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MA, Solán de Cabras

El lenguaje no escrito tiene un gran instinto de supervivencia

En una cena comunitaria vecinal me senté junto a una señora de aspecto marroquí. Digo que tenía aspecto marroquí, no por su forma de vestir sino por sus rasgos faciales angulosos y el cabello muy rizado. Como soy un bromista empedernido, aproveché un momento mientras cenábamos y al ver que no tenía agua en la copa le dije con naturalidad: ¿Ma? Ella, girándose un poco me dijo que sí con la cabeza. Cogí la botella de Solán de Cabras y empecé a llenarle el vaso. De pronto, se quedó mirando la botella fijamente y luego se giró aún más mirándome fijamente a mí con cara de interrogante.

En árabe, la palabra “ma” significa “agua”; yo lo sabía, creo que por mis estudios de historia medieval  o por libros que leía entonces sobre los árabes en España. Luego pude comprobarlo “in situ” en Marruecos en un viaje que hice al acabar la carrera.

“Ma” es una expresión que se utilizaba en los pueblos valencianos (por lo menos en Palma de Gandía). Ignoro si en otros territorios que también pertenecieron a la corona de Aragón, como Cataluña o Baleares. Esta expresión Se utiliza cuando se le pregunta a un bebé, (sobre todo si es la abuela) si quiere beber. No se extrañen, las abuelas suelen dirigirse sin ningún rubor a seres vivos que no les entienden como bebés de meses, caniches o plantas; pero debo reconocer que los caniches, sí prestan mucha atención a lo que les dicen; no así los bebés o las plantas.

Dado que el bebé, rara vez responde negativamente, se encuentra, inopinadamente, con la tetina de un biberón de agua dentro de la boca.

Mi compañera de mesa, tras hacerle esta explicación,  comprendió por qué sabía yo el significado de la palabra “ma” y trató de explicarme que conocía otras palabras comunes en ambas lenguas como “arre” o “burro”.

Los árabes y habitantes del norte de África invadieron la península en el año 711. Tras muchas idas y venidas, fueron expulsados, como gobierno independiente, en 1492 por los Reyes Católicos. Hagan cuentas, estuvieron casi ochocientos años en estas tierras con poder político, pero, además, se quedó más de medio millón tras la expulsión, sobre todo en tierras de la corona de Aragón porque las leyes eran más permisivas con los musulmanes. Aunque, en cierto modo “convertidos”, estas gentes seguían usando su vestimenta característica, su lengua, bastante deteriorada, y su religión, aunque, esta,  secretamente. Eran llamados: moriscos. Eran gentes pobres, campesinos sin propiedades, jornaleros, trabajadores humildes que no daban problemas. Finalmente, fueron definitivamente expulsados de España entre 1609 y 1613.

Es fácil imaginar cómo,  estos moriscos antes de su expulsión, serían contratados para trabajar las tierras de los propietarios cristianos y, también es muy probable, que sus mujeres se encargaran de las tareas básicas domésticas de la casa como la limpieza o el cuidado de los niños. (Esto, no es tan extraño, se está dando actualmente en España con los inmigrantes).

Con un poco de imaginación casi podemos ver a la morisca, en casa de un cristiano viejo cuidando a un niño pequeño, diciéndole: “¿Vols ma, bonico?, ¿vols ma?” (¿Quieres agua?). Tal vez la morisca pensó: “si no me va a entender de todos modos, se lo voy a decir como se lo digo a mis hijos: ¿Quieres “ma”?”

Se ha perdido totalmente esta tradición, por lo menos en mi entorno, pero yo trato de recuperarla contando el origen de la palabra. Yo he llegado a escucharla en boca de algunas ancianas diciéndoselo a mi hermana pequeña y siempre guardé en mi mente esa expresión tan rara hasta que pude comprenderla, pero, claro, yo ya tengo muchos años, cuando nací, el Mar Muerto no estaba ni enfermo.

Dejo este enlace para que vean la carta original de 22 de septiembre1609 de Felipe III

El decreto dice que podían quedarse todos los hijos menores de cuatro años con consentimiento paterno y los de seis años de matrimonios mixtos.

Dice una leyenda que les hacían señales en la piel, pequeñas cicatrices en lugares poco visibles (plantas de los pies, detrás de las orejas, axilas), con la esperanza de reconocerlos en el caso de que, con el tiempo, pudieran recuperarlos.

Tal vez, sea usted hijo de uno de aquellos morisquillos. ¿Vols ma, rei bonico?

José Enrique Catalá

Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Valencia. Especialista en Hª Medieval. Profesor. Autor del libro: Glosario Universitario.

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