López Obrador, vulgar apóstol del destino manifiesto (1/5)

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, se jacta de ser nacionalista y de conducirse de manera soberana frente a los Estados Unidos de América. La realidad indica lo contrario. El presente artículo y los cuatro siguientes estudiarán las convicciones religiosas y políticas de AMLO. Luego de leer esta serie, usted, dimensionará tal cual es

La guerra multifacética de Inglaterra contra la España católica que conquistó a buena parte del continente americano tuvo motivos políticos, militares y comerciales, pero —sobre todo— de índole religiosa. La corona británica había hecho suya la predestinación luterana y, en especial, la calvinista, porque se ajustaba perfectamente a sus planes expansionistas. Resultaba inevitable, pues, el enfrentamiento  contra el imperio español que llevaba la fe católica a sus posesiones en ultramar.

Calvino había definido la predestinación en 1536, con las siguientes palabras:

Definición. Llamamos predestinación al eterno decreto de Dios, por el que ha determinado lo que quiere hacer de cada uno de los hombres. Porque Él no los crea a todos con la misma condición, sino que ordena a unos para la vida eterna, y a otros para condenación perpetua. Por tanto, según el fin para el cual el hombre es creado, decimos que está predestinado a vida o a muerte.1

Con base en lo anterior, Calvino afirmó que Dios ha predestinado también a unas naciones para la gloria y a otras, para la condenación:

La elección de las naciones. Pues bien, Dios ha dado testimonio de esta predestinación, no solamente respecto a cada persona particular, sino también a toda la raza de Abraham, a la cual ha propuesto como ejemplo para que todo el mundo comprenda que es Él quien ordena cuál ha de ser la condición y estado de cada pueblo y nación.2                                                                      

Juan A. Ortega y Medina, investigador del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, explica cuándo y cómo fue que Inglaterra aplicó su pretendida predestinación:

Los ingleses del siglo XVI aceptarían el patrón español emulativo en tanto se presentase éste a la medida de sus deseos; mas en cuanto sus propios proyectos se pusieron en marcha, tuvieron que divergir y chocar a poco con los que España se había para sí reservado. Los británicos pusieron en entredicho la autoridad del papa y cuestionaron la potestad de éste para conceder regalos (Bulas de Donación). La reforma religiosa inglesa, anglicano-puritana, liberó las energías psíquicas y desató las fuerzas económicas de la nación; consolidó la clase media burguesa e hizo de sus más jóvenes e intrépidos representantes una elite ambiciosa y agresiva, como pocas veces se ha dado en la historia de Occidente. Para justificar sus derechos colonizadores y civilizadores se utilizaron todos los argumentos en boga, salvo el de la autoridad del Santo Padre, y asentado esto se procedió a la tarea abierta o de zapa de denigrar la obra americanista de España —pues atacando el quehacer español se justificaba la bondad del propio— y de atacar por supuesto la ímproba labor religiosa y catequizadora realizada por los españoles en las Indias.

En realidad […], se trataba de ganar a los indios paganos a la causa religiosa protestante y, al mismo tiempo, se trataba de liberar o regenerar a aquellos que habían sido engañados con las lampisterías católicas: regeneración espiritual y material, en suma, de todo el Continente Americano. Esta expansión del área de la religión reformada, de la libertad religiosa o libre examen, implicaba naturalmente el combate por la tierra enseñoreada hasta entonces por Satanás y por sus diabólicos e incondicionales servidores los católicos españoles y franceses; envolvía, asimismo, la disputa contra éstos a fin de arrebatarles el control que poseían sobre las almas y cuerpos de los indios falsamente adoctrinados. La secularización del proceso o, lo que viene a ser lo mismo, su politización se transformará al correr de dos siglos en lo que en la interesada jerga política norteamericana se denominó la extensión del área de la libertad sobre los pueblos iberoamericanos sometidos a sus irresponsables y tiránicos gobiernos.

Si se demostraba la perversidad del sistema espiritual español bien fácil sería mostrar a continuación las depravaciones de su sistema administrativo y político; y si éste se comprobaba que era tan malo como se pensaba, Inglaterra se ganaba por derecho propio el de su seguridad y permanencia natural y trascendental (argumento bíblico de pueblo elegido, providencial) en América. Más aun, todo ello podía servirle para justificar la expulsión (destrucción) de los españoles, los cuales, como nuevos y aborrecidos madianitas tendrían que ceder ante la pura y aguerrida banda de gedeones ingleses.

