perder y muchísimo que ganar.

Ahora, a día de hoy, ya no estoy tan seguro, las personas como Sánchez, cuyo ego, prepotencia, narcisismo y ese gran carácter megalómano que les caracteriza, no reparan en las formas para conseguir sus anhelados y utópicos fines. Su inmensa fatuidad y a la vez su gran orgullo y egoísmo se lo impiden. Son personas sin alma ni conciencia. Aplicando y contagiando a la sociedad española esa ambigüedad, esa duda y carácter indeciso o incierto que poseen de origen, manchando su futuro con esencias y colores sucios y oscuros.

Intentaré explicar lo que digo con moderación y el más exquisito de los eufemismos, siendo visceral o intenso, resaltando lo que en mi opinión supone la investidura de Sánchez, vulgar felonía, que se está gestando en lo que es una conspiración para la fragmentación y destrucción del régimen y unidad de la nación de una forma descarada, clara y confesa. Es decir, la mayor da las traiciones.

Los actores de la traición han desvelado los misterios de la investidura. Más allá de la manipulada información que nos proporcionan y del sencillo y a la vez demagógico lenguaje democrático en la que la envuelven, sabemos que nos van a traicionar a todos, que nos están traicionando, por las impresiones que cruzan el umbral o antesala de la percepción de nuestros sentidos con la fuerza de una certeza y la fortaleza de una profecía cumplida. Inapelable. No hay madriguera, cueva o zulo en la que puedan ocultar lo que están haciendo.

El futuro del Rey es algo que presumimos y conocemos todos. Pero eso no basta. El conocimiento sin voluntad de reacción es la espoleta y el detonante de la traición que antes de consumarse se jacta de hombría y carácter en los palacios y en las instituciones ante el lamento de los cobardes, castrados, mansos e impotentes por su voluntariosa vocación, amparando su miedo en una veneración sectaria y adoctrinal de las leyes, en un servil vasallaje a una democracia que es una farsa y en los desgraciados, temerosos naipes del «cuanto peor, mejor», porque en el vientre del desastre se está incubando la traición con la que se multiplicarán los escaños de sus partidos, sus carreras y sus egos. Esa es su compleja, innoble e infeliz ecuación, esa es su miserable esperanza.

La crónica anunciada de la extinción monárquica y la vuelta de ese régimen fallido que fue la II República parece ser un hecho a corto plazo y no una utopía. Y todos la aceptamos porque ante la inminente caída de la monarquía, hemos olvidado que así como por encima de la disciplina está el honor, por encima de la democracia, de sus urnas y de sus leyes saludables,  pluralistas y de cambio fácil está la Patria. Por eso admitimos que la investidura del presidente del Gobierno se negocie con los supremacistas étnicos o racistas separatistas y con los comunistas que reclaman la decapitación, abolición o erradicación de la Corona. Será investido por los traidores y aceptado por los cobardes. Y nadie hará nada para evitarlo. Quien pudo hacerlo, no quiso.

Es hora de reaccionar, de decirle a esta turba de delincuentes, como sin duda son todos los que incluyen en su ideología la extorsión, el secuestro y el asesinato, que no somos presos ideológicos, que somos libres, porque somos autónomos de pensamiento y que si queremos otro régimen de gobierno para España no será  impuesto, será una transición postulada en la ley, por lo tanto legítima y legal.

No nos resignaremos a vivir de rodillas ni asumiremos de forma dócil y aquiescente su corrección política su forma de vida, mera y simple esclavitud, la cual nos ofrecen, nos imponen como antaño, época en la que media España no se resignó a estar muerto en vida o simplemente a morir.

No cejaremos en una antagónica, en una beligerancia continua por una libertad verdadera, la cual, no deje rastro ni vestigio del revolucionario bolchevismo marxista que nos quisieron  imponer desde hace ya 83 largos años.

Santos Trinidad

Cristiano católico, creyente no practicante. De derecha, amante de la libertad, basada en una igualdad sustentada en la justicia.

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