Los bozales son un deliberado y criminal ataque a nuestra salud

Desde el principio, las mascarillas solo fueron una sola cosa: acabado paradigma de sumisión psicológica. Y, desde luego, premeditado y brutalísimo ataque a nuestra salud. Los bozales, obvio, carecen de sentido médico alguno ¿Y por qué los bozales no sirven de nada? Científicamente es muy sencillo de explicar.

Bozales, no valen para nada (saludable, al menos)

En primer lugar, el tamaño nanométrico de agentes víricos (entre 20 y 100 nm.) es infinitamente menor que los poros de cualquier tipo de mascarilla existente actualmente en el mercado y, con independencia de ello, en el «mejor» de los casos con harta sencillez podrían traspasar las aperturas laterales de la mordaza como un insecto lo hace a través de cualquier ventana.

Además, con el bozal, se inhalan con suma facilidad, a través del tracto respiratorio, multitud de agentes patógenos. La explicación científica también deviene facilísima de comprender: la molécula de oxígeno es unas decenas de veces mayor de tamaño que cualquier agente vírico.

Igualmente, no existe ninguna – repito, ninguna- evidencia científica de que el virus pueda transmitirse en el aire suspendido en gotículas o aerosoles y pueda ser aerotransportado. Con capacidad de infección alguna ni tampoco a través de superficies de ningún tipo.

Finalmente, necesaria aclaración: más del 50% de las denominadas infecciones víricas ocurren a través de la mucosa del ojo, por lo que deberíamos estar herméticos totalmente al ambiente exterior cubriendo también nuestras retinas oculares. Y, desde luego, nuestras ilegítimas y terroristas autoridades, de todos los partidos, no obligaron legalmente a colocarnos “gafas protectoras”.

Quítate esa mierda y ponte a respirar: graves perjuicios del bozal

Uno. Se limita seriamente la entrada de oxígeno (hipoxia), en el organismo y en sangre, como consecuencia de la obstrucción antinatural del bozal.

Dos. El oxígeno deviene responsable y “organizador” de todas las reacciones bioquímicas que se dan en su organismo y participa activamente en ellas. Junto a la ingesta calórica de alimentos proporciona energía en forma de moléculas de ATP (Adenosín Trifosfato). El razonamiento es sencillo: a menor oxígeno, menos ATP. Es por ello, que se están dando frecuentes cefaleas, aturdimiento mental, cansancio, fatiga y desmayos. E tutti quanti.

Tres. Cuando la célula recibe menos oxígeno, se fabrica a nivel mitocondrial menos energía con las consecuencias anteriormente mencionadas. Este fenómeno se conoce científicamente como hipoxia celular.

Cuatro. Al reducir la entrada de oxígeno se reduce igualmente el nivel de hemoglobina en sangre con el consecuente descenso de nuestro sistema inmunitario.

Cinco. También se da incremento del dióxido de carbono en el organismo como consecuencia del “erróneo” intercambio gaseoso. Pasamos a limitar la entrada de oxígeno y en cambio, a reinhalar a todas horas nuestro propio anhídrido carbónico, sin olvidar los mortíferos tóxicos resultantes de las reacciones metabólicas. Este fenómeno es conocido científicamente con el nombre de hipercapnia.

Seis. Una de las consecuencias directas de reinhalar por tiempos prolongados nuestro propio CO2 es aumentar la acidez de nuestro cuerpo que es el caldo de cultivo de toda enfermedad, especialmente todo tipo de tumores y cánceres.

Siete. La posibilidad de una Infección bacteriana, siempre tan presente. El prolongado uso de los asquerosos trapos en la boca hace imposible expulsar con normalidad la ingente cantidad de bacterias y otros agentes patógenos que proliferan en nuestra boca en lo que podríamos denominar una retroalimentación tanto vírica como bacteriana.

Ocho. Esta situación está provocando ingresos hospitalarios con cuadros clínicos tan preocupantes y mortíferos como pleuresía pulmonar y principios de neumonía, incluso en población joven como consecuencia de la reintroducción de esos macrófagos hacia sus pulmones. Casos en los mass-mierda oficiales.

Serio deterioro del sistema inmunitario

Nueve. Liberticidas medidas como el secuestro domiciliario de  marzo del pasado año y el uso de bozales deteriora considerablemente nuestro sistema inmune. La vitamina D, ida. Además, nuestro sistema de “defensa” se vuelve “perezoso”, “no se mantiene alerta” puesto que no está sometido al intercambio razonable, natural y deseable con los habituales virus, gérmenes y bacterias que propician la maravillosa y cautivadora proximidad de otras personas y las venerables interrelaciones sociales.

Diez. Las personas que, desgraciada e incomprensiblemente, están ahora obligadas a usar bozales por largos períodos de tiempo verán descalabrado su sistema inmunole y pasarán, lógico, a ser inmunodeprimidos, con lo que las consecuencias de un resfriado común serán mucho más graves y las de una gripe estacionaria aumentarán su letalidad de forma considerable.

Otras patologías muy graves

Once. Se han multiplicado los casos de dermatitis bucal y proliferación fúngica (hongos), cansancio, fatiga, náuseas o vómitos y narcolepsia (especialmente al volante con accidentes fatales).

Doce( last but not the least). Para quien estas líneas garabatea, la clave. El aspecto psicológico del uso del bozal: refinada tortura de control mental, atroz sometimiento disciplinario, coacción de la libertad de acción, persistente ansiedad, sensación de asfixia, dificultad para expresarse, sensación de pánico injustificado

Doce látigos para someter al esclavo. Y todo ello en nombre de colosal e inhumana invención. Y formidable timo: el coronatimo, pues. En fin.

En fin.

Luys Coleto

Luys Coleto, prófugo de la existencia, desidentificado y desubicado, batallando contra todo. Y contra todos. Y, por la libertad y el buen periodismo, felicísimo, en tales y belicosos trances. En fin.

Publicaciones relacionadas

Un comentario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

15 + 15 =

Botón volver arriba
bitcoin blender, bitcoin mixer, cryptomixer