La fórmula y método hispanos de evangelización tenían que ser combatidos —no importa la bondad y valores que pudieran poseer— por españoles y católicos; es decir por papistas, término peyorativo que entonces abarcaba por igual lo político y lo religioso. Además, los ingleses no podían excusar la lucha puesto que se trataba, como primera tarea, de levantar un dique a la expansión católica y rescatar (regenerar, según se ha dicho) la tierra y el indio americanos. La colonización y evangelización inglesas, como inspiradas en la Biblia, tenían que ser forzosamente combativas.3                                                  

La invasión a España por las tropas napoleónicas —facilitada por las logias españolas— exacerbó las ambiciones imperialistas de Inglaterra y de la república que se había independizado de ella en América del Norte: la de los Estados Unidos.

El imperio español y sus colonias quedaron, así, a merced de poderosos enemigos que ambicionaban quedarse con sus despojos y, sobre todo, con liquidar a la hispanidad por su raíz católica.

En 1808, las tropas napoleónicas respondían no sólo a los intereses de Bonaparte, sino a los de las logias que impusieron su régimen de terror diecinueve años antes en París y en toda Francia.

La diosa razón y la predestinación eran —y siguen siendo— incompatibles con la fe católica, la cual rechaza la superioridad de unos sobre otros. La Redención llevada a cabo por Jesucristo borró los efectos del pecado original para que los creyentes pudieran aspirar (por medio de la oración y las buenas obras) al perdón divino y a la Gloria eterna.

Alberto J. Triana, en su Historia de los hermanos tres puntos, apunta un dato que resulta fundamental para comprender por qué la masonería adoptó una postura anticatólica y antihispana en el llamado siglo de las luces:

El Congreso Masónico de Wilhelmsbad (Alemania) convocado en 1782, reunió representantes de todas las logias de Europa. Allí se decretó la «fusión de todos los sistemas masónicos», y se adoptó, como predominante, la doctrina del Iluminismo —secta de fanáticos anticatólicos de tendencias protestantes y racionalistas— cuyo fundador, Adam Weishaupt, había escrito en 1779: «Llegará un tiempo en que los hombres no tendrán otra ley que el libro de la Naturaleza. Esta revolución será obra de las sociedades secretas. Todos los esfuerzos de los soberanos, para impedir nuestros proyectos, serán inútiles. Esta chispa puede todavía quedar cubierta largo tiempo bajo las cenizas, pero el día del incendio llegará».4                                                                

En aquel tiempo, vale decir, no se utilizaba el tema del cambio climático para justificar el Nuevo Orden Mundial (NOM).

Siete años después de la declaración del Congreso Masónico de Wilhelmsbad, es decir, en 1789, estalló la Revolución francesa, cuyos ideólogos fueron los enciclopedistas, entre ellos, Voltaire y Rousseau.

En la próxima entrega nos referiremos a Voltaire y Rousseau, en especial al segundo, quien trazó un plan revolucionario contrario al orden cristiano, plan que trata de aplicar el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador.

Materiales consultados

  1. Juan Calvino. Institución de la religión cristiana, libro tercero, capítulo XXI, punto 5. Iglesia Reformada. (Sin fecha de publicación). Recuperado de http://www.iglesiareformada.com/Calvino_Institucion_3_21.html
  2. Íbid.
  3. Juan A. Ortega y Medina. “Destino manifiesto. Sus razones y su raíz teológica”. Instituto de Investigaciones Históricas (Facultad de Estudios Superiores Acatlán) de la Universidad Nacional Autónoma de México. (Fecha de publicación en línea: 11 de marzo de 2019, pp. 561-562. Recuperado de https://www.historicas.unam.mx/publicaciones/publicadigital/libros/607/607_04_05_DestinoManifiesto.pdf
  4. Alberto J. Triana. «La historia de los hermanos tres puntos». (Buenos Aires: edición del autor, 1958), pág. 21

 

Jorge Santa Cruz

Periodista mexicano, católico y conservador.

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