Los charmiles. ¿Introduciendo una nueva delincuencia con los menas?

En los últimos meses estamos viviendo una verdadera alarma social con el tema de los Menores Extranjeros No Acompañados (menas), especialmente en Madrid y Barcelona. Esta situación no viene dada por una reacción racista de la gente, como el aburrido buenismo imperante pretende hacernos creer (de izquierda a derecha)

Resulta que la ciudadanía está sufriendo robos y agresiones, extremadamente violentas por parte de los menas (muchos de ellos no son menores de edad, aunque se les incluya en el grupo). Entre las muchas atrocidades que han cometido últimamente, quiero destacar (aunque no hubo víctimas) que hace días, incendiaron un edificio en Tarragona en una pelea con okupas. Peleas que en Cataluña cada vez ocurren con más asiduidad. Es desde luego, una guerra entre mafias. Pero no quiero tratar este tema hoy.

«MENAS hoy, delincuentes mañana»

Quiero tratar el tema de los charmiles. Si bien antes un cariñoso recuerdo al Diario de Tarragona: ¿No se os cae la cara de vergüenza con la desinformación que habéis dado? ¿Sabéis lo que es la dignidad profesional?

¿Quiénes son los charmiles?

El Charmil (o Tcharmil) es una subcultura de bandas juveniles nacida en Marruecos. Algunos mermados de Cataluña la llaman Txarmil con tal de no usar la “ch”. En fin, paciencia.

Aquellos que conozcáis Marruecos, con un cierto detalle, os habréis fijado en el tipo de suburbio que la monarquía, cuasi absoluta, de Marruecos ha dejado crecer en las grandes ciudades. Como dicen los franceses: verdaderos “bidonvilles”. Con construcciones en altura de muy baja calidad (un edificio enfoscado por el exterior es un lujo) y sin servicios. Y cuando digo sin servicios me refiero a que no existen ni calzadas en las calles, que son barrizales. Hablando de construcción, algún día habrá que hablar de los grandes negocios que se han hecho en Marruecos por parte de socialistas y nacionalistas (especialmente catalanes). ¿Os acordáis de D. Jordi Pujol amenazando con hacer caer la democracia si él caía? ¡Mira que si con esto de S.M. Juan Carlos I, empieza a salir porquería! Pero bueno, de la monarquía marroquí tampoco se puede hablar en la democrática España.

A lo que iba: con una tremenda explosión demográfica, la emigración a las ciudades en Marruecos ha sido inevitable. Aunque no haya habido una gran industrialización, las posibilidades de sobrevivir en el campo siempre han sido menores. Incluso dentro de las zonas de cultivo del hachís, que dicen las malas lenguas (yo no lo puedo afirmar) que es un monopolio real. Será otra leyenda urbana. Sí que ha habido una implantación de empresas con utilización de mano de obra intensiva. Yo mismo viví la experiencia a finales de los ochenta: pude ver como los fabricantes de calzado del Levante español trasladaban su producción a Marruecos. Que además no les planteaba problemas de economía sumergida. En pleno proceso de deslocalización anterior a los chinos, desde luego. Como dato os diré que Casablanca tiene 3.000.000 habitantes (algo menos que Madrid) y Rabat 1.650.000 (no hablamos de las zonas de influencia). Tánger, la sexta ciudad en población, tiene 670.000 y la ciudad en la que nací: Tetuán, que era un bonito pueblo grande, tiene ya 320.000 habitantes, aproximadamente los mismos que Alicante (son datos del 2019).

Pues es en esos suburbios de los que os hablo, donde ha nacido el fenómeno Charmil. El nombre viene de los grandes cuchillos que usan los carniceros y pescaderos para cortar carne y pescado para preparar los tajínes típicos, y que a mí tanto me recuerdan a nuestra fantástica caldereta. ¿Habéis visto en la televisión (poco) o YouTube, esas peleas con machetes entre jóvenes marroquíes? Pues esa es el arma de los charmiles, tomadas de los cuchillos carniceros.

Los charmiles son las maras marroquíes. Su estética es como la de los canis españoles pero mezclada con el oropel de los narcos sudamericanos. Se visten con chándales de colores (el mismo para una banda) y zapatillas deportivas de muy alto precio. Todo de marca, por supuesto. A eso hay que añadir un reloj de oro, lo más grueso posible y todos los anillos, también de oro que uno pueda conseguirse. Se cortan el pelo de forma que quede rapado por debajo y con la parte superior larga. Y por supuesto, al igual que los macarras españoles, su ilusión es conseguir un coche alemán de alta gama. En las ciudades prefieren motos scooter, que usan con gran habilidad.

Se dieron a conocer en Marruecos hace unos seis o siete años, mediante asaltos y atracos de las zonas más ricas (y turísticas). Viven de practicar todo tipo de delincuencia y son extremadamente violentos. No temen a la policía, ni siquiera en Marruecos, donde los usos policiales son mas expeditivos. Os dejo este enlace para que os hagáis una idea:

En Francia ya están implantados hace tiempo y en nuestro país llevan tiempo actuando en Cataluña, donde existe gran preocupación. Si seguís en Twitter @BCNHelpers, Plataforma Colaborativa de Seguridad, veréis la magnitud de lo que hablo. Está en catalán, pero se entiende perfectamente. En Madrid nos van a dar bastante que hablar en poco tiempo.

«Tres de cada cuatro menores detenidos en Madrid son menas»

 

No me enrollo más. Después de lo expuesto creo que entendéis de donde nace la delincuencia de los menas.
NO ES UN TEMA DE RACISMO. NO ES UN TEMA DE ODIO AL ISLAM. Que por cierto a Los Charmiles les importa una higa. ”ES UN TEMA DE SEGURIDAD CIUDADANA Y ¡MAFIAS!”. ¿Hasta cuándo la estupidez y la ignorancia de nuestros políticos van a dejar que esto crezca? ¿Qué tiene que pasar para que entiendan el fenómeno?.

Otro día os haré otro post con la otra lacra que, estúpidamente, dejamos crecer como la hidra: el negocio de la okupacion.

Enrique Jesús Ortiz

Apasionado de la empresa. Treinta años montando y desmontando negocios. Aficionado a la economía pero no soy economista, así que ustedes sabrán disculparme. Apasionado por la historia. Amo el trabajo. Creo en la familia, en la propiedad privada y en la nación.

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